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La Verdad después de mi Muerte

La Verdad después de mi Muerte

Flotaba, una sombra invisible, en el segundo aniversario de mi muerte. Abajo, en el brillante escenario, Isabela, mi supuesta mejor amiga, recibía el premio "Corazón de Oro", aclamada por toda una nación. Mateo, mi amor secreto, la miraba con una adoración que, trágicamente, una vez fue mía. De repente, mi viejo smartphone, el diario de mi alma y mi única prueba, se deslizó ante la cámara principal. Mateo, con asco, exigió que lo quitaran, tildándome de "basura que trae mala suerte". Los comentarios en pantalla explotaron, condenándome y elevando a Isabela a santa. La sagaz periodista Ana María, sin inmutarse, encendió mi teléfono y leyó mi blog privado. La primera entrada reveló mi donación anónima, exponiendo la fachada del "primer acto benéfico" de Isabela. Ella, con cartas falsas, intentó desviar la verdad, mientras Mateo, ciego, la defendía, acusándome de "ideas extrañas" y "rata de alcantarilla". Las revelaciones continuaron: desde mi adopción que liberó nuestro amor secreto con Mateo, hasta mi ingenuidad al confiar en Isabela, quien usó cada confesión para arrastrarme al abismo. Mateo, corroído por la culpa y el odio autoimpuesto, se negaba a creer. ¿Cómo podían, después de todo lo que sufrí, seguir juzgándome tan cruelmente? La tensión explotó. Cuando Mateo intentó silenciarme destrozando el teléfono, este, roto, emitió una grabación. Mi voz, desde el más allá, sonó. Eran mis últimos instantes, narrando la brutalidad de Isabela, su red criminal, y el horror de mi asesinato. La verdad enterrada, por fin, veía la luz.
Parientes Viles de Carmen

Parientes Viles de Carmen

Después de un año cuidando a mi nieto, lejos de mi Triana y de Mateo, regresé a casa en Sevilla anhelando la paz. Mi sobrina Sofía, con aparente gratitud, me entregó 2000 euros de despedida. Sentía que, al fin, la tranquilidad me abrazaría en mi hogar. Pero esa paz se desvaneció al instante con una llamada. La voz de Javier, marido de Sofía, tronó acusándome brutalmente de robarles el dinero. "¡Era una farsa! ¡Devuélvelo!", gritó sin vergüenza. El silencio cómplice de Sofía, al fondo, fue una puñalada en el alma. Mi año de sacrificio se torció en desprecio y difamación. Corté sus privilegios económicos, bloqueando la tarjeta que soportaba su vida en Madrid. Sofía irrumpió en mi clase de flamenco, humillándome públicamente y atacándome para robar. La crueldad culminó con Javier deseando la muerte a mi Mateo, usando su grave enfermedad cardíaca. ¿Cómo podían ser tan viles? ¿Después de todo lo que les di, solo veían dinero y querían la muerte de mi amor? La rabia helada y la incredulidad me invadieron. Cuando Javier retuvo las pastillas de Mateo, dejándolo agonizando, tuve que ceder, entregando todo. Pero mientras huían, confiados en su triunfo, mi voluntad se forjó. "Policía Nacional", dije con voz inquebrantable al teléfono. "Quiero denunciar un robo con violencia... tengo la grabación de todo." Porque La Carmen estaba de vuelta, y esta vez, la justicia flamenca iba a bailar.
Venganza De La Hermana

Venganza De La Hermana

Mi vida era una postal perfecta: un resort de lujo en Cancún, el sol, la música de mariachi, mi pequeña Sofía Jr. riendo en la piscina y mi esposo, Carlos, con esa sonrisa que me hizo creer en los cuentos de hadas. Todo parecía felicidad. Pero esa perfección se hizo añicos cuando Carlos subió al escenario, su sonrisa transformada en una mueca de dolor. Anunció que Sofía Vargas, o sea yo, era infiel. La pantalla gigante mostró un video granulado: una mujer inquietantemente parecida a mí en la cama con un desconocido. El murmullo de la multitud se convirtió en gritos y acusaciones. Para rematar la humillación, mi propia hija, Sofía Jr., se levantó la blusa, revelando horribles moretones y acusándome: "¡Mami es mala! ¡Mami me pega!". Luego, mi padre, Ricardo Vargas, sumó la traición empresarial: "Sofía ha estado robándonos durante años". Las acusaciones cayeron sobre mí como una lluvia de rocas: infidelidad, abuso infantil, desfalco. La gente me atacó, arañó y golpeó. Caí al suelo, viendo a mi familia observarme con un triunfo frío y calculado. No entendía. ¿Por qué me hacían esto? La oscuridad me envolvió. Pero, de repente, desperté. Era mi cama, mi casa en la Ciudad de México. Miré el calendario: 4 de mayo. El día antes de todo. No estaba muerta. Había regresado. Y esta vez, no permitiría que sucediera. Descubriría la verdad y limpiaría mi nombre, para luego cobrar la venganza.
Destruí a los causantes de la muerte de mi hija

Destruí a los causantes de la muerte de mi hija

Elora Griffiths iba en camino a dejar a su hija en la escuela cuando los enemigos de su esposo comenzaron a disparar en la calle. La guardaespaldas que su esposo había asignado personalmente para protegerlas abandonó el auto tan pronto como sonaron los disparos. Madre e hija fueron alcanzadas varias veces por disparos y se tambalearon al borde de la muerte. Elora llamó desesperadamente a su esposo, Rodger Griffiths, pero él no respondió. Su hermano, Hugh Dale, llegó justo a tiempo y las salvó a ambas. "¿Cómo pudo pasar esto? ¿Rodger no asignó a alguien para que las protegiera?", preguntó Hugh. Elora lloraba desconsoladamente mientras le contaba: "¡La guardaespaldas se escapó!". Camino al hospital, desesperada, siguió intentando llamar a su esposo. Hizo una llamada tras otra...Finalmente cuando le marcó por enésima vez, la línea se conectó. Al otro lado estaba la guardaespaldas, temblando y apenas podía contener las lágrimas. "¡Rodger, realmente no es mi culpa! Había tantos asesinos. ¡Si intentaba detenerlos, habría muerto! Tenía tanto miedo...". Elora contuvo la respiración, esperando que la ira de su esposo se desatara. Pero este solo suspiró y dijo: "Déjalo así. Lo importante es que estás a salvo". Mientras tanto, su hija respiró por última vez en los brazos de su madre. Elora mantuvo a la pequeña cerca mientras su cuerpo se enfriaba y se ponía rígido, luego apretando los dientes aseguró con furia: "¡Hugh, me voy a divorciar de él! ¡Cortaré cada envío de armas a la familia Griffiths de la mayor compañía de armas en Crownport!".