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Venganza Cruel a mi Mujer

Capítulo 3 

Palabras:866    |    Actualizado en: 03/07/2025

el dolor en mis costillas era una brasa ardiente q

ió sobrehumano, logré ponerme de pie, ap

iraba a mi

la entrada princ

ta, despidiendo a los últimos inv

e vio, su rost

?", siseó, asegurándose de

je con voz ronca, el dol

para sonreírle a un invitado que salía, "Yo me quedaré u

la volvía a entrar en el brillante mundo de Vargas, u

taxi y darle la dirección de mi

el camino er

la casa estaba

taba escuchar su voz, asegurarme de que estab

do la llamada se fue dire

nuevo, y de nu

ni

los hospitales, a la policía,

sabí

o de salir corriendo para

úmero de

contesté, con el c

uz?", dijo una voz ofici

soy

mento informarle... que hemos identificado

resbaló de la ma

do se

o se des

mi garganta, un aullido de pur

equeña herm

s, un atropello y fuga, e

a que no era

ra. Era

ron su

pies me llevaron de

inado, pero las luce

ue nadie me

uio a una oficina priva

estaba ent

aso

n enorme escritorio de caoba, y L

s brazos, riendo mientras é

botella de whisky y dos vasos,

ídamente con una mano, com

undamente irrespetuosa, que sentí qu

a puerta

se bajó rápidamente del regazo de

ciendo aquí?", exigió, su rostr

", dije, mi voz er

ón de Laur

o hubo horror, solo

un tono tan falso que era ins

ocupación, e incluso intentó

tan descuidada, debes es

mi voz ganando fuerza, "Me

rostro era una másca

u voz era un gruñido bajo, "Laura ha estado conmigo

ura, "¡Ella me amenazó! ¡Dijo que le har

doptando de nuevo s

jo, su voz temblorosa, "Siempre su

nterponerse entre Laur

"esposa" me supo a ceniza en la boca, "Ahora

n una mezcla de l

mujer maravillosa que solo ha tratado de ayudarte, ahora, lárgate de mi propiedad an

rotector, cómo ella se acurrucaba contra él, y supe que estaba com

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Venganza Cruel a mi Mujer
Venganza Cruel a mi Mujer
“El aire en el despacho de mi padre, impregnado del aroma a café viejo y papel, me recordaba una vida dedicada a desenterrar verdades, esas mismas verdades que, ahora lo sé, lo llevaron a su muerte. Sentado en su silla gastada, no pude evitar ver la fotografía sobre su escritorio: "El Guardián Silencioso" , una figura prehispánica que él mismo había marcado como la causa de su fin. La policía lo llamó un robo fallido. Yo sabía que era Alejandro Vargas, el coleccionista de arte al que mi padre investigaba, el principal sospechoso de su asesinato. Laura, mi esposa, entró al despacho, su reflejo en la ventana más importante que mi dolor, y con voz vacía me anunció que Vargas me había invitado a la vista previa de su nueva colección. Al enterarme, la rabia me consumió, acusándola de cómplice, y ella, con un desprecio escalofriante, me advirtió: "Tu padre era un idiota entrometido que consiguió lo que se merecía. Y si no dejas esto en paz, lo próximo que le pasará a tu querida hermanita Sofía hará que lo de tu padre parezca un accidente de tráfico" . ¿Cómo pudo una mujer que juró amarme pronunciar tales palabras, cómo pudo mi familia desmoronarse tan rápido? Esa noche, arrastrado y humillado de la galería de Vargas, recibí la llamada que destrozó mi mundo: Sofía, mi hermana, muerta. No fue un accidente. Fue Laura. Entonces supe que no buscaría justicia, sino venganza.”
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