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El Oro Siempre Brilla

Capítulo 1 

Palabras:1578    |    Actualizado en: 04/07/2025

iedad, dejándome solo los restos. Yo, Sofía, una vez la promesa más brillante de mi generación de diseñadores, ahora llevaba una bandeja con copas de champaña, vestida con un

nces l

e gritaba éxito, y ella, aferrada a su brazo, con un vestido de alta costura que yo sabía, con una punzada de dolor, que

amiga, ahora me miraban con un desprecio frío y calculado. Sonr

quí. Veo que por fin encontr

siquiera se dignó a mirarme, su atención fi

su copa "accidentalmente", derramando el l

alsa consternación que no engañaba a nad

millación me quemaba la cara, más que la mancha fría en mi pecho. Me qued

justicia era tan grande, tan abrumadora, que sentía que me ahogaba. Recordé mi sueño, el que tenía desde niña: convertirme en una diseñadora reconocida, ver mis creaciones cobrar vida. Todo me lo habían a

ra de mi ser una segunda oportunidad. Una oportu

a oport

de pino. Estaba sentada en un pupitre de madera, la luz del sol de la tarde entraba por los grandes ventanales de un salón de clases.

os. Eran las manos de una joven de dieciocho años, sin ca

a vu

mi estupor. Miré por la ventana y

n ramo de rosas tan grande que apenas podía ver por encima de él. A su lado, Laura fingía sorp

¡Desde que te vi, supe que eras la única! ¡Quiero que todo

n mi vida anterior. En mi vida anterior, en este punto, Carlos y y

no correspondían a un simple enamoramiento adolescente. La forma en que Laura aceptaba el homenaje,

én había

bía decidido empezar su jugada antes, as

de amor para Laura, sino de guerra para mí. Era un mensaje claro: "He vuel

de mí. La humillación y la desesperación del callejón todavía estaban frescas en mi memoria.

ja en su rostro triunfante. Tú has he

z, no voy

o estaba rígido. A pesar de la actuación, parecía incómoda, casi ansiosa. Quizás la atención tan pública y descarada no

n su propio grandioso gesto. Para él, esto no era solo sobre Laura; era sobre marcar su territorio, sobre demostrar

Su triunfo era superficial, construido sobre mentiras y recuerdos

en una página en blanco y saqué un lápiz. Sentí el grafito familiar contra mis dedos y respiré h

ucha, de trabajos agotadores y de noches sin dormir no habían borrado lo que había aprendido. Al contrario, la madurez y la desesperación habían forjado mi mente, haciéndola más agud

enzaron a entrar al salón, todavía cuchicheando sobre el espectá

séquito de admiradores. Pasaron junto a mi pu

z alta, deteniéndose justo a mi lado-. La ratita de b

miradas de la clas

estudiar a montar

e lo que esperaba. No le

tó una ris

ía, lo que importa son las conexiones, el tale

uadernos que tenía en la orilla del pupitre. Todo cayó al suelo con

oltó un

querrás dañar el valioso ma

de mi vida pasada era manipulador, pero sutil. Este nuevo Carlos

n latiendo con un ritmo frío y constante. Con calma, empecé a recoger mis cosas, una

los de Carlos. Su sonrisa se desvaneció un poco

anquila pero cortante-. No necesito tus c

él y Laura no fueran más que una molesta corriente de aire que ya había pasado. La c

zado. Y esta vez, yo

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El Oro Siempre Brilla
El Oro Siempre Brilla
“El pesado aire del salón, cargado de perfumes caros y conversaciones vacías, me asfixiaba. Yo, Sofía, la promesa del diseño de moda, ahora era solo una camarera más, mis manos temblorosas por el cansancio. Entonces los vi: Carlos, mi primer amor, y Laura, mi alma gemela, brillando bajo el candelabro principal, ella aferrada a su brazo con un vestido que ¡ay, qué ironía! era mi diseño robado. Ellos, la pareja dorada, habían construido su imperio sobre mis ruinas. Laura me vio. Sus ojos, antes cálidos, ahora me taladraban con desprecio. Sonriendo, me hizo una seña, y como si fuera un accidente, derramó champaña fría sobre mi uniforme barato. La risa contenida a mi alrededor fue un golpe físico. La humillación me quemó el rostro, más que la mancha gélida en mi pecho. Me quedé paralizada, mientras se alejaban, riendo, dejándome ahogarme en la injusticia de todo. Corrí desesperada al callejón, las lágrimas nublando mi vista. Mi sueño de toda la vida, mi beca, mis diseños, todo me lo habían arrebatado. Me habían traicionado, robado y dejado en la miseria. Cerré los ojos, deseando con cada fibra de mi ser una segunda oportunidad. Una oportunidad para vengarme, para reclamar lo que era mío. Solo una oportunidad. Y entonces, el milagro. El olor a basura y champaña desapareció. Abrí los ojos, estaba sentada en mi pupitre, el pizarrón marcaba: tres meses antes de la audición para la beca. ¡Había vuelto! Pero al mirar por la ventana, el corazón se me heló. Carlos, sobre una banca, proclamaba su amor a Laura en voz alta. Él también recordaba. Había renacido, y estaba jugando su carta antes, asegurando a su cómplice. Su "romance" era una declaración de guerra. Pero la humillación del callejón se transformó en una helada calma. Muy bien, Carlos. Esto lo jugaremos a mi manera. Y esta vez, no voy a perder.”
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