Guichen
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Libros y Cuentos de Guichen
Mi Ancla, Su Tormenta
Romance Ricardo era cinco años menor, una diferencia que él difuminaba con promesas de eternidad.
Yo, tonta enamorada, creí cada palabra.
Era su ancla, su faro en la tormenta, hasta que el mar que prometía ser mi salvavidas se convirtió en la marea embravecida que me ahogaría.
Esa noche, su teléfono vibró; un número desconocido, el temblor en mis manos al desbloquearlo.
Una fecha que fue nuestra ahora se sentía a burla.
"Cami Bebé", un chat anclado, un emoji de corazón, el rostro de una modelo de Instagram.
Mensajes de "te extraño", "anoche fue increíble", fotos provocadoras.
El aire se me escapó de los pulmones.
Luego llegó el desprecio, la palabra "sucia" resonando en la grabación de su propio coche.
"No como la otra, que a veces hasta me da asco. Se siente... sucia".
Sentí cómo mi alma se desgarraba.
Mi cuerpo, el que él había amado, ahora era repugnante para él.
La confirmación llegó con la llamada de Marco, su amigo, repitiendo la obscenidad.
¿Cómo pudo? ¿Qué hice mal?
¿Era mi edad, mi cansancio, mi entrega?
La humillación me ahogaba, pero el shock se transformó en una claridad helada.
La chica del MP, esa a la que él despreció en público, era la misma a la que ahora le transfería fortunas y le declaraba su amor.
Él no buscaba otra; buscaba borrarme con una réplica joven, una versión "limpia" de mí.
En ese instante, me miré al espejo, rota, pero no vencida.
La Sofía que construyó su imperio desde cero, la que superó crisis y traiciones, esa guerrera que llevaba dentro, despertó.
Ya no había lágrimas, solo una determinación inquebrantable.
La guerra acababa de empezar, y él no sabía con quién se estaba metiendo. El Plan B ya Sabía el Fin
Urbano Las noticias hablaban de un accidente en la carretera principal, mientras yo, Ricardo, chef de "Corazón de Maíz", supervisaba mi cocina.
Pero entonces, el presentador mencionó su nombre: Mateo Vargas, el "alma gemela" de Sofía, mi esposa, el hombre que ella siempre creyó que yo no sabía que amaba más que a mí.
Cuando llegué a casa, la encontré pálida, rodeada de cartas, cartas de amor que ella, mi esposa, le había escrito a Mateo después de nuestra boda.
Cada palabra era un puñal: yo solo era su "plan B", su "refugio seguro" mientras esperaba que él volviera.
La última carta, sin enviar, fechada de esa misma mañana, decía que deseaba que yo simplemente "desapareciera" para poder correr a sus brazos sin remordimientos.
Esa noche Sofía se fue, y al día siguiente, la policía me llamó: se había estrellado su coche, en el mismo tramo, con una nota de suicidio: "No puedo vivir en un mundo sin Mateo", sin una sola palabra para mí.
Perdí a mi esposa y descubrí que nunca la tuve, perdí mi pasión, mi vida se desvaneció en dolor y desesperación.
¿Por qué tuve que vivir esa farsa? ¿Por qué mi amor incondicional fue tan insignificante?
Y entonces, abrí los ojos, en la cama de mi antiguo apartamento, seis años atrás, el día que Sofía me propondría matrimonio.
Esta vez, no sería el tonto; esta vez, yo no sería su segunda opción. Me Arrepiento de Haberte Amado
Romance En la bulliciosa Ciudad de México, el salón de la mansión Montoya estaba repleto, celebrando el compromiso de Isabela Montoya y el Capitán Arturo Vargas.
Pero, de repente, Isabela gritó ante todos que no se casaría con él.
Apuntando a Arturo, declaró su amor por Leonardo, un poeta de sonrisa burlona.
El General Montoya, impactado, ordenó que se la llevaran, pero Isabela amenazó con quitarse la vida si la obligaban.
Mientras Arturo procesaba la humillación pública, Leonardo se le acercó, insultándolo y llamándolo "soldado de provincia" sin refinamiento.
Isabela, cegada por su nuevo amor, lo defendió, diciendo que Arturo solo entendía de guerra.
Con el corazón destrozado, Arturo anuló el compromiso, pidéndole al General la misión más peligrosa en la frontera norte.
Todos pensaron que se había vuelto loco; la frontera era una sentencia de muerte.
Pero para Arturo, era su escape de la burla y la lástima de la sociedad que una vez lo celebró.
Como último acto de nobleza, pidió una escolta para Leonardo, dejando a Isabela confundida.
En su cuartel, Arturo quemó los recuerdos de su pasado con Isabela, sintiendo que su futuro era la sangre y el acero.
La capital se regocijaba por el nuevo romance, ajena al capitán que se dirigía a una muerte casi segura.
En una fiesta, Leonardo lo humilló de nuevo, pero Arturo lo superó con su música, ganando un reloj de oro de su abuelo.
Sin piedad, Leonardo destrozó el reloj, el último vínculo de Arturo con su familia.
Cegado por la rabia, Arturo lo golpeó, dejándolo inconsciente.
Isabela, furiosa, le exigió a su padre que castigara a Arturo con azotes.
Cincuenta latigazos cayeron sobre su espalda, un recordatorio de su humillación.
Arturo, con voz ronca, solo dijo: "Solo me arrepiento de haberte amado".
Al día siguiente, Isabela lo visitó, no para disculparse, sino para advertirle que se mantuviera alejado de Leonardo.
Él le dijo con desprecio que entendía que su honor no significaba nada para ella.
"Tengo una guerra a la que asistir. Vete de mi vista."
Más tarde, Leonardo lo acusó de envenenamiento, y Arturo fue humillado y forzado a observar a Isabela cuidar de su rival.
"Eres un adorno," le dijo ella, y Arturo finalmente sintió una indiferencia liberadora: su corazón se había vuelto piedra.
En una cacería, Arturo ganó un caballo, pero Isabela intentó cambiarlo por un collar de diamantes para Leonardo.
Arturo se lo regaló, diciendo: "No quiero tu dinero", y se alejó.
En el cementerio familiar, Felipe, su leal asistente, apareció.
Leonardo llegó ebrio, insultó a Felipe y lo apuñaló, arrojando su cuerpo a un barranco.
La rabia de Arturo explotó: el último hilo de humanidad se había cortado.
Quiso matar a Leonardo, pero Isabela se interpuso, hiriéndose.
Arturo fue encarcelado, liberado solo para ir a la frontera como castigo.
"No siento nada por ti, Isabela. Eres una extraña para mí."
Isabela dudó por primera vez.
Arturo y su contingente salieron de la capital, hacia la frontera, sin mirar atrás.
Mientras, Isabela, al descubrir que Leonardo la había engañado y solo se había aprovechado de ella, lo expulsó de la casa.
Consumida por el arrepentimiento, empezó a investigar a la familia de Leonardo.
Con pruebas irrefutables, expuso sus crímenes y, en un enfrentamiento final, ella misma mató a Leonardo.
Decidió ir a la frontera en busca de Arturo.
Arturo, entretanto, se había convertido en un líder legendario en la frontera, pacificando el territorio.
Un día encontró a un hombre herido, Mateo, y lo ayudó.
Mateo le confesó que era el último de una casa noble traicionada, que buscaba justicia.
Arturo le prometió ayudarlo a limpiar el nombre de su familia, sellando un vínculo profundo.
Isabela los encontró en un oasis, pidiendo perdón y queriendo regresar a la capital.
Pero Arturo la rechazó: "Mi vida ya no te incluye. Tengo a alguien a quien proteger".
Isabela, desesperada, reveló el verdadero nombre de Mateo, pero él confesó su amor incondicional por Arturo.
Arturo y Mateo se alejaron juntos, dejando a Isabela sola en la tormenta, su destino sellado.
Días después, una tribu renegada atacó el campamento durante la tormenta.
Isabela, al ver a Arturo en peligro, se interpuso entre él y una lanza, salvándole la vida.
Arturo la llevó a la tienda del médico, rogando que la salvaran.
Isabela se recuperó, y Arturo y Mateo finalizaron la pacificación de la frontera.
Regresaron a la capital como héroes.
En una ceremonia pública, se le ofreció a Arturo cualquier cosa por salvar a la nación.
Él pidió justicia para Mateo, que la casa de Alarcón fuera exonerada.
La verdad sobre la conspiración salió a la luz, el nombre de Mateo fue limpiado, y recobró su título de duque.
Pero Mateo lo rechazó todo, eligiendo la libertad junto a Arturo.
Juntos, Arturo y Mateo dejaron la capital, buscando una vida de paz y aventura.
En las llanuras del norte, Arturo, lleno de felicidad, le pidió matrimonio a Mateo.
Se casaron en una ceremonia íntima, sellando su amor con la promesa de ser "ancla" y "alas" el uno del otro.
Vivieron dos años viajando, encontrando la paz en un pequeño pueblo de la frontera.
Pero la capital los llamó de nuevo: una rebelión amenazaba con la guerra civil.
Arturo y Mateo regresaron, una vez más, para salvar la nación.
Antes de partir, encontraron a Isabela, ahora una mujer sin hogar y con la mente perdida.
Arturo y Mateo finalmente dejaron la capital para siempre, cabalgando hacia el sol poniente, hacia su hogar.
Su leyenda, del héroe y su compañero, fue la de un amor que eligió la libertad sobre el poder. Le puede gustar
La esposa abandonada regresa como heredera multimillonaria
Willow Chase Di a luz a mis gemelos completamente sola en una ruidosa habitación de hospital compartida.
Mientras yo agonizaba por el agotamiento del parto, mi esposo Julian estaba en una fiesta celebrando el éxito de mi hermana adoptiva, Amelia.
Cuando lo llamé temblando para decirle que sus hijos habían nacido, solo escuché risas de fondo antes de que me respondiera con frialdad.
"Estoy ocupado. Mándale los detalles a mi asistente".
Me colgó. Los familiares de las otras pacientes me miraban con lástima y murmuraban a mis espaldas, burlándose de la esposa a la que el gran Julian Sterling iba a dejar en la calle por una actriz.
Para darle su lugar a Amelia, Julian me había obligado a firmar un acuerdo de divorcio que me dejaba sin nada, amenazándome con obligarme a abortar si me negaba.
Incluso mis padres adoptivos me habían dado la espalda para apoyar a su hija biológica.
Me acurruqué en la cama llorando en silencio, sintiendo una humillación y una desesperación asfixiantes.
¿Por qué tenía que sufrir tanto solo por ser adoptada? ¿Cómo podía un padre ser tan cruel y descartar a sus propios hijos como si fueran basura?
Justo cuando creía que mi vida estaba acabada, el jefe de obstetricia vio una peculiar marca de nacimiento en mi muñeca.
Una prueba de ADN de emergencia reveló lo imposible: yo era la hija perdida de la multimillonaria familia Beaumont.
Horas después, mis verdaderos padres y mis tres poderosos hermanos llegaron en un jet privado para protegerme, jurando destruir a quienes me hicieron daño.
Con el imperio Beaumont respaldándome, tomé mi celular y le envié un mensaje a Julian.
"Mañana a las diez en el ayuntamiento. Es hora de firmar el divorcio". Matrimonio relámpago con el padre de mi mejor amiga
Zhi Yao En la gala benéfica, apreté mi copa de champán hasta casi romperla mientras veía a Alonso, mi tutor legal, anunciar su compromiso con mi ex mejor amiga.
Yo, la heredera caída en desgracia, no era más que la "arrimada" con un vestido barato manchado de alcohol, soportando las burlas de quienes antes adulaban a mi familia.
Huí a la biblioteca buscando aire, pero allí me topé con Diego Carranza, el magnate más temido de la ciudad y padre de mi única amiga.
Ebria de humillación y desesperación, cuando él me ofreció un pañuelo, yo le pedí algo mucho más peligroso:
«Cásate conmigo. Necesito un escudo que él no pueda escalar».
Esperaba una burla, pero él sacó un contrato y una pluma.
A la mañana siguiente, desperté en su ático con un anillo de platino y una tarjeta negra sin límite.
Alonso, furioso al descubrir que su "propiedad" se había escapado, intentó usar mi fideicomiso para extorsionarme, gritando que me dejaría en la calle y arruinaría a mi "misterioso esposo" si no volvía a su control.
Yo temblaba, pensando que solo era un peón en un juego de poder, un capricho que Diego desecharía cuando Alonso atacara su imperio.
Pero Diego no solo no parpadeó, sino que hundió las acciones de Alonso en una hora con una sola llamada.
Esa tarde, me llevó a una casa en el lago y me mostró un jardín secreto de rosas blancas -las favoritas de mi madre- que él había cultivado en silencio.
Me miró con una intensidad aterradora y susurró:
«No me casé contigo por negocios, Isabel. Cultivé este jardín durante tres años, esperando el día en que me dejaras salvarte». La esposa que nunca conociste
DaniM Durante dos años de matrimonio, ella fue simplemente Elena Campos: una mujer abnegada, de origen modesto y perfil bajo que soportó la indiferencia de su esposo y el desprecio constante de su familia política. Para la alta sociedad, Elena era una campesina huérfana sin apellido ni linaje que logró casarse con Adrián Valente, el frío e implacable heredero de Valente Group, solo por un acuerdo conveniente entre familias.
Lo que Adrián jamás imaginó es que "Elena Campos" era una identidad fabricada. Su esposa era en realidad Helena Sterling, la brillante heredera de una de las firmas de inversión más poderosas del continente, quien decidió vivir bajo un nombre común para alejarse de la codicia corporativa.
Cansada de esperar un amor que nunca llegó y de ver cómo su paciencia era tomada por debilidad, el día de su segundo aniversario Elena recibe el golpe final: Adrián le entrega los papeles de divorcio para comprometerse con su amor de juventud, recién llegada del extranjero. Sin hacer escenas ni exigir un solo centavo de pensión, Elena firma, toma una pequeña maleta y desaparece sin dejar rastro.
Meses después, Valente Group enfrenta la crisis financiera más feroz de su historia y necesita con urgencia la aprobación del gigante financiero Sterling Corp. Al entrar a la sala de juntas para rogar por un rescate corporativo, Adrián se encuentra cara a cara con la temida presidenta ejecutiva del conglomerado... y descubre que la mujer "sin apellido" a la que abandonó es la única que sostiene el destino de su imperio. Mi romance oscuro con el multimillonario
Viviene Advertencia de contenido/desencadenantes:
Esta historia contiene temas maduros y contenido explícito destinado a público adulto (mayores de 18 años). Se recomienda discreción al lector.
Incluye elementos como dinámicas BDSM, contenido sexual explícito, relaciones familiares tóxicas, violencia ocasional y lenguaje soez.
No se trata de una novela romántica cursi. Es intensa, cruda y desordenada; explora el lado más oscuro del deseo.
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"Quítate el vestido, Meadow".
"¿Por qué?"
"Porque tu ex está mirando", dijo él, recostándose en su asiento. "Y quiero que vea lo que perdió".
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Se suponía que Meadow Russell se iba a casar con el amor de su vida en Las Vegas. Sin embargo, se topó con su hermana gemela teniendo relaciones con su prometido.
Una copa en el bar se convirtió en diez. Un error de borracha se convirtió en realidad. Y la propuesta de un desconocido se convirtió en un contrato que ella firmó con las manos temblorosas y un anillo de diamantes.
Alaric Ashford, el diablo con un traje Tom Ford hecho a medida, era un CEO multimillonario, brutal, y posesivo. Un hombre nacido en un imperio de sangre y acero.
Además, padecía una enfermedad neurológica: no tenía sensibilidad. Ni objetos, ni dolor, ni siquiera el contacto humano.
Hasta que Meadow lo tocó y él lo sintió todo. Y ahora ella le pertenecía. En el papel y en su cama.
Ella quería que él la arruinara. Que tomara lo que nadie más pudo tener. Él quería control, obediencia... venganza.
Pero lo que empezó como una transacción se convirtió poco a poco en algo que Meadow nunca se habría imaginado.
Obsesión, secretos que nunca debieron salir a la luz y un dolor del pasado que amenazaba con romperlo todo.
Alaric no compartía lo que era suyo.
Ni su empresa.
Ni su esposa.
Y desde luego, tampoco su venganza. El Regreso de la Esposa Despreciada
S. Mejia Durante tres años, Clara entregó su alma para ser la esposa perfecta del enigmático y frío multimillonario Alexander Montenegro. Soportó en silencio las crueles humillaciones de su suegra y la constante sombra de Valeria, el primer amor de su marido. Clara creía que con paciencia y devoción lograría ganarse el corazón de Alexander. Pero la ilusión se hizo cenizas la noche de un trágico accidente.
Cuando Alexander se vio obligado a elegir a quién salvar del peligro, no dudó en correr hacia Valeria, dejando a su esposa atrás. En ese instante, entre sirenas y dolor, el corazón de Clara no se rompió; se volvió de hielo. Desde una fría cama de hospital, firmó los papeles de divorcio y desapareció sin dejar rastro, llevándose consigo su dignidad y un talento oculto.
Dos años después, el destino los vuelve a enfrentar. Clara ha regresado, pero ya no es la joven sumisa que mendigaba migajas de atención. Ahora es C. Laurent, una diseñadora de fama internacional, empoderada, brillante y deslumbrantemente inalcanzable.
Alexander, atormentado por el vacío que ella dejó y dándose cuenta del error que cometió, descubre que la brillante mente maestra con la que su imperio necesita firmar un contrato vital es nada menos que su exesposa. Obsesionado con recuperarla, pronto comprenderá que la nueva Clara no está dispuesta a ceder. El hombre que estaba acostumbrado a que el mundo se postrara a sus pies, tendrá que enfrentarse a la implacable reina que él mismo forjó y descubrirá que el perdón tiene un precio muy alto: su propio orgullo.