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a longevidad y el poder. Era un territorio de relieves dramáticos, donde las montañas de cumbres perpetuamente nevadas vigilaban las ciudades de mármol como centinelas
, el aroma del poder establecido que sol
no florecía. De esa unión de linajes puros nacieron los pilares del fu
ldeado sin piedad para ser un depredador implacable en el campo de batalla, un estratega capaz de ver tres movimientos por delante de sus enemigos y un líder de sabiduría precoz. En Aethelgard todos esperaban el despertar de su lobo interno, una bestia que la línea
u amor ciego por Aurora. Durante casi una década, su tiempo y su alma habían sido de total entrega hacia ella. Para protegerla de las víboras de la corte, le construyó un
ecreto ancestral, un silencio absoluto y casi tangible se derramó sobre Aethelgard. Las avenidas quedaron desiertas, los carrua
se escabulló. Su corazón, usualmente una máquina de precisión militar, latía con una calidez inusual. Quería sorprender a Aurora, la mujer
ojos. Dianco avanzó por el pasillo sin hacer el menor ruido, guiado por una extraña tensión que flotaba en
le desgarró el pecho, cómo se besaban apasionadamente mientras las manos del intruso tocaban los pechos de la mujer que él había venerado durante casi una década. Su mente táctica, fría incluso en
a un lobo dentro de él que guiara su furia. En su lugar, ocurrió algo mucho más aterrador: su mente y su carácter se transformaron en un bloque de hielo sólido que se expa
ido en una máscara de frialdad inhumana, abandonó la propiedad. Sus pasos resonaron con un eco metálico
. A lo lejos, el tañido de las campanas del palacio comenzó a llamar al banquete real, un sonido que ahora llegaba a sus oídos carente de cualquier significado. En esede linaje real, un poder de sangre que poseía aun antes de su transformación física. Cerró los ojos,
Ven a la p
mantel de un rojo profético. La urgencia gélida que emanaba de la mente de Dianco era tan abrumadora que Carlos salió de s
s con el aliento entrecortado-. Te ves...
azul glaciar estaban fijos, va
onado -soltó con una voz
traición al heredero de la coro
me detalles
u muro. Lo miró fijamente, sente
decir absolu
la máscara perfecta e inexpresiva del príncipe heredero. Entró en el gran salón justo cuando
rvó el Rey Filippo con su
frente a su hermana Lira-. Me distraje en la biblioteca real
l tormento silencioso del príncipe. Fue entonces cuando Dino, e
en orden. He venido a pr
o la reina con una sonrisa-. Quédate pa
Dianco, hiperalerta tras el golpe de la tarde, notó un sutil parpadeo de nerviosismo en la mirada del general y una rigidez antinat
se despidió. Nadie en la mesa sospech
que un agotamiento de g
reclama -murmuró Filippo, extrañado al sentir c
r la máscara. El alcohol empezaba a nublarle los s
é también. Q
s, las luces del sector alto parpadeaban, recordándole el lugar exacto donde su alma humana había sido ejecutada. Un gemido sordo escapó de su gargant
traición, Dianco se quedó profundamente dormido. Fue un sueño pesado,
do el reino y preparando el escenario para el nuevo, implacable y calculador gobernante, cuyo prime
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