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La Leona Renacida

Capítulo 2 

Palabras:566    |    Actualizado en: 20/06/2025

n, sus miradas iban de

pero se recuperó rápidamente, af

tando de sus ojos. "Sé que estás enferma, que me odias por

z consumada.

ilidad, había engañado a todos. A mi prom

res que debía

mi nombre", le advert

erpuso. "¡Ya bas

la infancia, el gitano al que mi familia le dio u

ostro una máscara de

sto más difícil", dijo, su voz desprovi

e a los ojos. "¿Tú también? ¿Después

su rostro, pero desaparec

ontoya", respondió, y su mirada se desvió

obsesión que lo llevó a apuñalarme en mi vida ante

demuéstral

fusión en

ees que esa impostora es la heredera,

"Isabela, ¡detente! Ja

a un código, y su orgullo, su mayor debilidad. Desa

sistí, mi v

que siempre llevaba,

vez sería

En mi vida anterior, me habría quedado

estaba p

s y golpeé un punto de presión en su muñeca con la precisión de un cirujano. Un movimiento que mi

l suelo con un t

e miró,

tiempo a

él, agarré su cinturón y tiré con todas mis f

e escapando de sus pulmo

mi rodilla en su pecho

miraban con los ojos muy abiertos. El prometido d

testigos de algo

ando en el silencio, "vuelv

sin apartar la vista

dome a la multitud. "¿Algui

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La Leona Renacida
La Leona Renacida
“El acero helado en mi costado, la sonrisa de Sofía susurrando "todo es mío", y luego, la oscuridad. Así terminó mi vida anterior, la de Isabela Montoya, legítima heredera. Pero al abrir los ojos, el sol andaluz me cegó. Estaba viva. Era el día de mi fiesta de presentación, la misma celebración que precedió a mi muerte, y allí estaban todos: mi prometido Alejandro, mi hermano Mateo y, a su lado, Sofía, usurpando mi lugar. Intenté desenmascararlos, pero me tildaron de loca. Alejandro me abofeteó. Javier, quien me apuñaló, ahora me atacaba de nuevo. Ricardo, el abogado de la familia, se alió con ellos, y mi tía Elena se quebró. Caí sujeta, mis manos destrozadas por una barra de hierro, Sofía ordenando que me marcaran el rostro con un hierro candente. El pánico me invadió. ¿Sería destruida de nuevo por los mismos que amaba, mientras mi madre yacía en coma? Una desesperación fría y afilada me invadía. Pero en ese abismo de dolor, mi plan desesperado se materializó. Justo cuando el hierro candente se acercaba a mi piel, una voz poderosa resonó, helando la sangre de todos: "¿QUIÉN SE ATREVE A TOCAR A UNA MONTOYA?". Era ella. Carmen "La Leona" Montoya. Mi madre, despertando para purgar la traición.”
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