lo? -soltó Safer con una sonrisa condescendie
oler esa falsa seguridad. Su intervenci
r? -preguntó Dianco, y su voz, baja y sorda,
uchar a continuación. No estoy aquí para debatir mi legit
mi lobo son una debilidad, están fi
de pie con torpeza-. ¡No puede hablarnos de esa manera! El Consejo no es su guardia pe
alló en un cruce de murmu
iendo la reacción del joven heredero, convencid
ía de Dianco apagó los murmullos de golpe-. Yo
de ahora en adelante, les guste o no les guste; soy el heredero leg
conomía exponga la situación de l
muró Safer por lo bajo, interca
hombre corpulento de cabello engominado, incorpo
que debo hablar -sentenció Dianco, clavá
quí las preguntas las hago yo
es de dónde provienen nuestros
, se acomodó con aire de suficiencia, esbozando una sonrisa mi
disimulado-. Es simple aritmética que un joven inexp
os directos a los trabajadores, tributos de las empresas y las rega
iento de los impuestos de los trabajadores, un doce por ciento de las
gurar la felicidad de nuestro pueblo dándoles trabajo constante. Rec
n trueno en la sala, haciendo que los crist
a Bodi a retroceder un paso por insti
uso en pie por completo, apoyando el pe
on con una fuerza tan violenta que los papeles del
ra un rugido sordo, contenido por un esfuerzo sup
sol de Aethelgard, y les regalas nuestras entrañas de oro y diamante
los hemos estado saqueando b
a losa de plomo sobre la sala. Safer intentó intervenir, pá
ica del reino con acusaciones infundadas!
nco, inclinándose sobre la mesa con los ojos fijos en los
eguen a Safari un informe detallado de cada una de s
eva un dedo para obstruir esta auditoría será tratado como cómplice de tra
a y el paso militar firme, Dianco dio media
a quedó impregnado por el sudor frío y el terror sordo de unos burócratas que por fin comprendieron que el hered
rivado, el silencio lo reci
r pesadamente en el sillón de cuero, cerrando los ojos
inticinco, su humanidad exigía un autocontrol tit
atirle con furia en las sienes mientras el eco de las cifras cínicas de
a, abriendo los ojos para clavar su mirada de hielo a travé
ga que demoler este maldito reino desde sus cim
l gran sofá ubicado frente al escritorio de Dianco, mientr
Alfa -añadió el general con una voz gra
tras patrullas han dado frutos: t
ntera sin ninguna autorización oficial, mo
s, Otelo -respondió Dianco con aprobació
sonal del castillo -prosiguió el general
ncias en sus relatos, pero considero que los demás deben
Dianco sin du
personalmente de que reciban una compensación j
las mazmorras bajo vigilancia máxima y presionen; ne
y punzante en la base de su cráneo interrumpió sus pensami
un enlace, una presión insistente que buscaba una entrada d
rtante, levantando mentalmente su
encia que rayaba en la súplica, y él vo
zo, rompiendo la poca paciencia que le quedaba, Dianco, ofuscado y envuel
que me de
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