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Venganza Cruel a mi Mujer

Capítulo 2 

Palabras:823    |    Actualizado en: 03/07/2025

mplo de cristal y acero, un mo

as de champán en la mano, sus risas y conversacio

un fantasma en una fiest

resentándome como "mi talentoso esposo, el curador", pero

onces

mol negro, bajo un fo

dián Sil

esencia llenaba la sala, sus ojos de arcilla pa

la p

ma que había sido robada del museo na

brí paso entre la multitud, ig

destal, presumiendo ante

n su voz grave y engreída, "Una verdade

voz lo suficientemente alta como p

o cayó sob

ente, una sonrisa conde

, ¿nos co

e frente a él, "El hijo de Ernesto de la C

de Vargas

e su jardinero, "Escuché sobre la tragedia, mis condolencias,

ultura, "Fue robada del Museo Nacional, y usted la

da, una risa fría y crue

e una casa de subastas en Suiza, tengo los papeles para pr

i lado, su rostro pál

i brazo, "¡Estás haciendo el ridículo! ¡Di

, su voz goteando fals

o, no ha estado bien desde lo d

ñado para despojarme de mi cordura, para conve

oz temblando, "Y no me voy

o dos hombres enormes, los guardae

los brazos con

or la galería, pasando junto a las caras

era y me arrojaron al paviment

sacó el aire d

er, mezclándose con el sudo

a, su silueta recortada co

de pánico, sino de

", dijo, su voz cortant

acones resonando en el

entrometido que consig

me atascó en

. qué d

a a champán caro y a veneno, "Te juro que lo próximo que le pasará a tu quer

ro y helado,

a sensible que no tenía nada

a imponente de Vargas lle

cia total, como si estuviera viendo

cia mí con una c

o una

to de cuero italiano y lo e

egador explotó en

no se

a su fiesta, dejando que Laura me observara por un úl

cuerpo roto y el corazón hecho pedazos, mient

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Venganza Cruel a mi Mujer
Venganza Cruel a mi Mujer
“El aire en el despacho de mi padre, impregnado del aroma a café viejo y papel, me recordaba una vida dedicada a desenterrar verdades, esas mismas verdades que, ahora lo sé, lo llevaron a su muerte. Sentado en su silla gastada, no pude evitar ver la fotografía sobre su escritorio: "El Guardián Silencioso" , una figura prehispánica que él mismo había marcado como la causa de su fin. La policía lo llamó un robo fallido. Yo sabía que era Alejandro Vargas, el coleccionista de arte al que mi padre investigaba, el principal sospechoso de su asesinato. Laura, mi esposa, entró al despacho, su reflejo en la ventana más importante que mi dolor, y con voz vacía me anunció que Vargas me había invitado a la vista previa de su nueva colección. Al enterarme, la rabia me consumió, acusándola de cómplice, y ella, con un desprecio escalofriante, me advirtió: "Tu padre era un idiota entrometido que consiguió lo que se merecía. Y si no dejas esto en paz, lo próximo que le pasará a tu querida hermanita Sofía hará que lo de tu padre parezca un accidente de tráfico" . ¿Cómo pudo una mujer que juró amarme pronunciar tales palabras, cómo pudo mi familia desmoronarse tan rápido? Esa noche, arrastrado y humillado de la galería de Vargas, recibí la llamada que destrozó mi mundo: Sofía, mi hermana, muerta. No fue un accidente. Fue Laura. Entonces supe que no buscaría justicia, sino venganza.”
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