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Ojos Abiertos en la Oscuridad

Capítulo 2 

Palabras:580    |    Actualizado en: 27/06/2025

a un yunque. El sudor frío me recorría la espalda.

e ellos. ¿Quiénes eran? ¿Quién era Víctor? ¿Quién era Máximo? En mi vida pasada, sus caras se

algún lugar de esta mul

La gente está esperan

temblaban tanto que las tazas tintineaban como campanas de alarma. Tenía que

jóvenes que encajaban vagamente en el recuerdo que tenía. Uno parecía nervio

plan era para t

del local, donde el pasillo era más es

ado!",

to deliberado y e

... todo se estrelló contra el suelo en una explosión de ruido y caos. El l

instantáneo y pesado. Todos

cia mí, con la ca

demonios te pas

entando sonar torpe y arrepenti

, gritaba, señalando el caos de porcelana rota y café derramado. "¡

menso alivio. Despedido. Estaba fuera. Lejos del veneno, lejos de la

je, manteniendo

o a mi compañera, Lina Hewitt. Era la pastelera, una madre soltera que trab

, ¿estás

le dije, con una urgencia e

do de Bogotá como si fuera el más puro de los Al

recorriendo mis venas. Por la tarde, mi

ola

contacto de emergencia en la cafetería 'El Tinte de la Séptim

mago se

asado? ¿Es

ado del teléfono

entina. Los médicos no entienden qué l

cayó al asfalto. El alivio que había se

evitado l

bía pasado a

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Ojos Abiertos en la Oscuridad
Ojos Abiertos en la Oscuridad
“El aroma a café y el caos de la cafetería eran mi día a día, un engranaje más en la hora pico de "El Tinte de la Séptima". Pero de repente, los colores se apagaron, una niebla gris me envolvió y la oscuridad me tragó por completo. Me desplomé, mi mundo se hizo añicos. Mi vida se convirtió en una carga, una sombra que se movía a tientas por un mundo que ya no podía ver. Los años pasaron en la oscuridad, despojándome de mi carrera, de mi sueño, de casi todo. Veinte años después, cuando ya era masajista y mis manos reemplazaban mis ojos, escuché a dos voces familiares en mi sala de espera. Eran clientes de aquel día fatídico. "La ceguera no fue un accidente, primo. Yo me encargué de ello. Necesitaba una distracción, y un barista ciego era la distracción perfecta." No fue un accidente. Fui envenenado, mi vida arruinada, solo para que alguien pudiera hacer trampa en un examen, y el culpable se burlaba de mi inutilidad. Quise gritar, pero el shock me paralizó. Y entonces, el dolor helado en mi espalda. Una, dos, tres veces. Caí al suelo. Y desperté. El aroma a café y el pánico llenaban el aire. Podía ver. "Patrick, ¡dos lattes y un americano para la mesa cuatro!", gritó mi jefe. Era el mismo día, veinte años atrás. Faltaban diez minutos para que me quedara ciego. Esta vez, no sería la víctima. Sería el cazador.”
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