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La vibora de la herradura

Capítulo 2 

Palabras:1250    |    Actualizado en: 17/09/2026

s pliegues del velo de seda de tres metros y la tía Eugenia corría de un lado a otro verificando que los arreglos de orquídeas blancas estuvieran listos

trayecto, la gente del pueblo y miembros de la sociedad salían a las aceras para ver pasar a la joven heredera. El repicar cont

lanqueado por arreglos florales monumentales. Cuando el chofer le abrió la puerta, Alessandra tomó la mano de su tío consort

ortones de bronce del templo, un murmul

resbiterio no había nadie. El altar estaba iluminado por decenas de cirios, pero el espacio destinado al novio permanecía desi

ente entre los invitados mientras el murmullo de la multitud crecía co

os. Su corazón comenzó a latir con una fuerza ensordecedora. La mirada de lástima de las matronas de

, don Aurelio Paredes, caminó hacia Alessandra con paso apresurado. Su rostro, habitualmente severo

mpáñeme a la sacristía de inmediato -p

rprendió a todos por su firmeza, aunque los nudillos se le habían p

do, mirando a la multitu

n central de ferrocarriles... Abordó el tren expreso del norte a las cinco de la mañana. Y n

n tuvo que ser sostenida por dos caballeros antes de desmayarse sobre una b

soltó una sola lágrima. El aire

ó ella, manteniendo la espalda er

a vista, abriendo

as cartas de poder que usted le firmó la semana pasada para la logística de la boda, vació las tres cuentas bancarias principales de la empres

uta; no solo la habían dejado plantada frente a toda la ciudad, sino

dazos fue consumido al instante por una furia fría, oscura y desmedida. Miró el ramo de azahares que llevaba en las manos -s

y luego hacia los trescientos in

a sobria que hizo eco en la nave central de la catedral-. Agradezco la

do para no tropezar y caminó hacia la salida con la cabeza en alto, la

lessandra subió directamente a su recámara, cerró la puerta con llave y

e fracturó en una telaraña de grietas. Con un tirón seco, rompió el encaje del escote y

puerta desesperada

por favor, mi vida! ¡No s

botas de cuero rígido y el cabello recogido en una trenza apretada sobre la nuca. En sus ojos ya no

-ordenó con una serenidad que infundía m

? -preguntó la anciana,

. A partir de hoy, la cap

.. Ese capataz Villaseñor y los peones son hombres r

de piel sobre las manos, miránd

uida. Se equivocó. Me quitó el dinero de las cuentas, pero la tierra sigue siendo mía. Y voy a hacer

apital, dejando atrás las murmuraciones de la sociedad, los azahares marchitos en e

orientos que conducían a las tierras indomables. La guerra

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La vibora de la herradura
La vibora de la herradura
“Una traición la dejó plantada en el altar. La venganza la convirtió en leyenda. Plantada frente a trescientos invitados en la catedral de la capital y despojada de su herencia por Rodrigo, el hombre que juró amarla, Alessandra Sandoval huye del escarnio público para reclamar lo único que le queda: La Herradura, una hacienda árida y endeudada en el corazón del valle. Decidida a no volver a mostrar fragilidad ante nadie, Alessandra cambia los vestidos de seda por botas de piel y un sombrero cordobés, dispuesta a gobernar sus tierras con mano de hierro. En el pueblo no tardan en temerle y apodarla con desprecio: «La Víbora». Pero el peligro no está solo en los chismes de San José del Valle. A su puerta toca Valeria, su prima hermana, quien regresa llorando un falso arrepentimiento y escondiendo en el pecho el frasco de veneno con el que planea terminar el trabajo que dejó a medias en la capital. Mientras Alessandra cobija a la traidora bajo su propio techo creyéndola su única sangre leal, las intrigas familiares amenazan con destruirla desde adentro. En medio de la tormenta, dos hombres sacudirán el muro de hielo alrededor de su corazón: Gabriel Villaseñor, su parco e imponente capataz, dispuesto a dar la vida por protegerla en la sombra; y Mateo Villaseñor, el apuesto, sarcástico y provocador hijo del hacendado vecino, un muchacho risueño que se ha propuesto la peligrosa tarea de desarmarla con coquetería y sacarla de sus casillas. Entre intrigas mortales, secretos no revelados y una pasión que amenaza con consumirlo todo, Alessandra deberá descubrir a tiempo a los verdaderos enemigos antes de que el veneno corra por sus venas. En La Herradura, el amor puede ser tan mortífero como la traición... y solo la víbora más astuta logrará sobrevivir.”