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No Soy Tu Marioneta: El Juego Final

Capítulo 1 

Palabras:805    |    Actualizado en: 25/06/2025

el cuarto estaba oscuro y silencioso. Mi cuerpo temblaba, no por el frío, sino por el r

periferia de la Ciudad de México. La luz de la luna se filtraba por la ve

e por fuera. Escuché la voz de mi

d! Mañana mismo te vas a la maquiladora en la frontera. Tu hermano ne

pagar la cesárea. La misma que me dijo que m

había bebé. Miré mis manos, jóvenes, s

mi graduación de la pr

ta vez, las cosas serían diferentes. No volv

glado con un hombre que me golpeaba. Recordé a mi padre, Ramón, siempre ausente, siempre aprobando en silencio el abus

sangre hasta

vez

fuerza que mi cuerpo adolescente podía reunir, la estrellé contra la cerradur

e estaba allí, con los

a malagr

izo ver estrellas, pero no retrocedí. El dolor era r

aliente?" siseó, levan

estaba en una mesita cercana. No p

Mi voz sonó extraña, más

aídos por el ruido. Mi padre me miró con

ta, contrólala," dijo mi pad

cionaría con ellos. Tenía que us

amente. Miré a mi pad

suave y calculadora. "Ir a la fábrica e

ió el ceño. "¿

que podré enviarles? ¿Suficiente para los caprichos de Mateo?

en silencio,

conseguir un buen trabajo. O mejor aún, un buen marido. Un hombre rico. Imaginen la dote. Podría

adre. Mateo, que hasta ahora par

para mí?"

Uno deportivo. Del

"¡Estás mintiendo! ¡Solo quiere

ndo en el futuro de la familia. Pero necesito que ustede

no se miraron. La a

ijo mi padre. "Es una mej

ero

errumpió mi padre.

on la mirada, derrota

irándome. "Irás a la universi

rás que nos devolverás cada centavo y que todo tu

ba la garantía de mi futura esclavitud, mi mente ya

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No Soy Tu Marioneta: El Juego Final
No Soy Tu Marioneta: El Juego Final
“El agudo dolor de un parto sin ayuda me despertó, pero este no era el suelo sucio donde morí sola en mi vida pasada. Estaba en mi cama. De pronto, la voz de mi madre me exigía que abandonara mis sueños universitarios para ir a la maquiladora. Ella, la misma que en mi otra vida se negó a pagar mi cesárea y me dijo que mi único valor era servir a mi hermano, MateoSofía, mi nombre, pero mi vientre estaba plano, mis manos sin cicatrices; había renacido. Con terrible claridad, recordé las torturas, el trabajo forzado, el matrimonio arreglado con un abusador, la indiferencia de mi padre Ramón y cómo mi hermano Mateo bebía mi sangre hasta la última gota. No, esta vida no sería su marioneta; el miedo de mi pasado se mezcló con una calma helada. Esta vez, las cosas serían diferentes.”
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