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La Curandera Humillada, Venganza

Capítulo 1 

Palabras:537    |    Actualizado en: 04/07/2025

lpe era un recordatorio de que debía estar feliz, pero no lo estaba, una ans

e en un pequeño escenario improvisado en el jardín de su hacienda, con u

su voz resonó a través de los altavoces, fuerte y segura, la voz de un hombre que

a de la comunidad agrícola, hombres y mujeres poderosos que

la mía entre la multitud, "tenemos una cena muy especial, una

a que yo no comía frente a multitudes

sino carritos de plata cubiertos con cúpulas relucie

icas, cada una con una

e ellas

nue

desprecio que nunca antes había escuchado, "dice que estas tr

, había sido ella, ella le había metido esas ideas en la cabeza, había enven

eo en lo que puedo ver y probar", dijo Alejandro, levantando

ón se me

muéstranos tu magia, encuentra tus tres hierbas esp

algunos soltaron risitas,

, susurré, caminando hacia él, mi voz

? ¿Plantas? ¿Hie

a, las lágrimas qu

ilo, "los creé con mi sangre para salvarte, aún s

ín, los invitados se unieron a él, sus car

xclamó, "¡Deja de decir ton

legremente al fondo del jardín, pre

s, entonces todas estas hierbas serán quemadas, probarem

me heló

mar

a nuestr

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La Curandera Humillada, Venganza
La Curandera Humillada, Venganza
“La música retumbaba en mi pecho, mi prometido, Alejandro, celebraba su milagrosa recuperación en nuestra hacienda. Pero la sonrisa en sus labios no llegaba a sus ojos cuando me miró. "Sofía dice ser una curandera", dijo Alejandro con desprecio, señalando unas macetas con hierbas que yo había cultivado con mi propia sangre para salvarle la vida. "¿Qué son, Sofía? ¿Plantas? ¿Hierbas?", se burlaba. Las cien macetas eran un macabro juego donde debía identificar las tres "milagrosas". Si fallaba, todas arderían en la hoguera. Gritaba que eran "nuestros hijos", creados con mi esencia vital para sanarlo. La multitud se rió ante mi súplica. Luego, con una mueca cruel, Alejandro no solo anunció que si perdía me humillaría públicamente por farsante y me expulsaría de su vida para siempre, sino que ordenó quemar una de "mis" macetas sin siquiera dejarme identificarla. El olor metálico y cobrizo de la sangre llenó el aire cuando fue arrojada a las llamas. Un pequeño corazón latiendo dejó de existir con un último suspiro. La gratitud que Alejandro me había jurado se pudrió en un espectáculo de traición y crueldad. Su hermana, Camila, alimentó su desprecio, y sus invitados, ahora cómplices, coreaban mis acusaban de engaño. Me dolía el alma con un pesar infinito, ¿cómo podía el hombre que amé, al que di mi vida, convertirse en este monstruo? ¿Cómo responder a esta humillación, a estas mentiras a esta traición? Me he desvanecido en el aire, pero no estoy muerta. Regresé, pero el amor ha muerto. Y por mis hijos sobrevivientes, mi venganza será dulce, aunque el precio sea mi propia alma.”
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