Adiós, Amor. Hola, Imperio

Adiós, Amor. Hola, Imperio

Meng Mian Da Huang Ge

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Capítulo

La vida con Mateo era un sueño hecho restaurante, "El Corazón de México", y un bebé en camino. Pero un día, sobre su cabeza, lo vi. Una burbuja de diálogo flotando, como un subtítulo maldito, mostrando sus pensamientos más oscuros. "Tranquila, mi vida. Ya colgué. Sofía estaba en la sala, casi me cacha. Te marco en un rato." Y luego, otra más, aún peor. "Camila: ¿Cuándo le vas a decir a la estorbosa de tu esposa que se quite de en medio?" Descubrí que mi hijo era un "obstáculo" en su plan para un "imperio culinario" con su sous chef, Camila. Sentí una naúsea que nada tenía que ver con el embarazo, sino con la bilis amarga de la traición. ¿Cómo era posible que el hombre que amaba, el padre de mi hijo, pensara de mí y de mi bebé como "ingredientes vencidos"? La frialdad me invadió, apagando el dolor y encendiendo una resolución de acero: No me quedaría de brazos cruzados. No permitiría que mi hijo naciera en un nido de mentiras. Decidí recuperar lo que me pertenecía, cada centavo, cada esfuerzo. La guerra había comenzado, y yo iba a ser la escritora de mi propio final, un final sin él.

Introducción

La vida con Mateo era un sueño hecho restaurante, "El Corazón de México", y un bebé en camino.

Pero un día, sobre su cabeza, lo vi. Una burbuja de diálogo flotando, como un subtítulo maldito, mostrando sus pensamientos más oscuros.

"Tranquila, mi vida. Ya colgué. Sofía estaba en la sala, casi me cacha. Te marco en un rato."

Y luego, otra más, aún peor. "Camila: ¿Cuándo le vas a decir a la estorbosa de tu esposa que se quite de en medio?"

Descubrí que mi hijo era un "obstáculo" en su plan para un "imperio culinario" con su sous chef, Camila.

Sentí una naúsea que nada tenía que ver con el embarazo, sino con la bilis amarga de la traición.

¿Cómo era posible que el hombre que amaba, el padre de mi hijo, pensara de mí y de mi bebé como "ingredientes vencidos"?

La frialdad me invadió, apagando el dolor y encendiendo una resolución de acero: No me quedaría de brazos cruzados.

No permitiría que mi hijo naciera en un nido de mentiras.

Decidí recuperar lo que me pertenecía, cada centavo, cada esfuerzo.

La guerra había comenzado, y yo iba a ser la escritora de mi propio final, un final sin él.

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La voz de Damián, helada como siempre, resonaba en el vacío: "Ve y discúlpate con Eva" . Mi corazón se apretó, ¿disculparme por qué? Si no hice nada. Él ni siquiera levantó la vista de sus papeles, y su indiferencia se clavó como una aguja en mi alma. Sus palabras fueron brutales: Eva estaba asustada por una supuesta mirada mía, y para él, ella era intocable, invaluable. Un escalofrío me recorrió: ¿una mirada bastaba para humillarme así? Un dolor agudo me golpeó la cabeza, y recuerdos sangrientos e infernales inundaron mi mente. Recordé esta escena, esta misma humillación, en mi vida anterior, cuando su furia me condenó a un sótano sin comida ni agua. Recordé a Eva sonriendo, ofreciéndome una sopa, ¿y después? El dolor insoportable que me arrebató al hijo que ni siquiera sabía que esperaba. Recordé nuestro aniversario de bodas, la cena a la luz de las velas que nunca compartió porque estaba comprando una isla para el cumpleaños de Eva. Recordé el incendio: mis gritos, su rostro impasible, Eva temblando en sus brazos, mientras yo ardía. El humo me asfixió, el dolor me consumió, y mi último aliento fue un grito de odio y arrepentimiento: ¡si renaciera, jamás volvería a amarlo! Desperté gritando, pálida, temblando. No era una pesadilla. ¡Había renacido! Damián me miró, irritado, como si mi agonía fuera un truco para llamar su atención. Pero al mirarlo, ya no había amor en mis ojos, solo un odio gélido y profundo que venía de mi alma. La oleada de emociones fue demasiado: mis ojos se voltearon y caí inconsciente al suelo. Él ni siquiera se inmutó, solo llamó fríamente a una criada para que me arrastrara fuera de su vista. Desperté sola, abandonada, pero esta vez, la decepción dio paso a una calma extraña, a una fría determinación. El espejo me devolvió a una Ximena demacrada, pero ya no era la misma cobarde. Abrí mi laptop y busqué a Eva, la diosa de sonrisa pura que todos amaban. Y entonces, vi la noticia: "¡Actriz Eva Soler salva valientemente a un niño de un automóvil fuera de control!" . El video mostraba su heroísmo, su pureza, su valentía. Mi sonrisa amarga lo confirmó: ella era perfecta para Damián. Yo, solo un obstáculo, un matrimonio detestado. Él no era incapaz de amar. Simplemente, nunca me amó a mí. Esta vez, no lucharía. No me aferraría a un título vacío. Tomé mi teléfono y le pedí a mi abogado que redactara un acuerdo de divorcio. No quería nada de Damián. Solo quería mi libertad. Él lo firmó sin dudarlo, creyendo que era otro de mis "trucos" . Al recibir el documento, una lágrima rodó por mi mejilla, no de tristeza, sino de puro alivio. Finalmente, era libre.

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