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Cenicienta Empresaria

Capítulo 3 

Palabras:769    |    Actualizado en: 02/07/2025

ta en el lujo" con una ded

primera pregunta a Alejandro e

z más encantado con

orazoncito d

onvertible, a pesar de q

con mis zapatos nuevos!",

diamantes que co

ta noche. No quiero

ia silenciosa para mí. Cada objeto era un activo

tanto,

a Alejandr

a demasiado ocupada probándome ropa para notarlos. Los veí

nudo parecía enojada, señalándome con la cabeza. Alejandro parecía más...

o. La apuesta que los había un

ve una ide

ras desayunábamos en la terraza. "

l, sin levantar la vista d

volver a

el periódico. "¿A l

e esa chica estirada, Camila, y mi

a pequeña Cenicienta volvía al baile para restregarle su nueva vida en la cara a sus

, mi amor. Vístete con

diamantes y el bolso de cocodrilo. Camin

rme entrar del brazo de Alejandro Vargas. Mi ex

nrisa radiante. "He venido a c

nda, señalando a

un par de aquellos zapat

ra, que me miraba con una

ate de que esté bien frío", le dije, imitando

Pero era parte de mi papel. Era lo que Alejandro y, por extens

ero del auto lleno de cajas y b

eíble! ¡La car

una suma considerabl

ome un ojo. "Por la exc

le di las

no" a una cuenta de inversión que había abierto bajo un nombre falso.

iera en ese momento, Camila estab

social exclusiva para la élite.

aba de mí: yo con bolsas de compras, yo en

ibía comenta

llorará durante una sema

ablemente intente aferrar

ca! Puedes sacar a la chica del barrio, pe

aban comentarios, hacían apuestas sobre cuánto tardaría en derrumbarme cuando Alejandro

ncón de internet, observando mi "ca

iencia, la única que importaba

la producto

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Cenicienta Empresaria
Cenicienta Empresaria
“Era un día cualquiera en "Éclat", mi purgatorio de lujo, donde vendía sueños a mujeres que ya lo tenían todo. Pero esa tarde, Camila Salazar entró como un huracán, exigiendo que me arrodillara para quitarle sus tacones. Me negué, con la voz temblando por la furia contenida. "Prefiero ser despedida con dignidad que conservar un trabajo de rodillas" , le espeté. Y así fue. La puerta de cristal se cerró detrás de mí, dejándome desempleada pero extrañamente libre. Mientras ahogaba mis penas con un café barato, él apareció: Alejandro Vargas, con su sonrisa de depredador. Me hizo una oferta que sonaba a cuento de hadas: un año de lujos desmedidos, a cambio de ser... suya. "Después del año, cada quien por su lado. Te irás con una buena cantidad de dinero", prometió. Sabía que esto era una cruel apuesta orquestada por Camila para humillarme y luego verme caer. Pero lo que ellos no sabían era que la verdadera cazadora, la que había visto la trampa desde kilómetros de distancia, era yo. Acepté, y en mi mente, no fue una rendición, sino una declaración de guerra. Me volví la "cenicienta" perfecta, deslumbrada y avariciosa, mientras secretamente transformaba cada "regalo" en munición. Observé cómo su retorcido juego se desmoronaba desde adentro, alimentado por sus propios celos y mi falsa inocencia. Pero cuando llegó el día de mi "humillación final", con cámaras y sus amigos sedientos de morbo, entendí que no era el final. Era el comienzo de mi imperio. ¿Y si todo lo que creíste que era tu caída se convierte en tu más grande ascenso? ¿Qué harías si el arma de tus enemigos se transforma en el combustible de tu victoria?”
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