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El Secreto Entre Los Dos

El Secreto Entre Los Dos

Nicole D. H.

2.5
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53
Capítulo

Él, Izan De Luca, el hijo menor de Fabricio De Luca, un mafioso que es perseguido por Mateo Morelli, un agente de la CIA quien busca hacer justicia. Ella, por otro lado, Mia Morelli, la hija Federico Morelli, un importante empresario en la ciudad de Las Vegas, Nevada y sobrina de Mateo. El destino hizo que Izan y Mia se conocieran hace dos años sin saber quiénes eran y desde la primera vez que se vieron, se enamoraron. El romance entre ellos es su mejor secreto, ya que no solamente el tío de Mia es el enemigo número uno de la familia De Luca, si no que tanto Izan como Mia están comprometidos por obligación con gente que no aman y a pesar de que ambos intentan huir a esos compromisos, la situación no es nada fácil.

Capítulo 1
1. Nuestro Mundo

Jugamos a ser felices, a que nada nos importe y que olvidemos todo, una noche más con estas cuatro paredes como testigo de nuestro amor infinito, es sentir su piel sobre mi piel y tener la sensación de que toco el cielo con la punta de mis dedos, cada movimiento suyo en mi es perfecto y solo puedo soñar con detener el tiempo ahora mismo. Solo él es capaz de hacerme sentir todo esto, su cuerpo tiene la llave que abre todos mis sentidos y me hace enloquecer al punto que debo morder su hombro para callar mis gemidos, me dejo llevar de su mano a ese sitio tan perfecto donde nos olvidamos quienes somos y que todo esto no debería ser.

—Te amo Mia. — dice sobre mis labios mientras que su cuerpo se deshace de placer junto al mío.

Mi respiración es errante al igual que mis pensamientos, pero lo que siento por él nunca lo dudare —yo también te amo Izan. — digo mientras que mis dedos se pasean por ese sensual tatuaje que tiene en el centro de su espalda alta y que tanto me gusta. Vuelve a grabar la huella de sus labios sobre los míos en medio de un beso intenso y luego levanta su rostro un poco, mira el reloj que esta sobre la mesita de noche y su gesto lo dice todo. —ya tienes que irte, ¿no? — pregunto con tristeza.

Él sale de mi cuidadosamente, se acomoda a mi lado sobre esta cama que en poco tiempo se volverá un tempano de hielo y me abraza a él. —no quisiera hacerlo. — me susurra —pero, sabes que debo si es que queremos seguir juntos. —

—Lo sé…— sentencio y sin poder evitarlo, apoyo mi oído sobre su pecho, mas precisamente donde está su corazón y me quedo escuchando el ritmo errático de sus latidos —me encanta escuchar tú corazón después de hacer el amor. — murmuro.

Lo escucho reírse bajito y sonrió —lo vuelves loco al pobre, quiere salirse de mi pecho cada vez que estoy contigo. — me susurra a la vez que sus largos dedos se enredan en mi cabello y lo acomoda. Suspira y se que se acerca el adiós… «cuanto odio este momento…»

—Como desearía que no fuéramos quienes somos…— digo y si, de la felicidad paso a esto cada noche que estamos juntos y así es desde hace dos años «ya debería estar acostumbrada.»

—Mi amor, desearía tanto que las cosas fueran diferentes…— murmura.

—Lo sé… mejor vete antes que te empiecen a buscar. — le pido y es que prefiero tenerlo, aunque sea así de a momentos que no tenerlo nunca.

Me separo de él, me siento en el borde de la cama y busco mi ropa en el suelo para comenzar a vestirme —¿puedes escaparte el fin de semana conmigo? — me pregunta de la nada y volteo a mirarlo un poco confundida.

—¿Qué? — pregunto.

Él se pone de pie, se coloca su bóxer y sonríe —tengo que ir a cerrar un negocio de mi padre a Miami, quizás podías venir conmigo. —

—¿Solo? — pregunto con dudas.

—El piloto, mi guardaespaldas y yo, y como sabes, ellos ya te conocen. — me explica.

—Los únicos que me conocen. — corrijo.

—Exacto. — afirma —¿vienes? — insiste mientras ahora se coloca el pantalón.

—Déjame intentar escapar de Santiago, veré si Micaela se presta para decir que estoy con ella. — explico.

Izan camina hacia mí con su pantalón aun desabrochado y la imagen es de las mas sensuales que puedan llegar a existir en la tierra. Es tan guapo… muero con esos ojos verdes que me miran de esa manera, con su cabello negro azabache desordenado a causa de mis dedos, con esa barba tan masculina y con esos músculos armoniosos que hacen que su cuerpo parezca una escultura…

—Muero por tenerte un fin de semana sola para mí. — me dice sujetando mi rostro delicadamente y luego vuelve a besarme dejando fuego en mis labios.

—Y yo por no tener que irme de tu lado… hare todo lo que pueda, lo juro. — respondo y sonríe.

—Te amo. —

—Yo más. — respondo y volvemos a separarnos para terminar de vestirnos, él se coloca la ropa con la que vino esta noche y yo simplemente me coloco mi camisón.

—¿Te quedaras aquí esta noche? — me pregunta mientras recoge su celular y billetera.

—Si, no tengo ganas de ir a mi departamento, ya es tarde. — explico y sonríe.

—Mejor, no me gusta que andes sola por la calle a esta hora y llevarte cerca de donde puede aparecer tu prometido o alguien de tu familia no es muy conveniente. — comenta con culpa.

—No te preocupes, estaré bien. — digo volviéndome a acomodar en la cama.

—Creo que Aida dejo comida en el refrigerador. — explica.

—¿Puedes dejar de preocuparte tanto? Yo puedo encargarme de cualquier cosa que falte en esta casa. — le recuerdo y sonríe.

Se acerca a mí, me vuelve a besar —siempre me preocupare por ti, eres el amor de mi vida Mia Morelli. — dice sobre mis labios.

—Y tú el mío, Izan De Luca…— rebato y llevo mis manos alrededor de su cuello.

—Piensa lo de Miami. —

—Lo hare amor, ahora mejor vete, no lo arruinemos todo. — le pido y se que, si esta noche no se va de aquí, todo esto que llevamos cuidando durante dos años podría verse en peligro.

—Chau. — dice finalmente.

—Bye…— respondo y no me queda mas que verlo salir de esta habitación donde tantas veces somos felices, pero tantas otras me quedo con este vacío queriendo que las murallas que nos separan no existan más.

Escucho la puerta de entrada de la casa cerrándose mientras me abrazo a la almohada y no dejo de pensar en nuestro encuentro, en aquella noche donde el amor se apodero de nosotros sin saber ni siquiera nuestros nombres y cuando los supimos, ya era tarde, estábamos tan enamorados que no pudimos separarnos. Quizás es nuestro destino vivir así, guardar este amor como nuestro mejor secreto.

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