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El Dinero No Sirve Todo

Capítulo 2 

Palabras:544    |    Actualizado en: 02/07/2025

tir o no, la idea de reencontrarse con personas a las que no había visto en dos d

os, llamadas de los organizadores, todos insistiendo en que sería una

nía, y hacia amigos como Javier, lo que lo convenció, se dijo a sí mismo que se

ía cometido un error, el ambiente no era de nostalgia ni

, cada sonrisa un cálculo de estatus, la gente no s

tamente un vaso de agua mineral, su mente

"Esto es un circo de vanid

ndad real que se forjaba en el fuego y el riesgo, una lealtad que no se basaba en cuentas bancaria

leno de gente superficial le pa

visto a Javier, había soportado las

inar hacia la salida, tratando de pasar

gar a la puerta, una mano se posó

ronto te vas? ¡La fie

to de aduladores detrás, su alient

mente, su paciencia c

cer, Armando", dijo

ara una entrega urgente de tortillas", insistió Arman

n en esa parte del saló

ba por mantener comenzaba a resquebrajarse, ya no

Armando, su expr

na voz clara y firme que cortó las risas. "Vine por cortesía, pero ya me vo

rodeos, una afirmación de su d

omentáneo, sorprendidos por su franqueza, pe

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El Dinero No Sirve Todo
El Dinero No Sirve Todo
“Ricardo "El Halcón" Ramírez, un tipo hecho y derecho, llegó a la reunión de exalumnos de su prepa en su confiable camioneta todoterreno. Mientras los demás presumían de Porsches y Ferraris, su humilde "Guerrero X1" parecía fuera de lugar, una anomalía que no tardó en ser señalada. Sus antiguos compañeros, ahora hinchados por el dinero y la arrogancia, no perdieron el tiempo en burlarse de él, de su vehículo y de su supuesto "trabajo de repartidor de tortillas". Armando, el mismo bravucón de siempre, junto con el magnate Miguel Ángel Méndez y la viperina Clara Contreras, se encargaron de humillarlo públicamente. El clímax llegó cuando Miguel Ángel, cegado por el ego, le vació una copa de champán encima, exigiendo que se arrodillara y le pidiera perdón a Clara, y a él, por "existir". El desprecio era palpable, el aire tenso, y Ricardo, empapado y humillado, sintió una furia fría recorrer sus venas. ¿Quiénes se creían estos tipos para tratarlo así? ¿Acaso el dinero les daba derecho a pisotear la dignidad de los demás? Lo que no sabían es que Ricardo no era un simple "repartidor de tortillas", ni su camioneta una "carcacha". Con una calma que helaba la sangre, levantó su teléfono y marcó un número encriptado. "General Silva, Halcón reportando. Propiedad militar en riesgo de ser dañada por civiles... la caballería va en camino". La verdadera lección de poder y humildad estaba a punto de comenzar.”
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