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Regreso en Nombre de Reina

Capítulo 4 

Palabras:653    |    Actualizado en: 02/07/2025

el presente. Mi presente era la mano cálida de mi hij

enseñó lo que era

ad costera de México, me encontré en medio de un violento altercado. Un grupo de matones estaba ataca

s atacantes por la espalda. El caos que provoqué fue suficiente para que el ho

bre era

brí que era un hombre de negocios con enemigos poderosos, pero ta

razón era un desierto. Le conté mi historia,

desarmó. "Solo me importa tu futuro. Y quiero ser parte de él. Esper

me presionó, nunca exigió nada. Simplemente estuvo ahí, reconstruyendo mi con

a de que esperaba con ansias verlo cada mañana. Me di cuent

rme con él, fue la decisión m

del banquete, la voz de Sofía

que yo no soy una dama. ¡Qué ridículo! Es evidente que esta mujer está desequilibrada. Prob

a, mi paciencia fi

mí y de mi hijo. Y para que quede claro, estoy felizmente casada. El hombre que está aquí", señalé a Alejandro con un ge

. "¿Que no significa nada para ti? ¿Te atreves a deci

ectamente a los ojos. "Usted eligió su camino hace diez

do esto para herirme! ¡Para usar tu hon

reír. ¿Su honor? ¿El de una mujer que él cre

o alrededor comenzaro

ree que es e

l señor Alejandro

stafadora. Alguien debe

mente en la riqueza y el poder de Alejandro y Sofía. Pero ya no era la joven ingenua que podían p

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Regreso en Nombre de Reina
Regreso en Nombre de Reina
“Morir y luego renacer a los quince años suena a fantasía, pero para mí, Ximena, fue el inicio de una cruel pesadilla repetida. El día de mi veinte cumpleaños pasado, mi prometido, Alejandro, me había organizado una gran fiesta. Pero la noticia de la muerte de Sofía, la mujer que él siempre amó en secreto, lo cambió todo. Sin decirme una palabra, se lanzó al lago, sus últimas palabras un susurro dedicado a ella. En ese instante, entendí que todo había sido una farsa, que su corazón jamás me perteneció. Cuando reabrí mis ojos a los quince años, el día en que Alejandro debía pedir mi mano, tomé una decisión: no intervendría. Solo observé cómo su familia iba directamente a casa de Sofía. Los vi celebrar una boda magnífica, y después, empacé mis cosas y me fui, lejos de todo lo que conocía. Diez años después, el destino, con su ironía, nos reunió en Costa Rica, en un banquete diplomático. Allí estaba Alejandro, exitoso, arrogante, y con Sofía del brazo. Nos encontramos, y sus palabras, llenas de burla, y las de Sofía, me hirieron, sugiriendo que yo era solo una mesera o una obsesionada. "¿Diez años y aún no me superas? ¿Me seguiste hasta aquí?" , me espetó. La humillación pública, orquestada por Sofía, se hizo insoportable. Pero mientras ellos disfrutaban de mi supuesto sufrimiento, mis ojos solo buscaban a la pequeña figura que se escondía del mundo. Cuando mi hijo Daniel apareció, su presencia cambió su sonrisa arrogante en un rostro pálido y aturdido. "¿Cómo... ¿cómo pudiste casarte? ¡Dijiste que me esperarías toda la vida!" , me gritó Alejandro, sus ojos llenos de una incredulidad dolorosa. En ese momento, solo me preguntaba: ¿Cómo podía él, el hombre que me había abandonado por completo, atreverse a cuestionar mis elecciones?”
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