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De Esposa Abandonada a Reina Imparable

Capítulo 3 

Palabras:489    |    Actualizado en: 24/06/2025

tico con vistas al Retiro

pijama de seda, dirigía a dos emple

pasada," decía con aire de suficienc

ada y sonrió, una

cho que me instale aquí. Por el bebé, ya sabe

una mano por su vie

Al fin y al cabo, pronto es

el dolor punzante de ante

dije con calma.

recogí mi portátil y unos docum

isfrutando de su poder. "Dice que hará cualquie

espo

. Se celebraba en el club más exclusivo de Mad

ncillo pero elegante vestido negro. Cuando entré en la fiesta, todas las con

staba sentada en una especie de tr

e hacia ellos, ign

e, mi voz cl

tro una mezcla de

¿Qué ha

o a traer

los papeles del di

tó un gri

nifica esto? ¡Me prometiste

aleó y cayó al suelo de forma a

ó, mirando a Mateo con los oj

n un caos de grit

e miró. Su rostro s

ritó, arrojando los papeles de

a, protegiéndola. "Llamad

me empujó con fuerza. Perdí el equilibrio y caí hacia atrás, gol

el calor de la sangre

suelo, aturdi

cercó. Nad

ecta: el CEO heroico y la actriz víctima. Yo era

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De Esposa Abandonada a Reina Imparable
De Esposa Abandonada a Reina Imparable
“Mi vida era un tranquilo lienzo en una pequeña galería de arte. Creía en mi matrimonio y en los tres años de felicidad junto a Mateo. Todo cambió cuando vi a mi esposo en la televisión nacional. Allí, abrazaba a Sofía, la actriz del momento, que sollozaba: "Estoy embarazada... y es suyo". Mi mundo se hizo añicos. Mateo apareció en casa, no con culpa, sino con un cálculo helado. "Tuve que hacerlo", dijo, "y ahora necesito que te culpes de un fraude fiscal para protegerla". Luego vino lo peor: "Tú también estás embarazada... tienes que abortar, Elena". "Sofía no puede soportar ese estrés", añadió. Más tarde, su madre, mi propia suegra, me encerró en un sótano helado e inhumano. Allí, sola, en la oscuridad y el frío, perdí lo único que me quedaba: a nuestro bebé. ¿Cómo el hombre que amaba, el padre de mi hijo, pudo condenarme a perderlo todo por una mentira? ¿Por qué tanta crueldad humana? Pero el dolor no me destrozó, me endureció. Una pequeña patada, el último eco de mi bebé, resonó: "¡Lucha!" . El silencio lo envolvió todo. Ya no era la esposa humillada. Soy Elena Mendoza. Y mi venganza, fría como la tumba que cavaron para mi hijo, apenas ha comenzado.”
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