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El Regreso Del Duque Norte

Capítulo 3 

Palabras:680    |    Actualizado en: 07/07/2025

azo, susurrándole palabras de consuelo al oído, su mano acariciaba su espalda con una familiaridad que, en mi vida anterior, hab

o acercarme y se separó de ella lentamente, adoptando una postu

era mi reacción, "Solo intentaba calma

inchados por el llanto me fulminaron con odio,

en los bolsillos, mi actitud era de total ind

? ¿Qué te he hecho yo para merecer esta humillación pública? Se suponí

a ejecución me dio la fuerza para permanecer

sus emociones, a que me deshiciera en disculpas, Adrián intervino, c

cción, "Leo, por favor, no seas tan duro con ella, si he hecho algo para ofenderte, te ruego que me perdon

n amigo leal que aceptaba la culpa para proteger a la mujer que amab

trampa, su ira hacia mí se mezcló con una olead

nada! ¡Tú eres el monstruo aquí! Pero bien, si

toda velocidad para encontrar una forma de cas

que mi familia no te declare enemigo y retire todo su apoyo a la casa Velasco, te llevarás a Ad

nte que nos destruyó en la posición perfecta para volver a hacerlo, quería que

, "Isabella, no, no p

ue ha causado" , sentenció ella, mirándome con aire de desafío, esperand

staba muerto, enterrado en una

tro manipulador, mi silencio era más elocuente que cualquier insulto, era un silencio

lotando en el aire entre ellos, podía sentir sus miradas quemándome la espalda, una llen

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El Regreso Del Duque Norte
El Regreso Del Duque Norte
“El frío de la piedra se me metía hasta los huesos, el mismo frío que sentí el día que me ejecutaron. Mi prometida, Isabella, aquella a quien le entregué mi confianza y mi corazón, junto con mi supuesto mejor amigo, Adrián, el huérfano que mi padre acogió, nos traicionaron, acusándonos de conspiración contra el Duque, mi propio padre. Las falsas lágrimas de Isabella y la falsa preocupación de Adrián fueron el preludio de la tortura en las mazmorras y, finalmente, del patíbulo. Morí sin entender por qué mi propio padre, cegado por la confianza en esos traidores, firmó nuestra sentencia de muerte, por qué nadie nos creyó, por qué el destino fue tan cruel. Pero, entonces, abrí los ojos, jadeando, no entre cadenas, sino en mi propia cama, en el palacio, el día de mi compromiso con Isabella: el día en que todo comenzó a salir mal. No estábamos muertos, habíamos vuelto, y esta vez, el juego cambiaría.”
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