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Regreso en Nombre de Reina

Capítulo 3 

Palabras:590    |    Actualizado en: 02/07/2025

ás pero dolorosamente presentes para mí. Mientras Alejandro me miraba con esa

de nuestra ciudad natal. Era la hija de un apostador endeudado, y desde muy joven había aprendido a usar su belleza para sobrevivir, pasando de un h

. Para él, ella era un ánge

n secreto las joyas que mi madre me había dejado. Trabajé día y noche, manejando sus cuentas, organizando sus

s, susurradas en la

os, te daré el mundo. Seremos la pareja más envi

ada pa

formaríamos. Pero los meses pasaban y yo no quedaba embarazada. Los médicos decían qu

mezclando anticonceptivos en mi bebida diaria. No quería hijos conmigo. No quería atarse a mí de forma permanente. Solo me est

convirtió en cenizas. El dolor fu

Sofía había muerto, dejándola "libre". Po

a llegó, vi la verdad en los ojos de Alejandro. No había dolor po

vacíos, mirándome como si yo fuera una

rrojó

fue lo que me des

no hubo dudas en mi corazón. Mientras su caravana se dirigía a cas

ino terrible. Cada risa, cada brindis, era un clavo más en el ataúd de mi amor pasado. Cuando la

ro, no sentía triunfo, solo un cansancio profundo. Él estaba at

do, por la idea de que su posesión más leal

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Regreso en Nombre de Reina
Regreso en Nombre de Reina
“Morir y luego renacer a los quince años suena a fantasía, pero para mí, Ximena, fue el inicio de una cruel pesadilla repetida. El día de mi veinte cumpleaños pasado, mi prometido, Alejandro, me había organizado una gran fiesta. Pero la noticia de la muerte de Sofía, la mujer que él siempre amó en secreto, lo cambió todo. Sin decirme una palabra, se lanzó al lago, sus últimas palabras un susurro dedicado a ella. En ese instante, entendí que todo había sido una farsa, que su corazón jamás me perteneció. Cuando reabrí mis ojos a los quince años, el día en que Alejandro debía pedir mi mano, tomé una decisión: no intervendría. Solo observé cómo su familia iba directamente a casa de Sofía. Los vi celebrar una boda magnífica, y después, empacé mis cosas y me fui, lejos de todo lo que conocía. Diez años después, el destino, con su ironía, nos reunió en Costa Rica, en un banquete diplomático. Allí estaba Alejandro, exitoso, arrogante, y con Sofía del brazo. Nos encontramos, y sus palabras, llenas de burla, y las de Sofía, me hirieron, sugiriendo que yo era solo una mesera o una obsesionada. "¿Diez años y aún no me superas? ¿Me seguiste hasta aquí?" , me espetó. La humillación pública, orquestada por Sofía, se hizo insoportable. Pero mientras ellos disfrutaban de mi supuesto sufrimiento, mis ojos solo buscaban a la pequeña figura que se escondía del mundo. Cuando mi hijo Daniel apareció, su presencia cambió su sonrisa arrogante en un rostro pálido y aturdido. "¿Cómo... ¿cómo pudiste casarte? ¡Dijiste que me esperarías toda la vida!" , me gritó Alejandro, sus ojos llenos de una incredulidad dolorosa. En ese momento, solo me preguntaba: ¿Cómo podía él, el hombre que me había abandonado por completo, atreverse a cuestionar mis elecciones?”
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