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La vibora de la herradura

Capítulo 3 

Palabras:770    |    Actualizado en: 17/09/2026

vacilante de las primeras horas de la madrugada. Dentro del compartimento privado de p

rdaba en su maletín de cuero. A su lado, recostada contra el tapizado de terciopelo azul, Valeria mantenía los brazos cruzados a la altura del pecho. Su respir

ó Valeria, con la voz ahogada por una rabia contenida

entos con una calma exasperante y cerró el br

da en el norte, Valeria. Modera tu vo

ón-. ¡Tú ganaste! Tú te llevas el efectivo, los títulos de propiedad y el orgullo intacto. Mientras tanto, ¿qué

chocado contra la pequeña mesa del compartimento. Tenía los ojos inyect

ra fila, para ver cómo se le deshacía la sonrisa de niña buena cuando el cura anunciara que no ibas a llegar. Quería verla arrastrarse por el pasillo cent

no con desprecio-. Quedarnos un segundo más en la ciudad era un riesgo innecesario. El aboga

en que mi tío me trajo a esa maldita casa, he tenido que tragarme el odio de ver cómo a ella le daban todo sin mover un solo dedo. Los vestidos importados, las joyas, la devoción de los s

mbros se sacudían violentamente por el llanto. No era un llanto de arrepentimiento; era la

millaste hoy, sí. Pero Alessandra es como su padre. Esa mujer no se va a morir de amor. No va a llorar en un rincón. Se va a ir a La Herradur

mo denso hacia el techo del vagón mientras el tren dejaba esc

radura la espera la tierra seca, un capataz que no recibe ó

fuerza que sentía el sabor metálico de la sangre en su boca. Por dentro, el veneno de la envidia la consumía entera: sabía qu

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La vibora de la herradura
La vibora de la herradura
“Una traición la dejó plantada en el altar. La venganza la convirtió en leyenda. Plantada frente a trescientos invitados en la catedral de la capital y despojada de su herencia por Rodrigo, el hombre que juró amarla, Alessandra Sandoval huye del escarnio público para reclamar lo único que le queda: La Herradura, una hacienda árida y endeudada en el corazón del valle. Decidida a no volver a mostrar fragilidad ante nadie, Alessandra cambia los vestidos de seda por botas de piel y un sombrero cordobés, dispuesta a gobernar sus tierras con mano de hierro. En el pueblo no tardan en temerle y apodarla con desprecio: «La Víbora». Pero el peligro no está solo en los chismes de San José del Valle. A su puerta toca Valeria, su prima hermana, quien regresa llorando un falso arrepentimiento y escondiendo en el pecho el frasco de veneno con el que planea terminar el trabajo que dejó a medias en la capital. Mientras Alessandra cobija a la traidora bajo su propio techo creyéndola su única sangre leal, las intrigas familiares amenazan con destruirla desde adentro. En medio de la tormenta, dos hombres sacudirán el muro de hielo alrededor de su corazón: Gabriel Villaseñor, su parco e imponente capataz, dispuesto a dar la vida por protegerla en la sombra; y Mateo Villaseñor, el apuesto, sarcástico y provocador hijo del hacendado vecino, un muchacho risueño que se ha propuesto la peligrosa tarea de desarmarla con coquetería y sacarla de sus casillas. Entre intrigas mortales, secretos no revelados y una pasión que amenaza con consumirlo todo, Alessandra deberá descubrir a tiempo a los verdaderos enemigos antes de que el veneno corra por sus venas. En La Herradura, el amor puede ser tan mortífero como la traición... y solo la víbora más astuta logrará sobrevivir.”