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las últimas tres semanas, el salón principal de la propiedad, una gran construcción colonial en el centro de la capital, con
o la atenta mirada de la alta sociedad local. Alessandra Sandoval, la única heredera del
Llevaba puesto el primer armazón de lo que sería su vestido de novia. Eran metros de seda italia
y querida por toda la servidumbre de la casa. Después de la repentina muerte de su padre hace dos años, un hombre fuerte que había
e hablar tranquila que podía convencer al comerciante más escéptico. Pertenecía a una de las familias más antiguas de la región.
e encaje fue traído a pedido especial desde Bruselas. Tu pobre madre, que en paz descanse, habría soltado una lágrima al verte así. Los Montenegro son una familia de apellido intachable. Aunqu
espalda recta, como le pedían las modistas. Miró su re
Rodrigo sea un hombre honesto y que me quiera. Él ha prometido hacerse cargo de la parte contable de La Herradura para que yo no
tación con una bandeja de té. -Aunque si me dejas dar mi opinión, ese muchacho últimamente anda con demasiado misterio. A veces parece que
la boda, coordinar las invitaciones para trescientas personas y revisar las finanzas de la transición no es tarea fácil. Rodrigo se
as disimulaba. La anciana conocía la mirada de los hombres que amaban la tierra y a la mujer que tenían delante. En los ojos de Rod
lda con alfileres en el piso de arriba, el ambiente
tas de caoba. Las estanterías seguían llenas de libros sobre agronomía y contabilidad. Un enorme escritorio de roble contenía
e documentos notariales en papel sellado. Comprobaba las firmas y los sellos secos. A su lado, Vale
con los mismos lujos y comodidades que a su propia hija. Pero Valeria no sentía gratitud. Al contrario, un resentimiento antiguo crecí
usurro grave, dando un sorbo a la copa y acercándose a la me
s de la firma del acta matrimonial en la sacristía, el notario pondrá los documentos de La Herradura sobre la mesa de redacción. Con el bullicio de la fiesta, los abrazos de lo
a. Caminó alrededor del escri
to bajado del altar. Si te empieza a dar lástima, tu dulce prometida, dímelo de una vez y tomo el tren de
ía en ellos ni una pizca de duda ni de remordimiento. Extendió la mano, to
o mover dinero en el mundo real. Cree que la vida es una novela romántica y que la Tierra se rige por buenas
nte a doscientos invitados de la alta socieda
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