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La Identidad Robada De La Madre

Capítulo 4 

Palabras:751    |    Actualizado en: 01/07/2025

ntenté buscar el origen de la grieta en nuestro matrimonio. ¿Fue cuando Mateo abrió el restaurante y empezó a pasar más tiempo con Ximena? ¿O fue mucho antes,

ecer. Era Mateo de nuevo. Esta vez, su voz no

restauranteros. Alguien está esparciendo el rumor de que Ximena es

da lidiando con mi propio desastre como para orquestar uno para ella. "

as palabras correctas. "Sofo, sé que estás enojada por lo del collar. Pero eso no es engañar. Engañar es... otra

e a mí? ¿Crees que soy estúpida, Mateo? ¿Y qué hay de alimentar

argumentos. Podía oír su

epente, su tono cambiando drá

mi voz quebrándose un poco. El dol

ra suave, preocupada. "Descansa u

. Pero otra parte, la parte agotada y solitaria, anhelaba un mínimo de con

rrodilló a mi lado, su rostro lleno de una preocupación que parecía genuina. Me qui

. Dicen que le debo una disculpa a tu familia y a ti. Y que un hijo

y respetaba profundamente, estaban de mi lado

"Leo Herrera Rivas. Como debió ser desde el principio. Fui un idiota. Un

lgo en las manos. Eran las llaves de un coche. Un Mini Cooper convertible, de color azul cielo. El coche que

Considera esto el interés por el collar que perdí. Y una p

esto extravagante me desarmaron. No era la solución a nuestros prob

n bálsamo precario sobre una herida abierta. Decidí, en la oscuridad de la habitación, darle una última oportuni

llamada más de Ximena en medio de la noche, y todo se acabaría. Para siempre. Le estaba dando una tregua

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La Identidad Robada De La Madre
La Identidad Robada De La Madre
“El zumbido monótono del aire acondicionado apenas enmascaraba el calor sofocante de la Ciudad de México. En mis manos, sostenía el acta de nacimiento de mi hijo, Leo. Todo parecía correcto, el nombre de mi bebé, Leo Herrera Rivas, el de su padre, Mateo, y el mío, Sofía Rivas. Hasta que mis ojos se detuvieron en la sección de los padres. No estaba mi nombre. En su lugar, vi: Ximena Solís. Y no solo eso, su hija, Luna Solís, también estaba registrada bajo la misma acta, usando nuestro mismo domicilio. Ximena Solís. La colega de Mateo. La madre soltera a la que Mateo "solo estaba ayudando". Un torrente de furia helada me recorrió. Mateo no solo lo permitió. Él lo hizo posible para que Ximena usara mi casa, mi dirección, para meter a su hija en una de las mejores escuelas del país, asociada a mi propia casa de modas. "Hay un error", dije finalmente, mi voz extraña, metálica. "Un error muy grave". En el coche, con el acta arrugada en mi puño, llamé a Mateo. "¿Por qué está el nombre de Ximena Solís en el acta de nacimiento de mi hijo, Mateo?". Hubo un silencio culpable al otro lado. "Sofía, no te enojes, puedo explicarlo. Ximena estaba desesperada". "¿No significa nada?", repetí, incrédula. "¿Poner a otra mujer en el acta de mi hijo no significa nada? ¿Usar mi casa para sus planes sin siquiera consultarme no significa nada?". "Estás exagerando, Sofía. Solo quería ayudar. Sabes cómo soy, me gusta apoyar a la gente que lo necesita". Su frialdad me dejó sin aliento. Colgué el teléfono sin despedirme. Mi mente se aclaró con una determinación helada. Él quería ayudar a otros, ¿verdad? Yo iba a ayudarme a mí misma. Mi siguiente llamada fue a mi abogado. "Quiero anular esa acta de nacimiento inmediatamente. Y quiero registrar una nueva. El niño solo tendrá un apellido. El mío. Mi hijo se llamará Leo Rivas. Punto".”
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