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Rechazada por el Alfa, reclamada por el Licántropo

Capítulo 4 

Palabras:747    |    Actualizado en: Hoy, a las 14:47

e vista

a olía a café rancio, a pergamino viejo y

Manada lo habían mantenido despierto toda la noche, interrogándolo sobre su flagrante falta de respeto hacia mí y s

Luna sumisa y obediente. Puse una taza de café negr

su Lobo Interior, *Titan*, dejaba escapa

í con suavidad, manteniendo la voz baja. "Los contadores de la Manada neces

aleza de la última página. Solo la línea de la firma del acuerdo de Rechazo era visible. Mi corazón martilleaba contr

s. Ni siquiera miró el texto. Solo quería que el

límetro del papel. *Solo hazlo*, l

eatral y espeluznante res

gimió la v

tores de Alfa se apoderaron de su cerebro. Su mano dio un tirón, la pluma trazó una larga r

echo. El vínculo de pareja se rompía. Jace jadeó, agarrándose el pecho por una fracción d

portó quién o qué estuviera en su camino. Me e

a la esquina afilada de la pesada estantería de roble. Un destello

a de cuero para quitarla del camino y desapareció por la

ravés del dolor punzante en mi cadera. Entonces, un

lí estaba. Su firma legal y vinculante, rompiendo nue

ticas consecuencias. Cie

uerta me aplastó

nada! ¡Ahora!", rugió Jace, con la voz t

una foto nítida del acuerdo de Re

ntalla se iluminó con su res

tó de mi alma. Ya no estaba atada a

Jace se iluminó sobre el escritorio. Era un mensaje de te

ser mi verd

ovilizar a toda su casa por el dedo pellizcado de su amante, completament

rré en la hab

ciclaje. Alisándome la falda, ignoré el dolor sordo en mi cadera y salí del estudio. E

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Rechazada por el Alfa, reclamada por el Licántropo
Rechazada por el Alfa, reclamada por el Licántropo
“Soy la Luna de la manada, pero al haber nacido sin loba, mi esposo, el Alfa Jace, me ignora como si fuera un parásito inútil. En cambio, trajo a la viuda de su hermano, Ciera, a vivir con nosotros, dándole todo su afecto y acomodándola directamente en el ala sagrada de la Luna. Permitió que el hijo de ella destruyera la única foto que me quedaba de mis padres y me exigió que me disculpara por asustar al niño. Cuando mi despiadada abuela nos convocó bajo amenaza de muerte, Jace eligió quedarse en casa consolando a Ciera por un berrinche inventado. Al presentarme sola en el Cónclave, mi abuela me condenó a la tortura. Me obligaron a arrodillarme sobre piedra incrustada con plata pura, quemando mi carne viva en medio de una ventisca brutal para pagar por la ausencia de mi Alfa. Mientras el dolor destrozaba mis huesos y la nieve helaba mi sangre, la humillación se convirtió en una claridad absoluta. Soporté tres años de este matrimonio político en silencio. Jace sabía exactamente el infierno que mi familia me haría pasar, y aun así me dejó morir sola para complacer a su amante. Pero justo cuando estaba a punto de rendirme ante la oscuridad, las impenetrables puertas de hierro de la fortaleza estallaron en mil pedazos. Mi primo, el temido Lycan Baron, bajó de su auto en medio de la tormenta, destrozó a los guardias y me envolvió en su abrigo abrasador antes de dar una orden letal: "Vendan en corto todo lo relacionado con los Silvermoon. Quiero a Jace rogando en los escalones de su propia manada al amanecer".”