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Creía que eras gigoló

Capítulo 3 

Palabras:909    |    Actualizado en: 04/07/2025

el pasillo, sus pasos resonan

el botón, la puerta del apartament

erminado

salió y la alcanzó en dos zancadas, su

, sin más? ¿Después de humi

incredulidad luchando contra el agotami

ente roto, "¡Isabella es mi futuro! ¡Lo es todo! Y

maleta con

enes a nadie! ¡No tienes trabajo! ¡V

n un suave tintineo,

trar, pero Marco se inter

sta que me pidas perdón," exi

ate, M

baja, más amenazante, "pide perdón po

ento de al lado se abrió y apareció Isabell

estás haciendo? ¡Vam

n el pasillo, su e

petó a Sofía, "¿No te quedó c

y lo tomó del br

le la pena, es solo un

ugar de calmar a Marco, pareci

marioneta por Isabella, combinado con

furia ciega, se

culpable de

emp

fue un golpe violento co

quilibrada por el peso de la male

con un ruido sordo y enfermizo, la maleta se estrelló a su

terior de su cráneo, y por un momento, el mundo s

as manos como si no fueran suyas, el horror

, dando un paso va

bella lo

siseó, tirando de

oluto desprecio, y de repente, s

a boca, sus ojos se a

Dio

hacia adela

sos centímetros de donde yacía Sofía, el olor nauseabundo

el dorso de la mano, su rostro aún pálido pe

rporarse, mareada y con náuseas, "¡Por tu culpa, por tu estúpido

tembloroso, su voz subien

ble! ¡Mala! ¡Intentas ha

r, corrió al lado de Isabell

ila," le susurraba, "respir

finalmente se había puesto de rodillas, co

do a Isabella, la has puesto enferma, si algo le pasa a mi hijo, Sofía,

gó en el aire,

menazaba, la culpaba de un acto violento que él mism

no dij

nada qu

iraba un poco, se agachó y comenzó a recoger sus cosas, metiéndolas

noró a la pareja que la miraba con odio, i

como pudo y, sin dirigirles una sola mirada, cam

entía como un paso hacia la libertad, una libe

o último que escucharon de ella, un eco que se desvanecía

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Creía que eras gigoló
Creía que eras gigoló
“La voz de Marco, mi prometido de siete años, era tranquila, casi serena, mientras me soltaba la bomba: su jefa, Isabella, ¡estaba esperando un hijo suyo! Pero el verdadero golpe llegó cuando, con la lógica más retorcida que jamás había escuchado, me dijo que me despidió de mi trabajo "por mi bien" y que "cuando la tipa se aburra de él", podríamos casarnos. El mundo se me vino encima cuando Isabella apareció de la nada en nuestro pequeño apartamento, riéndose y llamándome "empleaducha de cuarta", exigiéndole a Marco que me echara de inmediato como si mi hogar fuera suyo. La humillación no terminó ahí; Marco, el hombre al que amé, me empujó violentamente, haciéndome caer y golpearme la cabeza, mientras Isabella vomitaba a mi lado y me acusaba de querer dañar a su bebé. Con el corazón roto y el alma pisoteada, huí a Cancún, nuestro paraíso soñado, solo para encontrarlos a ellos, Marco e Isabella, disfrutando de "su" escapada romántica, y para que Marco me amenazara y me arrastrara por la arena. Cansada de ser la víctima, me emborraché en el bar, y en un acto de desesperación, le ofrecí dinero a un extraño para que fingiera ser mi pareja y Marco lo viera. "¿Cuánto cobras por una noche?", le susurré, sin saber que el destino, en su cruel ironía, me había puesto frente a Matías, mi amigo de la infancia y heredero del conglomerado que acaba de adquirir la empresa de Isabella. Ahora, de vuelta en esa sala de juntas donde fui humillada, con Isabella acusándome de seducir a Marco y Marco suplicándome que me disculpara, respiré hondo. No más. Mi silencio y sumisión habían terminado. Era hora de que supieran quién soy realmente, y quién era yo todo este tiempo.”
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