naron en la puerta de
en voz baja-, tu papá
lo dejó de nuevo sobre la mes
os figuras familiares cruz
ap
adiante ilumi
an
ro le devolv
raje
de compras sobre
a v
pudo con Avery
ué
a de joyería azul m
br
factura, adornada con delicadas hojas de hied
le iluminar
prec
los brazos
aci
ra que t
sa y le revolvió el
bufanda de seda y un lujoso set de p
cocés de dieciocho años y varias especialidades lo
ardó en llen
anas, Avery se sintió
*
dedor de la mesa del comedor, D
.. ¿cuánto
dos
son
que es
y as
S
llevarse una
lo
mandaron hacerm
ó una mirada de
ora Blackwood está
sintió d
... quizá las cosas en
ajó la
, perdió e
árselo más tarde.
odía seguir
*
mpañada de papas al romero, zanahorias glaseadas con m
nzó en un am
había invertido los últimos ahorros que le quedaban en la pequeña
comerciales importantes, la compañía se prepa
había estado en
onrió co
nder mi empresa
evantó l
ap
detuvo con
s lo que era y yo me estoy haciendo mayor.
entendió d
ía respalda
ó a Helen, sentada al
decidido que ha l
ano y tomó
amos a
Los ojos se le llenaron
ños juntos, por fin
zón. Nunca se había
ontr
atrás. Había pasado demasiado tiempo sin ser capaz
or fin, lo hab
la mesa no podí
más difícil lo que A
cia el plato y h
uiere div
enc
lcral se apoderó
pacio el cuchil
reció so
tri
ían sabido que aquel día
rdad. Aunque Avery y Adrian eran legalmente ma
nca habían visit
a había cruzado l
preparaban canastas llenas de obsequios par
sía, pero Avery sabía que después repartían discr
uiera se molest
doméstica que tirara los regalos a la basur
n se había limi
iene ningú
ó que quizá el final había sid
rompió de nue
. Después... me iré a Stanford. Ya
el primero
brillante. Mereces la carrera por la que tanto has trabaj
onrió entr
aci
suspiro. Tenía los ojos l
ras con este peso. Somos gente común, Avery. Los
gó con l
decisión y asumiré
pañuelo de pape
nversación volvió a
cena, las risas había
cordó algo que ca
asara, siempre
*
residenciales más antiguos y exclusivos de Londres, un Bentley Flyi
ía pertenecido a l
enía ot
bajó la venta
aordinariamente apuesto. El cálido resplando
nos instantes aquel
osible de descifr
entim
he
ambas
ento, apartó la vista y
léfon
casi de
pasa
de Anya salió
ambre y Adrian no me deja to
na segunda voz, g
ue esperara cin
e rio po
re, ve a comer.
ó la l
asa, iluminada con tanta calidez, Sebastian
silencio y se perdió
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