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Vuelvo a La Mañana que Comienza Todo

Capítulo 3 

Palabras:462    |    Actualizado en: 24/06/2025

la luz del día. El aire fresco de La R

el pijama de Mateo. El niño, finalmente

andro. Cada paso era una agonía. La villa de su familia se alza

mientras me acer

! ¡Ayúdame,

uerta. Me miró con horror,

una bata de seda y sostenía una taza de c

frío de

ectáculo?", dijo, su voz

ándome en el marco de la puerta. "Han atacado

deó. Dejó la taza so

dose de brazos. "Me advirtió que intentarías algo así.

supuesto. Había envenenado a la

al! ¡Mira mi brazo! ¡Mira a Mateo!",

n crueldad. "Y dejas de usar a tu sobrino para

dro, nos conocemos desde niños. ¿De ve

, su voz goteando veneno. "Siempre has odiado que Javier fuera e

ión se mezclaron con el su

a la Guardia Civil

a permitir que arruines la relación de mi familia c

hasta que

. Dio un paso adelante

ho que t

uelo de piedra. Logré girar mi cuerpo para proteger a Mateo de

elo, humillada, traicio

mi teléfono, que había caíd

pantalla era "

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Vuelvo a La Mañana que Comienza Todo
Vuelvo a La Mañana que Comienza Todo
“Lo último que sentí fue el frío de la hoja gélida perforando mi carne, una sensación que nunca creí que me llegaría de las manos de mi propia sangre. Mi hermano, Javier, me sujetaba con una fuerza brutal, sus ojos, antes llenos de cariño, ahora ardían con un odio demencial. "Tú y Elena", siseó, el aliento fétido a vino y locura, "la matasteis. Destruisteis mi vida por celos". No pude responder; la sangre me ahogaba, una traición dolorosa por una mentira sembrada por Isabela, la mujer que nos había dejado a merced de los sicarios, causando la muerte de Elena y la mutilación de mi pequeño Mateo en el terrible futuro del que yo ahora provenía. Javier deliraba, creyendo ciegamente una nota falsa de Isabela, sin importarle que su propia familia se desangrara por su ceguera. Fue una muerte injusta, nacida de celos manipulados y una verdad ignorada, mientras su última palabra resonaba en mi mente: "Esto es por Isabela". Luego, la oscuridad me envolvió, un negro abismo de dolor y desesperación. Pero un estruendo de cristales rotos me devolvió inesperadamente a la vida, abriendo mis ojos de golpe en mi propia cama, justo en la fatídica mañana del asalto. No era un sueño; había regresado con cada detalle fresco, no solo de mi asesinato, sino de la brutal tragedia familiar que precedería mi muerte y que ahora tenía la oportunidad de evitar. El corazón me martilleaba: ¿podría yo, Sofía, sola contra la incredulidad de Alejandro, la locura de Javier y la indiferencia del mundo, reescribir el sangriento destino de los Valbuena y salvar a quienes amaba?”
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