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Mi Vientre, Su Infierno: La Caída del Tirano

Mi Vientre, Su Infierno: La Caída del Tirano

El aire de mi bodega olía a tierra y roble, el aroma de mi vida. Ese día, un nuevo olor, el de la esperanza, se mezcló: el análisis de sangre daba positivo. Después de años de tratamientos y agonía, después del accidente donde perdí al primer bebé, ¡por fin estaba embarazada de mi tan anhelado hijo! Planeé la cena perfecta para darle la noticia a mi esposo, Máximo, el hombre para quien un heredero era una obsesión. Pero él llegó tarde, con olor a otra ciudad, arruinando mi momento. Cuando le insinué sobre unas compras de bebé que encontré en sus tarjetas, creyendo ingenuamente que él ya lo sabía y que esta vez sería diferente, su respuesta me congeló. "La que está embarazada es otra mujer. Se llama Sasha. Yo voy a ser padre. Tú no." Mi mundo se hizo pedazos. Le mostré mi prueba de embarazo, el milagro que me aferraba a la vida, y él ni la miró, con una burla cruel en sus labios. Al intentar huir y pedir el divorcio, Máximo me detuvo con violencia, atrapándome en mi propia casa, una prisionera en una jaula de oro. Lo seguí en secreto hasta Buenos Aires, solo para verlo con Sasha, su amante embarazada, y confirmar mi infierno. En un acto de rabia y desesperación, me enfrenté a ellos en un estacionamiento subterrámo. Él me empujó con brutalidad, y luego ordenó a sus guardaespaldas que me golpearan repetidamente en el vientre. Y en ese momento, volví a perderlo todo. Mi segundo bebé, el que Máximo no sabía que cargaba en mi vientre, el milagro que me devolvía la fe, se desprendió de mí, robado por la misma crueldad que lo había creado todo. Cuando Emily, mi mejor amiga, lo llamó al hospital para decirle que habíamos perdido al bebé, su respuesta fue una risa burlona: "Otra vez con el drama. Ya me aburrió". La última chispa de esperanza en mi alma se extinguió. Ahora, solo queda el resentimiento, el dolor y una pregunta: ¿qué se necesita para que un hombre tan cruel pague por cada gota de dolor que ha causado? Quizás, el destino ha preparado una venganza que ni él podrá escapar.
Mi Dinero, Mi Destino: La Batalla por la Dignidad

Mi Dinero, Mi Destino: La Batalla por la Dignidad

Trabajé cuarenta años como cocinera en la bodega, soñando con mi jubilación y cuidar a mi nieto. Pero el día que Lucía, la novia de mi hijo, quedó embarazada, mi marido Javier me exigió algo inesperado: firmar unos papeles para ceder mi pensión vitalicia. No era para Javier ni para mi hijo Mateo, sino para Sofía, la amiga de la infancia de Javier, su primer amor y quien, supuestamente, "la necesitaba". Mi corazón se detuvo al ver su nombre. Cuando los confronté, escuché la verdad de sus bocas: mi marido llevaba años dándole su sueldo a Sofía, y mi esfuerzo de toda una vida era para ellos un "asunto menor". Intentaron acorralarme, ofrecerme una miseria por mi propio dinero. La rabia me llevó directo a casa de Sofía, donde descubrí a mi propio hijo entregándole regalos mientras ella le envenenaba contra mí. La abofeteé, y mi marido, sin dudarlo, me agredió, echándome de la casa de su amante. Volví a la mía, donde Javier ni siquiera me pidió perdón. Amenazó con traer a Sofía a vivir con nosotros si no firmaba. Y entonces lo supe: si querían mi dinero y mi casa, que lo tuvieran. Con una maleta en la mano, salí de mi vida de cuarenta años, mientras Sofía y Javier me rociaban con agua sucia desde el balcón, riéndose de mi "estupidez". Pero en mi corazón no había lágrimas, solo una calma helada. La venganza es un plato que se sirve frío, y yo acababa de empezar a cocinar el mío.
Adiós al Viejo Dolor

Adiós al Viejo Dolor

La música ensordecedora del rancho apenas lograba ocultar el eco de mi corazón roto. Aquí estaba yo, Sofía Ramos, la "esposa legal", observando cómo Ricardo, mi esposo, celebraba el bautizo de su hijo con Elena García, la viuda de su hermano y mi examiga. Y el niño no era mío. Mi hija Camila, de solo cinco años, se aferraba a mi mano, fantasmas en nuestra propia casa, ignoradas por todos mientras ellos posaban para las fotos, la imagen de la familia perfecta. Elena se acercó, su sonrisa dulce para los demás, pero helada para nosotras. "Sofía, querida, asegúrate de que Camila no moleste a los invitados", dijo, y discretamente, clavó sus uñas en la mano de mi pequeña. Un quejido ahogado de Camila, sus ojitos llenos de lágrimas, y una rabia hirviente me recorrió. Pero el mundo se detuvo cuando el caos estalló: gritos, disparos. Los enemigos de Ricardo nos emboscaban. Y él, sin dudarlo, empujó a Elena y a su hijo detrás de él, protegiéndolos. Luego, me miró, y en sus ojos, vi la decisión. Sin decir una palabra, corrió hacia la casa con ellos, dejándonos a Camila y a mí solas, a merced de su enemigo. Fui arrastrada, golpeada, torturada por un año, preguntándome cada día si mi hija seguía viva, si ella también sufría. Cuando por fin escapé, débil y marcada, lo único que deseaba era volver a casa, a la hacienda, con mi hija. Pero al encontrarla, el infierno no había terminado, solo había cambiado de forma. Mi pequeña Camila estaba en una jaula, en las perreras, sucia, desnutrida, sus ojos vacíos, comiendo sobras de un tazón de metal junto a perros salvajes. "¡Mami, sácame de aquí! Los perros me muerden. Elena me pega. Siempre tengo hambre", su llanto, un lamento animal, me desgarró el alma. La furia me consumió, una rabia primal que me dio la fuerza. Rompí la jaula. Y en ese mismo instante, escuché risas. Ricardo y Elena celebraban, brindando por su aniversario. El aniversario de mi abandono. El aniversario del infierno de mi hija.
Su Venganza Se Alza del Manicomio

Su Venganza Se Alza del Manicomio

Entré en la exclusiva boutique de la Avenida Presidente Masaryk y el aire acondicionado me golpeó la piel, helándome al instante. Ahí estaba ella: Alicia, mi hermana adoptiva, deslizando la tarjeta Centurion de mi esposo para pagar su vestido de novia. Hace tres años, ella manipuló el equipo neonatal durante mi parto en casa, asfixiando a mi hijo recién nacido. Luego le dijo a todo el mundo que yo era una adicta que había matado a su propio bebé en medio de una alucinación. Mi esposo, Carlos, no solo le creyó; me encerró en una instalación psiquiátrica de alta seguridad en el norte del país para "arreglarme". Durante tres años, me pudrí en aislamiento mientras ella tomaba mi vida, a mi esposo, y desfilaba con un niño que ni siquiera era de él como el heredero de los Ferrer. Incluso mis padres se pusieron de su lado, protegiendo su imagen pública por encima de la cordura de su propia hija. Creen que sigo siendo la frágil niña de sociedad que se derrumbaría bajo su manipulación psicológica. Creen que estoy aquí para suplicar perdón. Saqué una memoria USB plateada de mi bolso y di un paso hacia la luz. —¿De compras para la boda, Alicia? —susurré, mi voz cortando su risa de tajo. —Espero que el vestido combine bien con el informe forense que prueba que asesinaste a mi hijo. El juego terminó, Carlos. No estoy aquí para reconciliarme. Vengo a reducir tu imperio a cenizas.
Matrimonio relámpago

Matrimonio relámpago

Rhonda era una chica que amaba demaisado. Después de que su novio de varios años perdiera su trabajo, ella no dudó en apoyarlo económicamente. Incluso lo mimó, para que no se sintiera deprimido. ¿Y qué hizo él para devolverle el favor? ¡Engañó a Rhonda con su mejor amiga! Ella estaba tan devastada. Para hacer que su ex infiel pague, aprovechó la oportunidad para casarse con un hombre que nunca ha conocido. Eliam, su esposo, era un hombre tradicional. Él le dijo que él sería responsable de todas las facturas de la casa y que ella no tendría que preocuparse por nada. Rhonda se rio de él y concluyó que era uno de esos hombres a los que les gusta presumir de su habilidad. Pensó que su vida de casada sería un infierno. Al contrario, Eliam resultó ser un esposo cariñoso, comprensivo y hasta un poco pegajoso. Él la animó a ascender en la escala profesional. Además, la ayudaba con las tareas del hogar y le daba carta blanca para decorar su hogar. No pasó mucho tiempo antes de que comenzaran a apoyarse mutuamente como un verdadero equipo. Eliam sabía cómo resolver los problemas de la vida. Nunca dejaba de acudir en ayuda de Rhonda cada vez que ella estaba en un aprieto. A primera vista, parecía un hombre común, por lo que Rhonda no pudo evitar preguntarle cómo podía poseer tantos conocimientos acerca de diferentes áreas. Pero Eliam siempre ha logrado esquivar esta pregunta. En un abrir y cerrar de ojos, Rhonda alcanzó la cima de su carrera gracias a la ayuda de su esposo. La vida les iba bien hasta que un día, Rhonda encontró una revista de negocios global. ¡El hombre de la portada se parecía exactamente a su marido! ¡Qué significaba eso! ¿Eran gemelos? ¿O le estaba ocultando un gran secreto todo este tiempo?