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Siempre he estado enamorado de ti Caith - No bromees con eso.- sabía que no me creería fácilmente, debía encontrar la forma de hacerle ver la verdad. - No es una broma. - le dije casi suplicando.- hice un pacto con tu hermano.- opte por seguir con la verdad. - ¿Simon? ¿Qué tiene que ver él en todo esto? - me miro escéptica y luego suspiro.- déjame adi-vinar, te advirtió mantenerte lejos de su her-manita ¿no? - esto no estaba resultando como creí, convencerla de que mi amor por ella era real iba a ser más difícil que llegar a conocer a mi padre. La bendición de que me conociera mejor que nadie se convertía en este momento en mi maldición. Pero ya me había decidido a abrirle mi corazón y no me iba a retractar, no saldríamos de esta habitación hasta haberme confesado por completo. - No, solo pusimos algunos puntos.- tome una corta respiración y comencé a enumerar los puntos de nuestro acuerdo. Ella me miraba atenta, puso un mechón de su castaño cabello detrás de su oreja y tomo un trago del líquido amarillento que tenía en el interior de su vaso. - primero no te diría nada hasta que fueras mayor de edad. Segundo debías tener al menos un novio y tercero, eras tú quien debía dar el primer paso. - Y ¿eso por qué? - Porque el día en que te confesara mi amor, ese día seria mi último día soltero.

Pacto Capítulo 1 El mejor amigo

Recuerdo perfectamente el día en que Leon llego a vivir a nuestra casa, fue un 15 de agosto hace cinco años. Fue justo después del entierro de su madre, aunque estaba acostumbrada a verlo merodear por casa todos los días.

Era el mejor amigo de mi hermano desde que iban en la guardería, y ya que su madre era secretaria en la firma de abogados de mi padre, fue casi natural tenerlo en casa, ya que mamá cuidaba de él cuando su madre, Delia, debía trabajar hasta tarde o viajar con alguno de los socios de papá.

Hoy era uno más de nuestra familia, a veces peleaba con mi hermano y decía que su mejor amiga era yo.

Las chicas en la escuela me amaban y odiaban por eso, hasta el año pasado muchas de las mu-chachas solo me buscaban por Simón, mi hermano mayor y Leon, su mejor amigo, mi ¿hermano postizo? ¿Mejor amigo? ¿Casi primo? ¿Inquilino? La verdad es que nunca he sabido definir mi relación con Leon, nos queremos mucho de eso, no hay dudas, aunque hay ocasiones en que quisiera matarlo; ambos, Simón y León son muy abiertos conmigo, demasiado para mi gusto. Me han hablado de cada una de sus conquistas y me han pedido consejo para enamorar y des-enamorar a las chicas, he sido su cómplice y me ha tocado ser recadera, al menos siempre han tenido los huevos para cortar con sus amoríos ellos mismos, pero la manada femenina de la escuela sabía que era más fácil llegar a cualquiera de ellos a través de mí y era lógico, si consideramos que ambos eran el típico cliché de libro adolescente. Altos, más de metro ochenta, ya que pertenecían al equipo de básquetbol, bien tonificados debido al ejercicio diario que hacían.

Mi hermano, como yo, tiene el pelo castaño claro, aunque el mío tiene tintes rojizos mientras el de él los tiene rubios, Simón tiene ojos verdes y es trece meses, mayor que yo.

León, por otro lado, es su opuesto, tiene el cabello negro azabache, aunque en el sol puedes ver algunos tonos azulinos y ojos avellanas, que cuando está feliz se le ven dorados con pequeñas manchitas verdes.

Pero este año todo cambiará, los chicos entran en la universidad y yo a mi último año de escuela. Debo confesar que eso me asusta y mucho, me acostumbre tanto a estar bajo su protección que me asusta horrores. Sin contar con que mi hermano se puso de novio con la peor chica de la escuela, compartimos casi todas las clases, pero mientras yo soy una nerd come libros, ella es la típica chica popular. No soy un cliché, sí, soy nerd y amo los libros, mi sueño es estudiar producción musical y algún día tener mi propia productora o mi propia discográfica donde pueda ayudar a nuevos artistas a nacer, además tengo mucho sentido de la moda, tengo amigos y se me da bien socializar, eso es gracias a que mi hermano y León me ayudaron mucho con mi timidez cuando era niña, al menos en la escuela sé, que no paso desapercibida. Sin embargo, Dafne Salvaterre era otra historia, siempre me ha odiado, desde que éramos pequeñas y eso fue porque Simón se rehusó a sentarse con ella en el almuerzo, si yo no estaba invitada, la verdad su rencor es infundado e infantil, pero me ha hecho la vida imposible desde entonces.

Pero al idiota de mi hermano no se le ocurrió nada mejor que comenzar a salir con ella el mes pasado cuando fuimos a visitar a papá a Roma, nos encontramos con ella y su familia en medio de nuestras vacaciones, y aunque nosotros nos estábamos quedando en la casa que la embajada le asigna a mi padre, por alguna razón la idiota de Tontafne aparecía donde quiera que íbamos, aún no comprendo cómo fue que mi iluso hermano cayó en sus redes.

Lo mejor del trabajo de mi padre es que en los últimos años hemos conocido un sin número de países, y aunque su trabajo le consume mucho tiempo lejos de nosotros, hemos aprendido a lidiar con ellos, es por eso que durante las vacaciones nos vamos con él al país en el que haya sido asignado.

Hace cuatro años que comenzó a trabajar como embajador y diplomático, mamá se quedó con nosotros el primer año, pero cuando cumplí los quince, Simón y yo la convencimos de que estaríamos bien solos, aunque en realidad no quedamos solos, la hermana menor de mamá, tía Alice nos cuidaba hasta el mes pasado.

Los chicos se cambiaron de casa a una más cerca de la universidad y después de muchas súplicas y promesas, nuestros padres me dejaron mudarme con ellos.

Pero hoy comienza mi primer día de mi último año y estoy aterrada frente al espejo, la habitación de la casa nueva es hermosa, yo misma la decoré, las paredes están pintadas de rosa y violeta, con los póster de mis artistas, libros y animes favoritos, Zoro de One Piece ocupa un lugar especial en un póster tamaño real en el muro sobre mi cama.

– Duende, ¿estás lista? – la voz de Leon suena desde la planta baja.

– En un minuto. – mi voz salió apretada sin darme cuenta, he intentado desatar el nudo que tengo en la garganta desde que me levante esta mañana, pero me ha sido imposible, llore mientras me duchaba, y la verdad es que no entiendo por qué me resulta tan difícil, parezco una niña pequeña y no una adolescente con casi dieciocho años comenzando su último año de escuela.

Me miro en el espejo una vez más, llevo bien puesto el uniforme, la falda gris me llega un poco más arriba de la rodilla y la polera de mangas cortas color verde botella me queda a la perfección, trence mi castaño y largo cabello en una sola trenza de dos cabos que colgaba de mi costado derecho, mi maquillaje es natural, solo mascara de pestaña y brillo de labios; nunca me ha gustado el maquillaje cargado, y gracias al cielo no necesito de bases ni correctores, los buenos genes de mamá me ahorraron un gran trabajo cada mañana y puedo ir tranquilamente a una primera cita en la piscina.

A pesar de sonreír ante ese último pensamiento, una solitaria lágrima logra escapar de mis ojos cerrados. Y antes de que alcance a llegar al final de mi cara, siento unos cálidos dedos, quitarla con sutileza y abrazarme por la espalda.

– No tengas miedo duende, te irá bien, y solo estaremos a un par de cuadras, la escuela y la universidad están en el mismo distrito escolar, si alguien te da problemas iremos a darle una paliza. – vi el reflejo de Leon a través de mi espejo darme esa sonrisa que solo está guardada para mí, aquella sonrisa honesta que deja ver sus hoyuelos y que ilumina sus ojos. Me sentí instantáneamente tranquila entre sus brazos, Leon siempre sabía como calmarme.

Di un último suspiro y respire el aroma de su perfume, le regale una sonrisa y juntos caminamos hasta su auto, mi hermano llevaría a tontafne y ya había salido de casa hace casi media hora, así que mi primer día al igual que todos los días del año anterior iría con Leon.

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