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Cenicienta Empresaria

Capítulo 2 

Palabras:667    |    Actualizado en: 02/07/2025

a tenía reglas no escritas, y l

a su círculo como su n

con un aire de propieta

lo entendieron. Me miraban con una mezcla de curiosidad y condescendencia

iasmo que los desarmó. Fingí

llevó a su penthouse, un monstruo de cristal y acero con vistas a

o, clarament

onita. Esto es s

n. Al día siguiente, me llevó de compras. No a

na tarjeta de crédito negra sin límite. "Quiero

isma cadena de "Éclat", solo que e

mi ac

a seda. Me probé un vestido y di vueltas frente

erlo! ¡Me veo.

había servido. En su cara había una sonrisa de suficiencia. Estaba func

bargo, estaba ha

e segunda mano por suficiente para pagar el

epósito para mis p

os... capit

h, y ese también!", exclam

ra complacerme. Alejandr

olsillo. Para mí, era la

ntarme oficialmente". Camila estaba allí, por supuesto. Me observa

ue había comprado, uno rojo,

ó de la cintura

rtiendo?", susu

así", respondí, mi voz un

inclinó pa

imer beso. Púb

n un fervor que parecía genuino. Pero mientras mis labios se m

en su cuerpo. Una vacila

ra intimidad, incluso una fingida como esta, lo ponía incómodo. Me veía como un objeto

eta en su fachada d

minó, busqué a Cam

e diversión

ta fuerza que pensé que iba a romperla. Su man

el beso. Era p

byacente. Verlo besarme, incluso como parte del acto, la enfurecía. La humillación qu

ara mis

ucho más interesante d

ambién se trataba de desmantelar su pe

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Cenicienta Empresaria
Cenicienta Empresaria
“Era un día cualquiera en "Éclat", mi purgatorio de lujo, donde vendía sueños a mujeres que ya lo tenían todo. Pero esa tarde, Camila Salazar entró como un huracán, exigiendo que me arrodillara para quitarle sus tacones. Me negué, con la voz temblando por la furia contenida. "Prefiero ser despedida con dignidad que conservar un trabajo de rodillas" , le espeté. Y así fue. La puerta de cristal se cerró detrás de mí, dejándome desempleada pero extrañamente libre. Mientras ahogaba mis penas con un café barato, él apareció: Alejandro Vargas, con su sonrisa de depredador. Me hizo una oferta que sonaba a cuento de hadas: un año de lujos desmedidos, a cambio de ser... suya. "Después del año, cada quien por su lado. Te irás con una buena cantidad de dinero", prometió. Sabía que esto era una cruel apuesta orquestada por Camila para humillarme y luego verme caer. Pero lo que ellos no sabían era que la verdadera cazadora, la que había visto la trampa desde kilómetros de distancia, era yo. Acepté, y en mi mente, no fue una rendición, sino una declaración de guerra. Me volví la "cenicienta" perfecta, deslumbrada y avariciosa, mientras secretamente transformaba cada "regalo" en munición. Observé cómo su retorcido juego se desmoronaba desde adentro, alimentado por sus propios celos y mi falsa inocencia. Pero cuando llegó el día de mi "humillación final", con cámaras y sus amigos sedientos de morbo, entendí que no era el final. Era el comienzo de mi imperio. ¿Y si todo lo que creíste que era tu caída se convierte en tu más grande ascenso? ¿Qué harías si el arma de tus enemigos se transforma en el combustible de tu victoria?”
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