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de vis
rincipal parp
IT
soluto asombro, la sala
boratorio esta
conse
mada a Eira en el hombro mientras el profesor Davies se abr
sto es enorme. Acabamos de
ado detrás de él dej
suficiente para que medio país pierda la cabeza.
ella para hacerse oír
l Alfa Sebastia
asi
onsiderable -continuó él-. Si consigue acceso ant
afectaron más de
u rostro quedaría impasible. Después, sus ojos se volverían más aten
o años anhela
ré esta noch
es s
en qué has es
aunque sus dedos se cerraro
o
ventaja de su vida
uitó el traje de sala limpia y recogió los
uraba en la p
Eira C
pulgar sobr
descartarla por ser una omega sin loba. Nadie podr
oderoso como para que manadas e
a ponerlo en manos
a la suite privada para sus reuniones de negocios hasta altas horas y, en ocasiones, dormía allí cuando aseguraba que e
e llevaba
silencio, amortiguado por una alfombra costosa y por las tenues luces amarillas de
econoció antes
le al Alfa Sebastian. Era el aroma junto al que había dormido durante cu
jo había
e. F
ra s
se de
de luz escapaba por la rendija y, con él, los aromas entrem
hablar al A
empre te he amado. El
manos de Eira. Consiguió su
húmeda en los bordes, aunque bajo ella
érfana omega se convirtiera en tu Luna? ¿Po
onocía bien ese sonido. Lo utilizaba cuando quería qu
ás ce
bería e
la ternura fingida solo lo hizo peor-. Necesitaba una Luna. Los ancianos querían ocupar e
fen
ente a la puerta,
un leve sonido
ah
lleva las cuentas de la manada y evita que mi madre convierta cada cena en un
hundió lenta
amie
No Luna. No
amie
s. Cuando volvió a hablar, ya no qu
ir escondiéndom
tela dentro de la habitación-. Cuando llegue el
l her
tian respondi
ro solo na
erró l
años atrás quizá continuaba afectando su cuerpo. Que no quería hacerle daño. Ella lo había creído porque necesitaba creer que tras aque
o
era mucho
o era
. Rozó su piel con la nariz, y su expresión adoptó una intensidad que Eira jamás h
menos -murmuró-.
inclinó
divórcia
avía
or
hasta convertirse en el que empleab
de atención para que haga cualquier cosa por esta familia. N
peta hasta doblar
nado depositarla sobre el escritorio del Alfa Sebastian y contemplar cómo el orgullo aparecía p
, había descubi
completo. Después, una frialdad di
de la puerta, el ángulo del rostro del Alfa Sebastian, las manos de Serena sobre su
o hasta sentir el alm
o mi
una audiencia ante el Consejo. Suficiente para cual
detuvo la
puertas se cerraron a su alrededor y la
ido, su reflejo
a desconocida le
rostro. Eira no lloró. Las lágrimas le parecían d
Instituto Nacional de Investigaci
ora Cr
la infidelidad de mi compañero. Quiero romper el vínculo y que mi no
estándar o est
ximo. Sebastian no puede enterars
izo una
o te va a c
hacia la Torre Hale-. Consigue su firma a
a y se alejó sin
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