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La Curandera Humillada, Venganza

Capítulo 3 

Palabras:675    |    Actualizado en: 04/07/2025

siniestra, los sirvientes, con rostros pálidos y movimientos nerviosos, se apresuraron a limpiar los r

odidad palpable en sus rostros, la burla había desapar

r el cambio en el ambie

ra hacerlo más divertido, por qué no dejamos que nuestros invitados participen! ¡Cualquiera qu

ciosos recorrió a un grupo de hombres de negocios cerca del escenario, el juego se

entro, su vestido de seda brillando bajo las luc

l estómago, "no te pongas así, es solo un juego, míralo por el lado bueno, si d

ados, abriendo los brazos

olo hizo lo que creía correcto, quizás sus métodos son... ext

su trampa tan fácilmente, la vieron como la pacificadora, l

e!", escuché decir a

omática, esa Cami

nalmente estalló dentro de mí

bloroso, "¡Deja de fingir, bruja mentirosa! ¡Fuis

e falsa bondad de su rostro, pero Alejandro se interpuso

a mi hermana!", rugió,

estar aterrorizada, una lágrima falsa roda

cientemente alto para que todos la oyeran, "e

a más insultante q

ó Alejandro, su voz er

muro de juicio, me sentía como un anim

cegándome, traté de buscar esa conexión de nuevo, pero el do

azar, sin sentir n

una m

ije, mi v

hacia adelante, conte

ó un socio de Alejandro,

n fuerzas

zo otra seña

o, la colocó en el suelo y, con un movim

ompió, la tie

en el suelo hizo que v

húmeda, había algo pequeño, del tamaño

bota del guardia lo aplastara por

ueño y dimi

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La Curandera Humillada, Venganza
La Curandera Humillada, Venganza
“La música retumbaba en mi pecho, mi prometido, Alejandro, celebraba su milagrosa recuperación en nuestra hacienda. Pero la sonrisa en sus labios no llegaba a sus ojos cuando me miró. "Sofía dice ser una curandera", dijo Alejandro con desprecio, señalando unas macetas con hierbas que yo había cultivado con mi propia sangre para salvarle la vida. "¿Qué son, Sofía? ¿Plantas? ¿Hierbas?", se burlaba. Las cien macetas eran un macabro juego donde debía identificar las tres "milagrosas". Si fallaba, todas arderían en la hoguera. Gritaba que eran "nuestros hijos", creados con mi esencia vital para sanarlo. La multitud se rió ante mi súplica. Luego, con una mueca cruel, Alejandro no solo anunció que si perdía me humillaría públicamente por farsante y me expulsaría de su vida para siempre, sino que ordenó quemar una de "mis" macetas sin siquiera dejarme identificarla. El olor metálico y cobrizo de la sangre llenó el aire cuando fue arrojada a las llamas. Un pequeño corazón latiendo dejó de existir con un último suspiro. La gratitud que Alejandro me había jurado se pudrió en un espectáculo de traición y crueldad. Su hermana, Camila, alimentó su desprecio, y sus invitados, ahora cómplices, coreaban mis acusaban de engaño. Me dolía el alma con un pesar infinito, ¿cómo podía el hombre que amé, al que di mi vida, convertirse en este monstruo? ¿Cómo responder a esta humillación, a estas mentiras a esta traición? Me he desvanecido en el aire, pero no estoy muerta. Regresé, pero el amor ha muerto. Y por mis hijos sobrevivientes, mi venganza será dulce, aunque el precio sea mi propia alma.”
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