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El Oro Siempre Brilla

Capítulo 3 

Palabras:886    |    Actualizado en: 04/07/2025

cambió. Simplemente di un paso al frente, obligando a uno de

je, mi voz monót

us miradas confundidas y molestas en mi espal

esolución. Recordé las noches en vela, el café barato que era mi única cena, los bocetos que hacía en servilletas porque no podía

cado en mi objetivo. Carlos y Laura podían jugar a ser los reyes del patio de la escuela. Podían desperdici

ra la misma que la última vez. No e

scuela. Mi casa estaba lo suficientemente cerca como para no necesitarlo, pero necesitaba un ambiente de estudio

la ventana y vi un pequeño dron volando torpemente sobre el campo de

udía, rodeada, como siempre, de su corte de admiradores. La escena era tan ridícula, tan infantil, que cas

pequeña habitación era un bálsamo. Las noches eran mías, dedicadas por completo al estudio y al diseño. Mi porta

vés de los chismes del dormitorio que Laura se había quejado porque Carlos no la h

fetería, lo suficientemente alto para que media escuela la o

aloradamente con su madre en el estacionamiento de la escuela. Él le gritaba, ella lloraba. Después de esa discusión, Carlos apareció al día siguiente c

resultados se publicaron en el tabló

e desde mi posición anterior en el rango de los 40. Una sonrisa genuina

curiosidad, bu

ménez. P

ndoza. Pu

asi en el fondo. El "futuro genio" y su "r

se esparció como la pólvora. Era

a, la Sra. Elena, una mujer bien intencionad

¿puedo hablar c

, Sra.

edes... bueno, solían ser cercanos. Sus calificaciones son un desastre. Me preguntaba si podrías ha

bría aceptado sin dudarlo, impulsada por un

o y

-dije, mi voz amable pe

adeó, sor

pue

que debo concentrarme. No soy su tutora, ni su salvadora. Si él necesita ayuda, debe buscarla por

bras. Le di una pequeña sonrisa

es salvar a alguien que está decidido a ahogarse. Y d

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El Oro Siempre Brilla
El Oro Siempre Brilla
“El pesado aire del salón, cargado de perfumes caros y conversaciones vacías, me asfixiaba. Yo, Sofía, la promesa del diseño de moda, ahora era solo una camarera más, mis manos temblorosas por el cansancio. Entonces los vi: Carlos, mi primer amor, y Laura, mi alma gemela, brillando bajo el candelabro principal, ella aferrada a su brazo con un vestido que ¡ay, qué ironía! era mi diseño robado. Ellos, la pareja dorada, habían construido su imperio sobre mis ruinas. Laura me vio. Sus ojos, antes cálidos, ahora me taladraban con desprecio. Sonriendo, me hizo una seña, y como si fuera un accidente, derramó champaña fría sobre mi uniforme barato. La risa contenida a mi alrededor fue un golpe físico. La humillación me quemó el rostro, más que la mancha gélida en mi pecho. Me quedé paralizada, mientras se alejaban, riendo, dejándome ahogarme en la injusticia de todo. Corrí desesperada al callejón, las lágrimas nublando mi vista. Mi sueño de toda la vida, mi beca, mis diseños, todo me lo habían arrebatado. Me habían traicionado, robado y dejado en la miseria. Cerré los ojos, deseando con cada fibra de mi ser una segunda oportunidad. Una oportunidad para vengarme, para reclamar lo que era mío. Solo una oportunidad. Y entonces, el milagro. El olor a basura y champaña desapareció. Abrí los ojos, estaba sentada en mi pupitre, el pizarrón marcaba: tres meses antes de la audición para la beca. ¡Había vuelto! Pero al mirar por la ventana, el corazón se me heló. Carlos, sobre una banca, proclamaba su amor a Laura en voz alta. Él también recordaba. Había renacido, y estaba jugando su carta antes, asegurando a su cómplice. Su "romance" era una declaración de guerra. Pero la humillación del callejón se transformó en una helada calma. Muy bien, Carlos. Esto lo jugaremos a mi manera. Y esta vez, no voy a perder.”
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