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La Leona Renacida

Capítulo 3 

Palabras:648    |    Actualizado en: 20/06/2025

el sonido de un caballo

, una bestia magnífica y temper

creían

teo, cuya cara era una mezcla de ira y

mal legendario, propiedad personal de la matriarca. Nadie, e

tó Alejandro. "¡Ese

xtraño", respondí, c

néticamente a Mateo. Él asinti

, intentando recuperar el control. "Sofía puede de

ier. "Monta, Sofía. Muést

éramos niñas, pero el estilo de doma vaquera de los Montoya era otra cosa. Era un lenguaje secreto entre

linaje hecho

s movimientos eran torpes, inseguros. El

!", gritó

ción de principiante. El caballo relinchó, enf

s por el patio. Fue una imitación burda, una caricatura de la verdad

y políticos, no jinetes expertos. Vieron a una muje

mó Mateo. "Ella

queño éxito, me miró con despr

suficientemente alto para qu

l escote de mi vestido y sac

símbolo de poder que había pertenecido a la matriarca de los Montoya durante dos

Sofía a la multitud. "Me nombró su sucesora para proteger al c

en coma por un "accidente" que ahora es

a su favor. La prueba física, el símbolo de au

hundió. Esta

ción!", grité, pero mi

autoritaria a mis espaldas. "Yo

g

lia durante treinta años, el hombre en el que mi ma

na máscara de s

una falsa compasión que me revolvió el estómago. "Vi a tu madre darle

peó como una ola,

stra familia. El hombre

tam

el acero. "Detengan a esta mujer. Está perturband

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La Leona Renacida
La Leona Renacida
“El acero helado en mi costado, la sonrisa de Sofía susurrando "todo es mío", y luego, la oscuridad. Así terminó mi vida anterior, la de Isabela Montoya, legítima heredera. Pero al abrir los ojos, el sol andaluz me cegó. Estaba viva. Era el día de mi fiesta de presentación, la misma celebración que precedió a mi muerte, y allí estaban todos: mi prometido Alejandro, mi hermano Mateo y, a su lado, Sofía, usurpando mi lugar. Intenté desenmascararlos, pero me tildaron de loca. Alejandro me abofeteó. Javier, quien me apuñaló, ahora me atacaba de nuevo. Ricardo, el abogado de la familia, se alió con ellos, y mi tía Elena se quebró. Caí sujeta, mis manos destrozadas por una barra de hierro, Sofía ordenando que me marcaran el rostro con un hierro candente. El pánico me invadió. ¿Sería destruida de nuevo por los mismos que amaba, mientras mi madre yacía en coma? Una desesperación fría y afilada me invadía. Pero en ese abismo de dolor, mi plan desesperado se materializó. Justo cuando el hierro candente se acercaba a mi piel, una voz poderosa resonó, helando la sangre de todos: "¿QUIÉN SE ATREVE A TOCAR A UNA MONTOYA?". Era ella. Carmen "La Leona" Montoya. Mi madre, despertando para purgar la traición.”
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