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Sombras de un Amor Pasado

Capítulo 2 

Palabras:829    |    Actualizado en: 07/07/2025

e. El diagnóstico no fue bueno. Tenía una inf

o," dijo la doctora, mirándome con simp

esa palabr

a con un gotero. Lo envolvía en una manta térmica y le susurraba palabras de aliento. Cuidarlo me dio un propósito, una rutina que me sacaba de la cama cada ma

Era un proyecto importante, el más grande de mi carrera. A pesar del cansancio y el dolor que a veces me paralizaba, necesitaba el di

asmo y me guio hacia la pared principal del lobby. Era un espacio enorme, impo

zón se

la ca

hacia el lobby. Él le acariciaba la mano sobre la mesa. Sofía estaba grabando un video para sus r

ores, es simplemente... ¡celestial!

actuación para la cámara, pero también era real. Vi cómo le acomodab

el hotel not

o. Él está asesorando a nuestro restaurante y ella es nuest

ndo se encogió hasta ser solo esa m

rados en los agaves, en la tierra, en la fuerza silenciosa de las plantas que crecen en condiciones adver

a sombra se ce

é es

ue yo me diera cuenta, con Ricardo

con una uña perfe

ra un lobby de hotel. La gente viene aquí

ce, pero sus palab

s dibujos con e

demasiado oscuro. No va

voz más firme de lo que me se

ancia. "Soy el asesor principal. Y digo que no funciona. Tiene

nclinó sobre la mesa, su perfu

, linda. Es solo una c

a su mesa. Mis bocetos, el trabajo de semanas, se sentían como basura. El

La decisión final e

cuando estaba por irme, Sofía se levantó y caminó hacia mí. Pensé

urándose de que nadie más la oyera. "A veces Ricard

, y luego vino

a. Entiendo que lo de ustedes siempre fue más... disc

cr

lo habíamos mantenido en secreto. Simp

a mi esposo, también estaba reescribiendo mi historia, convir

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Sombras de un Amor Pasado
Sombras de un Amor Pasado
“El doctor Morales me entregó mi sentencia de muerte: una enfermedad rara y degenerativa, de avance rápido. Ese mismo día, nuestro décimo aniversario, regresé a casa para encontrar las copas de vino puestas, pero Ricardo no estaba. En Instagram, vi las fotos: Ricardo, sonriente, abrazando a la influencer Sofía, mi anillo de turquesa brillando en su dedo. Llamé, y su voz impaciente me confirmó la traición: "No seas dramática, Ximena. Mírate, siempre cansada, siempre enferma. Necesito a alguien con vida." Me dejó tirada, sola, en el suelo. Pero la vida me dio un respiro, un pequeño milagro: Mezcal, un gatito callejero que me recordó que aún podía luchar. Cuidarlo me dio un propósito, hasta que el destino nos jugó otra mala pasada: un mural en un hotel de lujo me puso cara a cara con Ricardo y Sofía. Ella se burló de mi arte, y Ricardo, su cómplice, me humilló frente a todos: "Es demasiado oscuro. Tienes que hacer algo más alegre, más... como Sofía." Luego, Sofía dejó caer la bomba: "Entiendo que lo de ustedes siempre fue más... discreto, ¿no? Casi un secreto. Debe ser difícil para ti." ¿Secreto? Entendí que su "privacidad" era para tenerme oculta. Entonces, mi hermana me llamó: "Mamá sufrió una caída. Necesitamos cien mil pesos para la cirugía." Solo Ricardo podía ayudarme. A cambio, me exigió disculparme con Sofía, públicamente, en su restaurante. La humillación fue insoportable, pero el dolor físico que me dobló en el suelo de su restaurante, mientras él se iba con ella, fue aún peor. Días después, Ricardo vino por sus cosas y vio a Mezcal: "¿Un gato callejero? ¿Metiste a un animal sarnoso en mi casa? Sácalo de aquí. Ahora." No me importaba ya su desprecio; lo que hizo después fue imperdonable. Fui a buscar a Mezcal, con una rabia creciente, hasta el apartamento de Sofía. "¿Dónde está mi gato?" , le grité, y ella sonrió: "Creo que se escapó. Ricardo estaba muy molesto, dijo que dejó la puerta abierta por accidente." Pero su mentira se desmoronó cuando vi la bolsa de basura... y la pequeña pata gris. "¡Lo mataste! ¡Asesina!" , grité, abalanzándome sobre ella. Ricardo llegó, me apartó y me llamó loca. "¡Es solo un pinche animal! Si tanto te importa, te doy dinero. ¿Cuánto quieres por el estúpido gato? ¡Te lo pago!" En ese momento, mi cuerpo me traicionó. Tosí y la sangre manchó mi mano. "Me estoy muriendo, Ricardo," dije. "Tengo cáncer. Terminal." Su rostro se paralizó.”
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