finalizado a toda prisa. Él la había dejado ir, pero la mirada de sospecha en sus ojos grises le había advertido que el peligro estaba más cerca que nunca. Al menos, los diez mil dólares ya
o, demostró ser cruel
ono. Era Doña Marta, la vecina de la clínica que se encargaba de cuidar a Leo en las pocas horas e
resión arterial se disparó y el médico me ha prohibido salir de la cama hoy. No
ía cubrir las siguientes cuotas del tratamiento médico. Miró a Leo, que estaba sentado en la pequeña mesa de la cocina, vistiendo un overol de mezclilla y jugando en silencio con
alud. Yo... yo encontraré una solución
cura absoluta: llevar a Le
e nervios. Valeria le habló a su hijo
de. Nadie puede verte. Tienes que ser el niño más silencioso del mundo, ¿de acuerdo?
ad, apretando su auto de
un agente secret
iete y cuarenta y cinco de la mañana el flujo de personas era caótico. Subió por el ascensor de servicio y se bajó dos pisos antes del cincuenta, en el área de soporte técnico. S
máquina expendedora. Valeria acomodó a Leo en el rincón más alejado del sof
tarjeta y a revisar unos papeles. Volveré por
ó el niño, comenzando
organizaba la agenda del CEO, pero su alma estaba dos pisos más abajo. Para su alivio, Sebastian Cross no se encontraba en su oficina; estaba encerrado en una
y obediente, pero también poseía una curiosidad insaciable. Tras colorear tres páginas enteras, se cansó. Tomó su auto de
por el suelo de linóleo y pasó justo por debajo de la puerta de la sala de
tor Mateo en su último cumpleaños. Olvidando por un segundo la promesa de "agente secre
puntillas, lo recogió y sonrió. Sin embargo, en lugar de regresar de inmediato, su atención fue capturada por los enormes ventanales al final del corred
n de la junta directiva acababa de
os mayoritarios habían intentado cuestionar sus decisiones sobre la fusión, sugiriendo que su rendimiento había bajado tras el accidente de hace años. Sebastian
ector que intentaba seguirle el paso-. Si no están de acuerdo con los nuevos términos de la fus
ario de los nuevos servidores de datos, buscando descargar su frustración en el trabajo técnico. Estaba tan sumido en su propio enojo, r
a, mirando hacia el cielo a través del cristal, h
to fue i
a la fuerza del impacto, Leo perdió el equilibrio y cayó de sentón sobre la alfombra del pasillo, s
s. Bajó la mirada, con una expresión de pura furia y fastidio en el rostro, listo para reprender severamente al
este...? -las palabras se le ato
arse. Sacudió su overol de mezclilla y levantó la ca
ó quedarse sin aire. El ruido de l
se abrieron de par en par, fijos en el rostro del niño. El pequeño Leo lo miraba con un
l niño poseía unos ojos de un gris tormenta idéntico al de Sebastian. Un tono exacto, una profundidad idéntica, un rasgo genético tan único y específico de la familia Cross
s inundó su mente a una velocidad vertiginosa: el aroma a canela, unas sábanas b
una fuerza brutal contra sus costillas. Se agachó lentamente, quedando a la altura de
de voz quebrado, desprovisto de toda su habit
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