dos y aplicando una capa ligera de polvo para ocultar el rastro de sus lágrimas. Cuando regresó a su puesto de trabajo, su rostro era una máscara de
el intercomunicador de
Ahora -ordenó la voz de Sebas
gas de su camisa blanca sutilmente arremangadas hasta los antebrazos. Al verla entrar, sus ojos grises la recorrieron con una intensidad casi agresiva, buscando las huellas del llanto
os? -preguntó él de repente, entr
só, pero mantu
eñor Cross. ¿En q
s ojos. La frialdad de
el Grupo internacional Thorne. Es un documento de alta prioridad y requiere una revisión exhaustiva línea por lín
la noche significaba no poder ir a ver a Leo a
, señor.
ente ciclo de nómina. Sin embargo... -él hizo una pausa calculada, observando fijamente cada microexpresión de su rostro-, estoy dispuesto a autorizar un
e Sebastian impactaron en ella como un golpe
on la voz temblando por primera vez-. Señor
n una frialdad corporativa que ocultaba sus verdaderas intenciones-. Si acepta quedarse hoy y terminar el info
pero esta vez eran de un alivio abrumador. Sebastian
acias. No le fallaré -dijo, con
anzas en el pasillo y vuelva aquí a las siete de la n
les de la torre se habían apagado, dejando únicamente la iluminación ambiental de la ofici
us dedos sobre el teclado del computador resonaba en todo el espacio. Sebastian, por su parte, leía unos informes en su escritorio p
cuatro años atrás, en aquella noche de hotel, Sebastian le había confesado que cuando el estré
ecuerdo grabado a fuego en su memoria, preparó la bebida: dos cargas de espresso ristretto, una cucharada e
taza de porcelana negra a su lado derecho, ju
rprendido por la interrupción.
café, seño
ve cansado -respondió ella con voz suave, d
paladar, se congeló por completo. Sus ojos grises se abrieron de par en par. El sabor de la canela m
en el ámbito corporativo. De hecho, tras el accidente, ni siquiera su ex-prometida Camila sabía preparar el café de esa manera. Además, ella lo ha
ación a oscuras, sábanas blancas, una risa suave- cruzaron la m
e seco que hizo que el líquido se salpicara.
era fría; era peligrosa, car
ó, asustada po
fé, señor Cross? Lo lament
deando el escritorio con pasos largos y f
ernas chocaron contra el borde de la mesa auxiliar donde e
o, una a cada lado del cuerpo de Valeria, atrapándola por completo en su espacio personal. La sombra de su impone
los labios temblorosos de Valeria, antes de
ca que hizo que a Valeria se le pusiera la piel de gallina-. Nunca le he dicho a nadie en esta empresa cómo tomo el café. Nunca
la respiración entrecortada, sintiendo el ritmo frenético de su
pupilas de él-. No existen las coincidencias de este tipo. Tu voz, tus gestos, la forma en que me miras cuando crees que no te veo... Tod
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