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Vuelvo a La Mañana que Comienza Todo

Capítulo 2 

Palabras:457    |    Actualizado en: 24/06/2025

ientras la empujaba hacia la oscuridad de la bodega

nada, Elena. ¡N

número. Su lealtad a mi hermano

lado de la línea antes de que la voz de

s, Elena? Es

Están rompiendo la puerta!", grit

isa cruel. La voz de Isabela

que me heló la sangre. "Ya sé que habéis vuelto, las dos. ¿Creéis que voy

co

teléfono, con los ojos lle

ido decir? ¿Q

a principal de la casa se vino abajo con un estruendo ensorde

asa! ¡El jefe los qui

apoderó de Elena. Ente

ras. La oscuridad era casi total, solo rota por la débil luz de la

, le susurré, guiándola. "Lleva a los v

seguían. Habían enc

bailaba por las paredes

. Me empujó hacia un pasadi

que nunca le había visto. "Yo los distraeré. Co

na! ¡Ven

ado la vuelta. Salió al

otas! ¡Es

y correr tras ella. Luego, un

por el pasadizo oscuro, con Mateo en brazos y el e

as me rozó el brazo, un

guí cor

ejandro. Él me ayudaría. Él era m

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Vuelvo a La Mañana que Comienza Todo
Vuelvo a La Mañana que Comienza Todo
“Lo último que sentí fue el frío de la hoja gélida perforando mi carne, una sensación que nunca creí que me llegaría de las manos de mi propia sangre. Mi hermano, Javier, me sujetaba con una fuerza brutal, sus ojos, antes llenos de cariño, ahora ardían con un odio demencial. "Tú y Elena", siseó, el aliento fétido a vino y locura, "la matasteis. Destruisteis mi vida por celos". No pude responder; la sangre me ahogaba, una traición dolorosa por una mentira sembrada por Isabela, la mujer que nos había dejado a merced de los sicarios, causando la muerte de Elena y la mutilación de mi pequeño Mateo en el terrible futuro del que yo ahora provenía. Javier deliraba, creyendo ciegamente una nota falsa de Isabela, sin importarle que su propia familia se desangrara por su ceguera. Fue una muerte injusta, nacida de celos manipulados y una verdad ignorada, mientras su última palabra resonaba en mi mente: "Esto es por Isabela". Luego, la oscuridad me envolvió, un negro abismo de dolor y desesperación. Pero un estruendo de cristales rotos me devolvió inesperadamente a la vida, abriendo mis ojos de golpe en mi propia cama, justo en la fatídica mañana del asalto. No era un sueño; había regresado con cada detalle fresco, no solo de mi asesinato, sino de la brutal tragedia familiar que precedería mi muerte y que ahora tenía la oportunidad de evitar. El corazón me martilleaba: ¿podría yo, Sofía, sola contra la incredulidad de Alejandro, la locura de Javier y la indiferencia del mundo, reescribir el sangriento destino de los Valbuena y salvar a quienes amaba?”
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