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El día que elegí a tu rival

Capítulo 4 El trato

Palabras:1646    |    Actualizado en: 15/10/2026

e vista

jaba de afectarme. La mujer formidable que había sido yacía ahora frágil entre unas sábanas blancas y rígidas. T

débil, pero los ojos se le il

ela -respondí mientras tom

a. Las venas prominentes eran el ras

sobre las últimas adquisiciones del Grupo Carter, me di

queda mucho tiempo -decl

os que dijeron lo mismo -repliqu

zo ningu

orir, Aiden. Quiero tener la ce

nteniendo aquella conversación d

uel

os-. He tolerado tu soltería durante demasiado tiempo. Tienes treinta y dos años,

mperio Carter junto con mi abuelo y se había abierto paso en un mundo de hombre

la mirada-. Prométeme que te casarás p

vagas mientras calculaba las probabilidades de encontrar una esposa adecuada en el tiempo que le

n, con una respuesta lo bastante diplomátic

das. Pasamos otra hora juntos, hablando de negocios y recordando mi

t, mi secretario y mano derecha desde ha

arter? -preguntó al pon

-respondí-. Sigue obse

imiendo a duras pe

ue espera verte sentar c

a mirada de

ganta y adoptó ensegui

as saber. La mujer del acciden

det

bía dado un volantazo para evitar atropellarla y ella había acabado en el suelo. Mi chófer me informó de que no parecía herida,

as, consultando la tablet

l nombre a

uzado en más de una ocasión. Sobre todo desde su reciente colaboración con la Corporación White. Des

que tampoco alguien con quien hubiera

tido de novia cuando ocurrió el accidente. Al pare

é una

dencia tan

m White -reveló Lucas

ultaba sor

pos de mi abuelo, Empresas White había sido una espina clavada en el costado del Grupo Carter, con sus turbias táctic

í-. Presentarle nuestras disculpas y

no entendía mi repentino interés en un asunto qu

e supuse que era su habitación. Estaba de pi

puesto el ve

hizo detene

scurecido los bordes. El velo le caía deshecho sobre los hombros, como el espectro de u

us facciones eran delicadas, casi frágiles, como porcelana a punto de quebrarse. En sus ojos, enrojecidos por el llanto, había una

stido destrozado -o quizá precisame

? -Me acerqué di

stello de reconocimie

cautela después de que me

pliqué mi implicación en la caída y le ofrecí una

-. Crucé la calle sin mirar. En todo caso, de

erada. La mayoría ya habría llamado a sus abogad

la. Su expresión se endureció. La determinación desplazó a la deses

hay algo que podr

que la llevara a casa o que la

te co

oído mal. El jadeo ahogad

uí decir, sin per

ásate conmigo. Será un acuerdo de negocios, nada más. Yo t

mismo, despert

eso que tienes y que yo

veintiún años -declaró-. Sé que el Grupo Carter lleva tiem

a ra

rreno privilegiado que llevábamos más de un año intentando comprar. Benjamin Jones había rechazado

í? -pregunté, ahora sí

ada. La prensa ya se está relamiendo con la historia. Pero imagina cómo reaccionarán

os dos. Solo la propiedad junto al río valía millones y constituía la piedra angular de nuestros planes de expansión. Y

uela resonó en mi cabeza: «Prométeme que te ca

eo, lo que quizá reforzaría sus ganas de seguir luchando contra la enfermedad. Y yo

ije al fin-. Pero

entre esperanz

trata de un acuerdo comercial. Nos presentaremos como una pareja de verdad que se enamoró rápidamente. E

tra imagen ante el mundo empresarial y, al parecer, par

n instante an

respeto y fidelidad durante nuestro matrimonio. También quiero tu apoyo para independiza

ter de lo que probablemente pretendía.

je, tendiéndole la mano-. Ordenaré qu

tí un destello de triunfo en sus ojos. Li

tería el m

isa-. Si vamos a casarnos, al menos deb

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El día que elegí a tu rival
El día que elegí a tu rival
“Doce años de amor, lealtad y promesas se hicieron añicos con un solo disparo. Aria estaba convencida de saber lo que era amar: entregarlo todo, saber esperar y confiar ciegamente en el hombre con el que llevaba más de diez años comprometida. Pero el día de San Valentín, cuando alguien los apuntó con un arma, Liam no dudó en proteger a Sophia, su ex. Aria, en cambio, quedó herida y abandonada a su suerte. -¡Casi mueres! -Y él ni siquiera me miró, Lili. La abrazó como si yo no existiera. Con el corazón roto, pero decidida a no renunciar a su dignidad, Aria toma una decisión impulsiva: casarse con Aiden Carter, el acaudalado rival de Liam, para darle una lección. Sin embargo, Aiden no es un simple consuelo pasajero. Es un hombre poderoso, posesivo y, contra todo pronóstico, dispuesto a protegerla. Y cuando quiere algo, no se anda con medias tintas. Entre el amor que le falló y un hombre que podría pedirle más de lo que está lista para entregar, Aria tendrá que enfrentarse a la decisión más difícil de su vida. ¿Conseguirá por fin ser la prioridad de alguien o acabará perdiéndose a sí misma en el intento?”