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Ojos Abiertos en la Oscuridad

Capítulo 1 

Palabras:703    |    Actualizado en: 27/06/2025

a cafetería, un hervidero de estudiantes con los nervios a flor de piel. Justo al lado, la universidad más prestigio

ambio, se esta

ado la saturación a la vida. Luego, una niebla gris se instaló e

ericano para la mesa cuatro!"

s tazas de cerámica blanca eran solo manchas borrosas. El vapor silbante

o nadie me escuchó por

obre mi última escena. Me desplomé, el sonido de la porcelana rompiéndos

s competencias de cata. Me convertí en una carga, una sombra que se movía a tientas por

is manos podían reemplazar a mis ojos. Mi paladar, antes mi o

milla de masajes de mi pequeño

í sus voces. Eran clientes de la cafetería, de aquel día. Mi m

ero con el mismo tono arrogante. "El barista se quedó ciego de repente, todo el mundo s

lculadora, la de Máxim

encargué de ello. Necesitaba una distracción,

. No fue un accidente. Mi vida no

tó Víctor, con un nervi

udiera rastrear. Una pena por el tipo, pero

Pero mi cuerpo estaba paralizado por e

ista?", preg

ede ver, no puede hac

escuchado. L

moverme. Tenía que ir a la policía. Tenía que hacer

se abrió de nuevo. No

es. Caí al suelo, un charco caliente extendiéndose bajo mi cuer

ces, de

del sol de la mañana me cegó por un instante. Podía ver. Podía ver los colores vibrantes de los pasteles de Lina en

un americano para la mes

día. Veinte

. Faltaban diez minutos p

ía la víctima. S

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Ojos Abiertos en la Oscuridad
“El aroma a café y el caos de la cafetería eran mi día a día, un engranaje más en la hora pico de "El Tinte de la Séptima". Pero de repente, los colores se apagaron, una niebla gris me envolvió y la oscuridad me tragó por completo. Me desplomé, mi mundo se hizo añicos. Mi vida se convirtió en una carga, una sombra que se movía a tientas por un mundo que ya no podía ver. Los años pasaron en la oscuridad, despojándome de mi carrera, de mi sueño, de casi todo. Veinte años después, cuando ya era masajista y mis manos reemplazaban mis ojos, escuché a dos voces familiares en mi sala de espera. Eran clientes de aquel día fatídico. "La ceguera no fue un accidente, primo. Yo me encargué de ello. Necesitaba una distracción, y un barista ciego era la distracción perfecta." No fue un accidente. Fui envenenado, mi vida arruinada, solo para que alguien pudiera hacer trampa en un examen, y el culpable se burlaba de mi inutilidad. Quise gritar, pero el shock me paralizó. Y entonces, el dolor helado en mi espalda. Una, dos, tres veces. Caí al suelo. Y desperté. El aroma a café y el pánico llenaban el aire. Podía ver. "Patrick, ¡dos lattes y un americano para la mesa cuatro!", gritó mi jefe. Era el mismo día, veinte años atrás. Faltaban diez minutos para que me quedara ciego. Esta vez, no sería la víctima. Sería el cazador.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10