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El Precio De Tu Desprecio

Capítulo 2 

Palabras:347    |    Actualizado en: 30/06/2025

dé sin

ombre fue borrado de los carteles, de los program

o de Máximo, me dio la espalda. Las mismas persona

ue se enamoró

adie que resultó ser Máxim

igio quería contratarme. Era la mujer que h

pido. Vendí las pocas

ba el orgullo, y eso

eña peña flamenca en un barrio alejado. Un lugar don

eza y vino, limpiaba los baños y escuchaba

marga. La gran Luciana Castillo, de

iaba las mesas después d

imo y su

a, pidiendo el vino más car

go. Sus risas resonab

otra vez. ¿Cómo se sintió cua

atriz casi invisible en la sien. "Fue...

uno de ell

quí. La reina del flamenco, a

Sus miradas eran c

en sus ojos. Solo una fría curiosidad, como si es

ia y vergüenza. Apreté el trapo húmedo en mi m

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El Precio De Tu Desprecio
El Precio De Tu Desprecio
“Luciana Castillo, la bailaora de flamenco más aclamada de Sevilla, creía haber construido un mundo de pasión y arte junto a su amado Máximo Lawrence, el hombre que le prometió sueños en cada nota de su guitarra. Pensaba que su futuro, el nuestro, era tan brillante como el sol andaluz que nos bañaba. Pero esa ilusión estalló en mil pedazos la noche que regresé a nuestro apartamento y lo encontré celebrando con sus amigos, esos cachorros de la alta sociedad, no nuestra vida, sino una cruel apuesta que lo cambió todo. Máximo había ganado un Hispano-Suiza clásico, ¿el precio? Mi amor, mi herencia, mi familia, mi vida entera. Había sido el premio de un juego diseñado para humillarme. En segundos, fui repudiada por mi propia gente, calumniada por la sociedad que antes me idolatraba y despojada de todo. De estrella a limpiadora, fregando suelos pegajosos para ganarme la vida, solo para que Máximo y sus amigos me encontraran y se rieran de mi miseria. Me ofrecieron ser su "querida", su amante, su juguete. ¿Cómo era posible que el hombre que juró amarme, pudiera ser tan cruel? ¿Qué clase de monstruo era este, que se deleitaba en mi caída? La humillación era insoportable, pero encendió una chispa de fuego helado en mi corazón. En ese instante de dolor y furia, ya no había vuelta atrás. La jugada de Máximo no me rompió, me reconfiguró. Cogí el teléfono, mis últimas monedas, y marqué un número, el de Catalina Salazar, su prometida. Una guerra acababa de comenzar, con mis nuevas reglas.”
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