No Sería su Víctima

No Sería su Víctima

Xi Jin Qian Hua

5.0
calificaciones
53
Vistas
11
Capítulo

Mi vida como arquitecto parecía estable, aunque un tanto gris, y mi matrimonio de siete años con Isabella se sentía, a veces, como una hermosa jaula de oro. Un martes cualquiera, en la reunión de la mañana, la bomba explotó: "Bodegas Montenegro ha adquirido el estudio". Para todos era una oportunidad, pero para mí, era el inicio de una pesadilla andante. Entró ella, Isabella, mi exesposa, la dueña, la mujer que había destrozado mi mundo hace dos años con su infidelidad pública. Su figura, vestida con un traje carísimo, rebosaba poder; su mirada fría se posó en mí, y una diminuta sonrisa de triunfo se dibujó en sus labios rojos. Con aquella voz que recordaba, melodiosa pero con un filo de acero, anunció: "Buenos días. Soy Isabella Montenegro, su nueva jefa". Esa misma noche, mientras mis compañeros aliviados celebraban una fiesta de confraternización, ella me detuvo en seco: "Tú no vas a ninguna parte". Me obligó a trabajar hasta tarde, asegurándose de que nadie, salvo ella, pudiera acercarse, con un sutil tono posesivo: "Nosotros ya nos conocemos muy bien, ¿no crees?". Mis compañeros palmeaban mi espalda, envidiando mi "trato preferencial", sin entender que yo solo veía a la misma mujer que me había humillado, ahora con el poder de hacerlo de nuevo en mi propio lugar de trabajo. El olor de su perfume caro en la oficina vacía me asfixiaba, reviviendo el amargo recuerdo de nuestro último aniversario, cuando la vi en todas las portadas de revistas, riendo con otro hombre bajo fuegos artificiales. Yo, mientras tanto, permanecía en la finca cuidando a su abuela enferma, una escena de vergüenza y traición que jamás superaría. ¿Cómo podía esta mujer, después de destrozarme, aparecer de nuevo y atarme a su antojo, ignorando mi dolor? Pero esta vez, su arrogancia y su sonrisa triunfal no me doblegarían. Armado con un deseo inquebrantable de libertad y las llaves de un apartamento en Madrid que la lúcida abuela Elena me había regalado, decidí que ya no sería su víctima. Había llegado el momento del divorcio. Y esta vez, sería a mi manera, sin importar el caos que tuviera que desatar para recuperar mi vida.

Introducción

Mi vida como arquitecto parecía estable, aunque un tanto gris, y mi matrimonio de siete años con Isabella se sentía, a veces, como una hermosa jaula de oro.

Un martes cualquiera, en la reunión de la mañana, la bomba explotó: "Bodegas Montenegro ha adquirido el estudio".

Para todos era una oportunidad, pero para mí, era el inicio de una pesadilla andante.

Entró ella, Isabella, mi exesposa, la dueña, la mujer que había destrozado mi mundo hace dos años con su infidelidad pública.

Su figura, vestida con un traje carísimo, rebosaba poder; su mirada fría se posó en mí, y una diminuta sonrisa de triunfo se dibujó en sus labios rojos.

Con aquella voz que recordaba, melodiosa pero con un filo de acero, anunció: "Buenos días. Soy Isabella Montenegro, su nueva jefa".

Esa misma noche, mientras mis compañeros aliviados celebraban una fiesta de confraternización, ella me detuvo en seco: "Tú no vas a ninguna parte".

Me obligó a trabajar hasta tarde, asegurándose de que nadie, salvo ella, pudiera acercarse, con un sutil tono posesivo: "Nosotros ya nos conocemos muy bien, ¿no crees?".

Mis compañeros palmeaban mi espalda, envidiando mi "trato preferencial", sin entender que yo solo veía a la misma mujer que me había humillado, ahora con el poder de hacerlo de nuevo en mi propio lugar de trabajo.

El olor de su perfume caro en la oficina vacía me asfixiaba, reviviendo el amargo recuerdo de nuestro último aniversario, cuando la vi en todas las portadas de revistas, riendo con otro hombre bajo fuegos artificiales.

Yo, mientras tanto, permanecía en la finca cuidando a su abuela enferma, una escena de vergüenza y traición que jamás superaría.

¿Cómo podía esta mujer, después de destrozarme, aparecer de nuevo y atarme a su antojo, ignorando mi dolor?

Pero esta vez, su arrogancia y su sonrisa triunfal no me doblegarían.

Armado con un deseo inquebrantable de libertad y las llaves de un apartamento en Madrid que la lúcida abuela Elena me había regalado, decidí que ya no sería su víctima.

Había llegado el momento del divorcio.

Y esta vez, sería a mi manera, sin importar el caos que tuviera que desatar para recuperar mi vida.

Seguir leyendo

Quizás también le guste

La Esposa Virginal del Alfa

La Esposa Virginal del Alfa

Baby Charlene
4.9

EXTRACTO DEL LIBRO. "Quítate la ropa, Shilah. Si tengo que decirlo de nuevo, será con un látigo en la espalda", sus frías palabras llegaron a sus oídos, provocando que le recorriera un escalofrío por la espalda. La chica sostuvo su vestido con fuerza contra su pecho, sin querer soltarlo. "Soy virgen, mi rey " su voz era demasiado débil para decir con claridad las palabras, que apenas se escucharon. "Y tú eres mi esposa. No lo olvides. Te pertenezco desde ahora y para siempre. Y también puedo optar por poner fin a tu vida si así lo quieres. Ahora, por última vez, quítate la ropa". * * Shilah era una joven que provenía de los hombres lobo, también conocidos como los pumas. Creció en una de las manadas más fuertes, pero desafortunadamente, no tenía habilidades de lobo. Ella era la única de su manada que era un lobo impotente y, como resultado, su familia y otros siempre la intimidaban. Pero, ¿qué sucede cuando Shilah cae en manos del frío Alfa Dakota, el Alfa de todos los demás Alfas? También era el superior y líder de los chupadores de sangre, también conocidos como vampiros. La pobre Shilah había ofendido al rey Alfa al desobedecer sus órdenes y, como resultado, este decidió asegurarse de que ella nunca disfrutara de la compañía de los suyos al tomarla como su cuarta esposa. Sí, cuarta. El rey Dakota se había casado con tres esposas en busca de un heredero, pero había sido difícil ya que solo dieron a luz niñas: ¿Era una maldición de la diosa de la una? Era un rey lleno de heridas, demasiado frío y despiadado. Shilah sabía que su vida estaría condenada si tenía que estar en sus brazos. Tanbíen tenía que lidiar con sus otras esposas aparte de él. Ella fue tratada como la peor de todas, ¿qué pasaría cuando Shilah resulta ser algo más? ¿Algo que nunca vieron?

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro