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¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!

Capítulo 8 Una humillación pública

Palabras:1184    |    Actualizado en: 05/11/2026

noche en cas

ses, durmió de verdad

staba en la cocina. Había preparado caldo de pollo casero especialmente para Avery y le había

ue pensaba renunciar a Blackwood Capital y pasar el mes

len se habí

bía insistido Edward-.

había negado suave

fectamente. Si me quedo en casa sin hacer nada, no dejaré de

rd había cedid

*

r con el desayuno, pero

. Lo tengo tod

acomodó en el so

erca de casa. Las reseñas eran excelentes, así que lo guardó entre

or la pantalla hasta que, d

a publicado

de Adrian. Avery lo había agregado años atrás, cu

n la gente de siempre. Ver a estos dos juntos

n incluía nue

parecía

su la

Ash

el hombro de Adrian, con las mejillas teñidas de vergüenza. Él la rodeaba ligeramente con un brazo y

fotografía pensaría que est

de Adrian sabía que e

ara el

unca había impo

habría publicado aquellas fotos a pr

rdo le inva

léfono sin vo

*

al balcón y respiró el

a mano sobr

taban do

del di

mente se casa

ían h

los que

que criaría

e la niña que cre

ún día lo que era ten

ve

llegó desde la

yuno est

mpezaban a acumularse en sus ojos. Inspiró hond

en la planta baja, la sonrisa

*

Daniel la llevó en aut

asiado hasta que se detuvier

a miró d

uy callada. ¿

ó una sonri

oy b

le c

onmigo. Guardártelo todo no es

a través de la ventanill

habló en

solo... todavía estoy tratando de acep

fuerza. Ojalá hubiera algo que pu

olo re

Algún día de

ntió con

o

*

entral de Blackwood Cap

entrar sana y salva en el

l vestíbulo, Aver

cababa d

encarnaba a la perfección al poderoso empr

l

re

canz

que a

ue también te

cá

rvaba para o

oprimía el pecho y se ap

ías, Sr.

aberla oído. Más bien, su expre

bra, se dirigió al

uertas se cerraron tras él. Después, t

*

ó a tratar directamente con Avery. Otro empleado se encarg

no le

rminara, antes

*

ol de invierno por fin logró

nado con vistas al Támesis. Avery pensó que un breve paseo

pción, dos hombres entraron

Ethan

e Avery nunca había visto. A juzgar por la familiaridad con la

caminando. No tenía intención

seguida. Su embarazo hacía que

y se plantó delibera

o y alzó la vi

Har

s. El desprecio en su

Pensé que ibas a fingi

uardó s

una ris

es que casarte con Adrian te c

termo. En vez de discutir, se

avesó un pie

rió en un

odillas sobre el suelo de mármol pulid

sus manos y su contenido q

de p

ro

por tod

erdió e

llevó ambas manos al v

an había presenciado toda

s ojos,

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¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!
¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!
“Una gélida tarde de diciembre, Avery Collins, embarazada de veinticinco semanas, entra en una pastelería con antojo de algo dulce. Pero lo que encuentra es a su marido, Adrian Blackwood, el frío y brillante director ejecutivo de Blackwood Capital, compartiendo un momento íntimo con otra mujer. En ese instante, Avery por fin lo comprende. Hay personas que nunca serán tuyas, por mucho tiempo que lleves amándolas. Lleva ocho años enamorada de Adrian, desde mucho antes de que él siquiera supiera su nombre. Un error de una noche, un embarazo inesperado y una boda impuesta por la presión familiar convirtieron su sueño en una prisión. Mientras Avery lo daba todo por su matrimonio, Adrian estaba convencido de que ella le había tendido una trampa. Así que decide dejarlo ir. Tras dar a luz a su hija, Avery toma la decisión más dolorosa de su vida. Sabe que jamás podría vencer a la poderosa familia Blackwood en una disputa por la custodia, así que deja a la niña al cuidado de Adrian y se marcha a estudiar a la Universidad de Stanford. Solo se lleva una fotografía de su bebé y encarga a su abogado que tramite el divorcio. Cinco años después, Avery regresa convertida en una periodista financiera de renombre mundial: hermosa, brillante e irreconocible. Entonces, su abogado le da una noticia que la deja atónita. Adrian nunca firmó los papeles del divorcio. -Dice que, si quiere divorciarse... tendrá que pedírselo en persona. La respuesta de Avery es tajante. -Entonces dígale al señor Blackwood... que nos veremos en los tribunales. Cree que con eso el asunto está zanjado. Hasta que una niña desliza su manita entre sus dedos. -Señora bonita... ¿quieres cenar conmigo? Avery alza la vista y se encuentra con la mirada firme de Adrian. -Señora Blackwood -dice él en voz baja-, nuestro divorcio puede esperar. Y cuando la niña susurra: «Por favor, no vuelvas a dejarme...», Avery comprende que la única batalla que creía haber ganado apenas acaba de empezar.”