No Toques a Mi Hijo: La Furia de León

No Toques a Mi Hijo: La Furia de León

Yue Mo

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Capítulo

Mi teléfono vibró en el silencio de mi oficina, en la cúspide de la Ciudad de México, donde todo lo que veía me pertenecía. Pero la voz de mi hijo Mateo estaba rota, ahogada por sollozos: "Me pegaron, papá. Y dijo... dijo que tú eres un don nadie, un mantenido... y que yo soy el hijo de un cornudo. Dijo que su papá es el verdadero jefe de Sol Azteca y que se acuesta con mamá." La ira me invadió al llegar a la escuela, solo para encontrar a mi esposa, Verónica, arreglándole la camisa al agresor, Leo Vargas, y defendiendo al padre de este, Ricardo Vargas, quien me miraba con burla. Mi corazón se heló al ver el brazalete de diamantes en la muñeca de la maestra, el mismo que le di a Verónica en nuestro aniversario. ¿Un don nadie yo? ¿Y mi esposa traicionándome con ese "contacto importante", mientras nuestro hijo sangraba y era humillado? No había forma de que yo, Javier Mendoza, fundador y dueño de todo Grupo Sol Azteca, permitiera que esto quedara así. Miré a Ricardo, a mi esposa, al director, y con una sola frase anuncié mi guerra: "Elijo la tercera opción"; mi puño se estrelló contra su cara, e inicié la venganza de un hombre que lo tiene todo... y a quien acaban de quitarle lo único que le importaba.

Introducción

Mi teléfono vibró en el silencio de mi oficina, en la cúspide de la Ciudad de México, donde todo lo que veía me pertenecía.

Pero la voz de mi hijo Mateo estaba rota, ahogada por sollozos: "Me pegaron, papá. Y dijo... dijo que tú eres un don nadie, un mantenido... y que yo soy el hijo de un cornudo. Dijo que su papá es el verdadero jefe de Sol Azteca y que se acuesta con mamá."

La ira me invadió al llegar a la escuela, solo para encontrar a mi esposa, Verónica, arreglándole la camisa al agresor, Leo Vargas, y defendiendo al padre de este, Ricardo Vargas, quien me miraba con burla.

Mi corazón se heló al ver el brazalete de diamantes en la muñeca de la maestra, el mismo que le di a Verónica en nuestro aniversario.

¿Un don nadie yo? ¿Y mi esposa traicionándome con ese "contacto importante", mientras nuestro hijo sangraba y era humillado?

No había forma de que yo, Javier Mendoza, fundador y dueño de todo Grupo Sol Azteca, permitiera que esto quedara así.

Miré a Ricardo, a mi esposa, al director, y con una sola frase anuncié mi guerra: "Elijo la tercera opción"; mi puño se estrelló contra su cara, e inicié la venganza de un hombre que lo tiene todo... y a quien acaban de quitarle lo único que le importaba.

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Siempre supe que algo andaba mal con Sofía, mi hija. Al principio, eran frases inocentes flotando sobre su cabeza, invisibles para todos menos para mí y para ella. Pensé que era una fase. Pero pronto, esos "comentarios" se volvieron siniestros, dictándole cada paso, convirtiéndola en una extraña. Lo que empezó con exigencias de dinero, escaló a robar y vender nuestras preciadas reliquias familiares, incluso el mantón de mi abuela. Mi marido, Javier, el eterno pacificador, solo empeoraba las cosas, consintiéndola, ignorando que se estaba transformando en un monstruo. Cuando Sofía, cegada por la codicia y esas voces infernales, me exigió una absurda suma con intereses por haberla criado, supe que no había vuelta atrás. Aquella dulce niña había sido consumida por una relación "transaccional", por un egoísmo veneno que la convertía en una vampira. La casa se transformó en un campo de batalla, un infierno lleno de gritos y acusaciones. ¿Cómo era posible que mi propia hija me viera como una máquina de dinero, un obstáculo para su "independencia" y no como la madre que le dio la vida? ¿Cómo pudimos llegar a este punto de no retorno? ¿Y por qué Javier no podía ver la verdad que se presentaba ante sus ojos? Al ver cómo mi marido cedía una y otra vez, recompensando su maldad, tomé una decisión drástica. Dejé mi hogar, dejé a Sofía y a Javier solos, esperando que la dura realidad les abriera los ojos. Lo que no sabía es que esa era solo la preparación para un acto mucho más brutal. Esto no es solo una historia de familia; es una advertencia sobre cómo el peor veneno puede entrar por los ojos, y cómo las madres se ven forzadas a tomar decisiones impensables. ¿Se puede salvar a quien no quiere ser salvado? ¿Y qué ocurre cuando la línea entre el amor y la autodestrucción es borrada por un ejército de voces imaginarias?

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