e vista
o vibrando sin parar. La cabeza me latía de dolor. Alargué
se había vu
arios que condenaban a Liam por haber protegi
interponerse entre una bala y otra persona.
ona a su prometida en una s
ce a alguien que al menos recuer
o me revolvía
nombre de mi padre ap
compromiso se acabó. Que me condenen si voy a quedarme de brazos cruzados mientr
fue así. Liam solo... no pensaba con claridad. Tuvo que
rró en mi cabeza: «¿Pero protegerte no
haberte costado la vida, Aria! ¿Lo entiendes? Si esa
siquiera la idea-. Papá, lo amo. Llevamos doce años ju
ante unos instantes y acabó
propio bien. Igual que tu madre. Está bien. Pe
unque la incertidumbre seg
abeth White. Elizabeth llevaba puesta una máscara de cortés pr
los tacones de diseñador repiqueteando contra el suelo-. Sen
te. Había un arrepentimi
ba con claridad. Cuando me di cuenta de lo que habí
mos ojos azules de los que me ha
en
iam. Fue una si
junto en el que describíamos el incidente como un desafortunado malentendido ocurrido en un momen
vos de la boda, desde las degustaciones de pasteles hasta las inspecciones del lugar. Su dedicación me
erdían fuerza. En su lugar crecía la
llegó el
alón de baile, transformado para la ocasión en un escenario de cuento de hadas. Los candelabros de cristal bañaban con una l
la emoción. Mi vestido color marfil, confeccionado a medida y cubierto de
tó mi padre mientras apoyaba una
ando oí la voz del m
emos la bienvenida a nuestro apu
estalló e
ron los segundos
l maestro de ceremonias trató de mantener la compostura y restó importancia al «pequeño r
sató un alboroto
ire. Inmediatamente después, se oyó
, vuelve aqu
lado. Tenía el rostro pálido, pero su expresión era decidida. Se había arranca
Sophia se cayó y está herida. No puedo abandonarla así. Vamos.
o, mi mundo s
ción. Todos nuestr
areció en
en que eligió proteger a Sophia durante el tiroteo. En
padre se ensom
puedes sim
corría haci
e novia, rodeada de invitados desconcer
uebró den
espués de todos los preparativos. Después
ligiendo
ue se marchara. No
m! -g
tacones se me clavaban en la piel. Cada paso era un doloroso recordatorio de ha
vi afuera. Estaba a punto de cruzar la ca
de golpe, cada ve
or! -grité al p
unos neumáticos
rme, perdí el equilibrio y caí con fuerza sobre el pavimento. El blanco inmaculado de
lágrimas, vi que
ante un
se encontraron en la distancia. Parec
así subió
elegido
a v
e, algo dentro de m
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