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El Oro Siempre Brilla

Capítulo 4 

Palabras:840    |    Actualizado en: 04/07/2025

a. Elena, vi a un par de adultos con rostros sombríos entrar en la oficina del director. Reconocí al hombre de inmediato por

jaban rápido. Más tarde, supe lo que había pasado. El director les había mostrado el historial d

Carlos a

ya amiga trabaja como asistente en la dir

lo-. ¡La escuela es inútil! ¡Yo tengo un plan! ¡Voy a ser un éxito, más

ajador y cansado, tenía el rostro c

star dinero que no tenemos en esa chica? ¡M

, inflando el pecho con una arrogancia delirante-. ¡Y yo voy a

ciente pero ahora visible

compañeros. Mira a Sofía, por ejemplo. Ella h

mbre fue como echar

a aburrida que solo sabe esconderse detrás de los libros? ¡Ella no es nadie! ¡Es una simple rat

ena de un veneno irracional, que incluso e

rustración acumulada explotaron. Se levantó de su silla, y el sonido

Z

ncio se

la conmoción y la humillación que por el dol

... -susurr

vuelta y salió corriendo de la oficina, em

a comidilla de toda la escuela. Algunos lo veían como un dram

en la cafetería-. Lucha contra el sistema y

nta estupidez. No era una película, era e

parecía preocupada, pero más por su propio estatus que por el biene

la escuela. Estaban buscando a Carlos y a Laura. Los padres de ella habí

ueda duró hasta la madrugada.

la ciudad, de esos que se rentan por horas. Según el informe que se filtró, la habitación era un

donde sus familias los esperaban. A

mbre corpulento y de mal genio,

mocoso! ¡Arrui

ra agarró una silla de metal de la sala de espera y, con

do de un grito de dolor de Carlos. La

a. Gritos, llantos, policías tra

o de dolor y humillación, con una pierna rota. Su gran plan se había hecho

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El Oro Siempre Brilla
El Oro Siempre Brilla
“El pesado aire del salón, cargado de perfumes caros y conversaciones vacías, me asfixiaba. Yo, Sofía, la promesa del diseño de moda, ahora era solo una camarera más, mis manos temblorosas por el cansancio. Entonces los vi: Carlos, mi primer amor, y Laura, mi alma gemela, brillando bajo el candelabro principal, ella aferrada a su brazo con un vestido que ¡ay, qué ironía! era mi diseño robado. Ellos, la pareja dorada, habían construido su imperio sobre mis ruinas. Laura me vio. Sus ojos, antes cálidos, ahora me taladraban con desprecio. Sonriendo, me hizo una seña, y como si fuera un accidente, derramó champaña fría sobre mi uniforme barato. La risa contenida a mi alrededor fue un golpe físico. La humillación me quemó el rostro, más que la mancha gélida en mi pecho. Me quedé paralizada, mientras se alejaban, riendo, dejándome ahogarme en la injusticia de todo. Corrí desesperada al callejón, las lágrimas nublando mi vista. Mi sueño de toda la vida, mi beca, mis diseños, todo me lo habían arrebatado. Me habían traicionado, robado y dejado en la miseria. Cerré los ojos, deseando con cada fibra de mi ser una segunda oportunidad. Una oportunidad para vengarme, para reclamar lo que era mío. Solo una oportunidad. Y entonces, el milagro. El olor a basura y champaña desapareció. Abrí los ojos, estaba sentada en mi pupitre, el pizarrón marcaba: tres meses antes de la audición para la beca. ¡Había vuelto! Pero al mirar por la ventana, el corazón se me heló. Carlos, sobre una banca, proclamaba su amor a Laura en voz alta. Él también recordaba. Había renacido, y estaba jugando su carta antes, asegurando a su cómplice. Su "romance" era una declaración de guerra. Pero la humillación del callejón se transformó en una helada calma. Muy bien, Carlos. Esto lo jugaremos a mi manera. Y esta vez, no voy a perder.”
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