torbellinos de Amor
ionó de aquel selecto grupo. Adquirió la mansión de Ignacio Urrutia, al cuál lle
a, eso era un hecho, pero todos desconocían su origen. Era un hombre de pocas palabras, no se le conoc
nadie tenía las respuestas; solo podían hacer algo y eso era, adular al nuevo burgués. Ya que
un mu
uy romántica. Compartía estudios con Robertico, el hijo menor de María y llevaban ya de novios 8 meses. Pero la locura juvenil, la pasión desenfrenada y esas horm
mos a hac
a hacer tú! Yo no
es nues
ños, no estoy capacitado para ser
; necesito que hables con m
s, porque yo no tengo, ni quiero, ni espero hijos. Solo t
a y la dejó allí, completament
asce
ersonal que por ese medio se trasladaba, hablamos de dos jóvenes trabajadores, el
se detuvo; frenó su avance en seco y como era
? ¿Por qué
do consigo misma; en ese instante es que se da cuenta, de un pequeño
acostumbrada a pasar por ese tipo de problemas; por ello y tratando de se
te ríes
muchacha alg
r la calma; el control sobre todo, no se debe perder jamá
nerlo en su lugar; en su respectivo sitio, pero sucedió algo imprevisto, que no le permitió actuar de esa
; esto porque temía a los espacios cerrados, más aún a l
sfumaba en los brazos de ese apuesto joven, en donde se refugió verdaderamente aterrada; su cuerpo temblaba, su corazón latía descontroladamente, se sentía f
tanto había esperado y no perdió el tiempo, no lo hizo, no podía desperdiciar aquel instante, qué la conducía a los límites de la divinidad; captó de inmediato el calor de su piel, disfrutó de su proximidad, de su esencia de macho, era ese el amor que buscaba, que necesitaba, un amor
esos ojos plasmados en su alma, quiso así sumergirse, en ese mar de amor que sé le ofrecía, que le obsequiaba su desbordada imaginación; sin palabras, sin obligaciones, ni reglas sociales; era una pasión libre, se lo decía cada l
mpido; en un segundo, así de rápido, se disipaba su fantasía; esto dado
en señorit
hacerlo. Más bien lo que verdaderamente deseaba era decirle. ¡Hazme tuya Prince! Poséeme, deja que me entregue a ti y tú entrégate a mí; pero una cosa es lo que se desea y otra cosa lo que se debe hacer. Dejó sus brazos, abandonó ese refugio, que por breves mome
por tu ayuda; f
se sorprendieron de esa muestra extraña de gratitud; luego de esto sali