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En los brazos de la bestia

Capítulo 2 El primer encuentro

Palabras:1810    |    Actualizado en: 10/03/2025

sinfectante y a metal oxidado. Endrys Navarro ajustó su chaqueta y respiró profundo. No era su

ta constante, un sentido de autopreservación que había perfeccionado con los años. Caminó con paso seguro, el mismo que la caracterizaba y que contribuía a su autoridad, a la imagen de la mujer de

í era un idioma, un instinto primario que despertaba con la menor provocación. Mantenerse alerta era fundamental, y para ella, como

abía bien. Había visto de cerca lo que el poder podía hacer, cómo una simple firma en el documento equivocado sellaba el destino de una persona. No era paranoia, era experiencia. Había defendido a grande

eno. Se había acostumbrado a mirar sobre su hombro, a medir cada palabra, a calcular cada posible consecuencia de sus acciones. El mundo legal era una jungla d

una declaración. "Aquí estoy. No temo. No titubeo". Sin embargo, en su interior, el cálculo nunca ces

juego era distinto. Un nombre resonaba en su cabeza, un nombre que debería hacerla dudar, que debería empujarla a dar media vuelta y olvidar el caso. Pero n

ver al recluso Omar Vitale -informó al

ya la esperaba adentro. No cualquiera. Omar Vitale. "La Bestia".

al otro lado de la sala en una de las mesas, esposado, con la mirada fija en ella, una expresi

, controlada, casi un susurro que se sentía

. No podía dar señ

portafolio sobre la superficie metálica y lo abrió con calma medida. No había tiempo que perder.

de Vitale se curvó en al

s al principio -su tono dest

abogada. No vine

tado su atención. Se inclinó ligeramente hacia adelante. L

eres

ue imponía, sino su absoluto control sobre sí mismo, co

a de este juicio sin una cadena perpetua. Pero necesi

nso y seguro-. Entiendo que el fiscal tiene pruebas, testigos y una narrativa bien cons

te caso sería un reto, pero cada palabra suya confirmaba que jug

inato en Brooklyn -pidió, tomando asiento con

esto suyo parecía tener un propósito, cada palabra era cuidadosamente medida. Endrys conocía muy bien a los hombres con esa cualidad, hombres que se ocultaban detrás de una calm

to de su rostro, buscando cualquier signo de debilidad, cualquier grieta en su armadura. A pesar de la aparente tranquilidad con la que se comportaba, Endrys

par de jugadas adelante. Y Endrys, la abogada que había entrado a esa sala con una seguridad inquebrantable, no era la excepción. Ella pensaba que podía controlarlo, que podía ganarse su resp

zarla si jugaba bien sus cartas. Y lo haría

estaba en el lugar equivoca

irve. Necesi

dijo, inclinándose hacia adelante de nuevo-. Propongo un trato

la de Endr

iona la ley,

resión no era amable-, en mi mund

jo Endrys, con la voz firme

su comentario le divirtiera. Sus labios apenas se curvaron en l

para que usted haga su trabajo -respondió con una frialdad corta

aquel hombre no cedería fácilmente. Para él, cada conversación era una negociación, un juego de poder en

a cooperar -replicó, cruzando los brazos con ca

como si evaluara cuánto tiempo le tomaría descomponer

a pena cooperar -murmuró con

r con su paciencia, descubriría que ella tenía una volunt

e denso. Endrys se obligó

se hombre? -preg

ndurecieron. Un destello de algo más profun

imp

regunta, era como si realmente quisiera saber si ella tenía algún límite moral, l

perder el tiempo en juegos innecesarios. Si aquel era el comienzo, entonces Vitale estaba subestimándola gravemente.

ente con un golpe seco sobre la mesa, dejando que el son

n el tribunal,

acia la puerta, per

nd

sado su no

enas la

¿

as nuestra próxi

eriza. Sin responder a su comentario, salió de la sala sin volver la vista atrás. Pero mie

a pr

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