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La Curandera Humillada, Venganza

Capítulo 2 

Palabras:761    |    Actualizado en: 04/07/2025

sica que intentaba partirme en dos, las luces de la fiesta se volvieron borrosas

temblaba s

aba en el jardín, sino en la penumbra de

en el campo, los médicos decían que nunca volvería a caminar, su cuerpo inmó

ada fría y precisa, vi mi propia sangre, oscura y espesa, gotear sob

cada día qu

oración que susu

pedazo de mi vid

se

as plantas con mi esencia vital mientras él dormía, sintiendo cómo mi prop

ue un milagro, en una semana, movió los dedos de los pies, en un mes, estaba de

voción que pensé que

a", me dijo, sus ojos llen

e respondí, "nuest

vuelta a la pesa

d había de

odrido y convertido en

rota, intentando darme la vuelta, i

lo de banco, sus dedos se clavaron en mi piel, m

a vino caro y a traición, "no me vas a

utando del drama, Camila se a

a", dijo con una voz melosa, "mira, está asus

soltó una

o más interesante! ¡Si Sofía gana, me casaré con ella mañana mismo! Pero si pierde... no solo quemaremos

a, era una tra

la mesa con la

, escupió la palab

as, todas se veían iguales, todas olían a tierra fresc

n un

ida que solo y

ando el murmullo de la multitud, busc

es

ero inco

uvo sobre una

riendo los ojos, "e

hizo una seña a uno de sus guardias de segur

lejandro con una frial

e hacia adelante, pero e

darlo un segundo, la arroj

a los leños ardientes, la tierra y las

ió después silenc

e, en su lugar, un humo espeso y rojizo se elevó hacia e

olor a pla

tálico y cobri

por completo la planta, vi una luz tenue y pulsante en su cor

nto de

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La Curandera Humillada, Venganza
La Curandera Humillada, Venganza
“La música retumbaba en mi pecho, mi prometido, Alejandro, celebraba su milagrosa recuperación en nuestra hacienda. Pero la sonrisa en sus labios no llegaba a sus ojos cuando me miró. "Sofía dice ser una curandera", dijo Alejandro con desprecio, señalando unas macetas con hierbas que yo había cultivado con mi propia sangre para salvarle la vida. "¿Qué son, Sofía? ¿Plantas? ¿Hierbas?", se burlaba. Las cien macetas eran un macabro juego donde debía identificar las tres "milagrosas". Si fallaba, todas arderían en la hoguera. Gritaba que eran "nuestros hijos", creados con mi esencia vital para sanarlo. La multitud se rió ante mi súplica. Luego, con una mueca cruel, Alejandro no solo anunció que si perdía me humillaría públicamente por farsante y me expulsaría de su vida para siempre, sino que ordenó quemar una de "mis" macetas sin siquiera dejarme identificarla. El olor metálico y cobrizo de la sangre llenó el aire cuando fue arrojada a las llamas. Un pequeño corazón latiendo dejó de existir con un último suspiro. La gratitud que Alejandro me había jurado se pudrió en un espectáculo de traición y crueldad. Su hermana, Camila, alimentó su desprecio, y sus invitados, ahora cómplices, coreaban mis acusaban de engaño. Me dolía el alma con un pesar infinito, ¿cómo podía el hombre que amé, al que di mi vida, convertirse en este monstruo? ¿Cómo responder a esta humillación, a estas mentiras a esta traición? Me he desvanecido en el aire, pero no estoy muerta. Regresé, pero el amor ha muerto. Y por mis hijos sobrevivientes, mi venganza será dulce, aunque el precio sea mi propia alma.”
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