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El Precio de Mi Amnesia

Capítulo 4 

Palabras:660    |    Actualizado en: 07/07/2025

. Luchó contra el efecto del sedante, su mente gritando aunque su cuerpo comenzaba a sentir

en", dijo una enfermera con una falsa

que la mantenía consciente. Su hijo estaba muerto. Asesinado. Y l

No podía dejar que s

. Salió de la sala y caminó por los pasillos casi desiertos del hospital. Sabía que Ximena

a fumar en el estacionamiento trasero cuando se sentía estres

onamiento estaba mal iluminado, lleno de sombras. Lo vio al fondo, cerca de un c

paso una batalla contr

onó más débil de

ro, que para Ximena era encantador, ahora

hace aquí? Debería

te a él, su pequeña figura temblando de furi

humo y sonrió, una sonrisa c

dice, vieja. Son acu

a la policía. Les contaré cómo obligaste a Marco a beber,

presión se volvió gélida. Tiró el cigarr

túpida de lo

fetada. El golpe fue tan fuerte que Elena cayó al suelo

l pelo, obligándola a mirarlo. "Eres una vieja loca y dolida. Y Ximena...

a se acurrucó, un gemido de

char las oportunidades. Se interponía en mi camino. Ahor

sta vez en el estómag

jate de mí. Olvida que

or recorriendo todo su cuerpo. Diego la miró con desprecio, se sacudió el pol

la lucha física, sino la de la determinación. Él no la había quebrado. Había subestimado el amor de una madre. Juró en silencio, por la memoria de

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El Precio de Mi Amnesia
El Precio de Mi Amnesia
“El olor a antiséptico del hospital y mi perfume caro, una mezcla que siempre me revolvía el estómago. Ahí estaba yo, Ximena, cruzada de piernas, mirando mi celular con aburrimiento, junto a Marco, mi esposo, un extraño inconsciente en la cama. Todos decían que llevábamos tres años casados, pero para mí era un desconocido que, tras un accidente que le borró la memoria, se aferraba a mí con una devoción asfixiante. La puerta se abrió de golpe y entró Elena, la madre de Marco, con los ojos hinchados de tanto llorar. "¿Qué le hiciste a mi hijo?", me acusó, temblorosa. Levanté la vista de mi teléfono, molesta. "Señora, por favor. Su hijo se pasó de copas, eso es todo. Intoxicación por alcohol". Entonces, su voz se quebró al revelarme la verdad: Marco había donado un riñón por mí hacía un año. "Morirá si no lo operan, necesita un trasplante", suplicó, mostrándome el diagnóstico. Yo, incrédula y riéndome, arrugué el informe y lo tiré a la basura. "¿Un riñón?", solté, burlona. "¡Qué patético! Seguro usó trucos así para casarse conmigo". Ella cayó de rodillas, rogando que lo salvara, que le diera una oportunidad. Pero, verla así solo desató mi rabia y la humillación. "¡Levántese y deje de hacer estas payasadas! Todos me dicen que lo amábamos, pero yo no siento nada por él. ¡A quien amo es a Diego!", grité, mientras mis guardias la arrastraban fuera. "¡Ximena, te arrepentirás!", vociferaba ella, "¡Lo vas a matar!". En mi cabeza, mi amnesia era perfecta, él no podría culparme. No sabía que, esta vez, Marco no se recuperaría. Él se estaba despidiendo para siempre y yo, en mi egoísmo, no tenía ni la más remota idea. Y él, desde algún lugar entre la vida y la muerte lo único que escuchó fue: «A quien amo es a Diego».”
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