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¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!

Capítulo 7 Un lugar que aún se sentía como un hogar

Palabras:1171    |    Actualizado en: 05/11/2026

naron en la puerta de

en voz baja-, tu papá

lo dejó de nuevo sobre la mes

os figuras familiares cruz

ap

adiante ilumi

an

ro le devolv

raje

de compras sobre

a v

pudo con Avery

ué

a de joyería azul m

br

factura, adornada con delicadas hojas de hied

le iluminar

prec

los brazos

aci

ra que t

sa y le revolvió el

bufanda de seda y un lujoso set de p

cocés de dieciocho años y varias especialidades lo

ardó en llen

anas, Avery se sintió

*

dedor de la mesa del comedor, D

.. ¿cuánto

dos

son

que es

y as

S

llevarse una

lo

mandaron hacerm

ó una mirada de

ora Blackwood está

sintió d

... quizá las cosas en

ajó la

, perdió e

árselo más tarde.

odía seguir

*

mpañada de papas al romero, zanahorias glaseadas con m

nzó en un am

había invertido los últimos ahorros que le quedaban en la pequeña

comerciales importantes, la compañía se prepa

había estado en

onrió co

nder mi empresa

evantó l

ap

detuvo con

s lo que era y yo me estoy haciendo mayor.

entendió d

ía respalda

ó a Helen, sentada al

decidido que ha l

ano y tomó

amos a

Los ojos se le llenaron

ños juntos, por fin

zón. Nunca se había

ontr

atrás. Había pasado demasiado tiempo sin ser capaz

or fin, lo hab

la mesa no podí

más difícil lo que A

cia el plato y h

uiere div

enc

lcral se apoderó

pacio el cuchil

reció so

tri

ían sabido que aquel día

rdad. Aunque Avery y Adrian eran legalmente ma

nca habían visit

a había cruzado l

preparaban canastas llenas de obsequios par

sía, pero Avery sabía que después repartían discr

uiera se molest

doméstica que tirara los regalos a la basur

n se había limi

iene ningú

ó que quizá el final había sid

rompió de nue

. Después... me iré a Stanford. Ya

el primero

brillante. Mereces la carrera por la que tanto has trabaj

onrió entr

aci

suspiro. Tenía los ojos l

ras con este peso. Somos gente común, Avery. Los

gó con l

decisión y asumiré

pañuelo de pape

nversación volvió a

cena, las risas había

cordó algo que ca

asara, siempre

*

residenciales más antiguos y exclusivos de Londres, un Bentley Flyi

ía pertenecido a l

enía ot

bajó la venta

aordinariamente apuesto. El cálido resplando

nos instantes aquel

osible de descifr

entim

he

ambas

ento, apartó la vista y

léfon

casi de

pasa

de Anya salió

ambre y Adrian no me deja to

na segunda voz, g

ue esperara cin

e rio po

re, ve a comer.

ó la l

asa, iluminada con tanta calidez, Sebastian

silencio y se perdió

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¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!
¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!
“Una gélida tarde de diciembre, Avery Collins, embarazada de veinticinco semanas, entra en una pastelería con antojo de algo dulce. Pero lo que encuentra es a su marido, Adrian Blackwood, el frío y brillante director ejecutivo de Blackwood Capital, compartiendo un momento íntimo con otra mujer. En ese instante, Avery por fin lo comprende. Hay personas que nunca serán tuyas, por mucho tiempo que lleves amándolas. Lleva ocho años enamorada de Adrian, desde mucho antes de que él siquiera supiera su nombre. Un error de una noche, un embarazo inesperado y una boda impuesta por la presión familiar convirtieron su sueño en una prisión. Mientras Avery lo daba todo por su matrimonio, Adrian estaba convencido de que ella le había tendido una trampa. Así que decide dejarlo ir. Tras dar a luz a su hija, Avery toma la decisión más dolorosa de su vida. Sabe que jamás podría vencer a la poderosa familia Blackwood en una disputa por la custodia, así que deja a la niña al cuidado de Adrian y se marcha a estudiar a la Universidad de Stanford. Solo se lleva una fotografía de su bebé y encarga a su abogado que tramite el divorcio. Cinco años después, Avery regresa convertida en una periodista financiera de renombre mundial: hermosa, brillante e irreconocible. Entonces, su abogado le da una noticia que la deja atónita. Adrian nunca firmó los papeles del divorcio. -Dice que, si quiere divorciarse... tendrá que pedírselo en persona. La respuesta de Avery es tajante. -Entonces dígale al señor Blackwood... que nos veremos en los tribunales. Cree que con eso el asunto está zanjado. Hasta que una niña desliza su manita entre sus dedos. -Señora bonita... ¿quieres cenar conmigo? Avery alza la vista y se encuentra con la mirada firme de Adrian. -Señora Blackwood -dice él en voz baja-, nuestro divorcio puede esperar. Y cuando la niña susurra: «Por favor, no vuelvas a dejarme...», Avery comprende que la única batalla que creía haber ganado apenas acaba de empezar.”